CRITICA. No tenemos que sacrificarnos por los que vendrán

Por Fabián Escalona
@fabianescalona

El reciente estreno del Colectivo Zoológico No tenemos que sacrificarnos por los que vendrán, pone por primera vez en teatro a los cuatro miembros de la Junta Militar chilena, y lo hace como una sátira muy negra y divertida que trae de vuelta una discusión que parece tener más vigencia que nunca: la reforma laboral que hoy se discute en el congreso, se está dando en los términos que impuso la dictadura militar. La obra retoma fragmentos textuales de la discusión para la elaboración del Plan Laboral desarrollado por la dictadura (registrada en el Acta N° 372-A, recientemente desclasificada por la Biblioteca del Congreso Nacional). Fueron cinco sesiones a mediados de 1979 en las que participaron los cuatro generales (no tenemos4 smallPinochet, Merino, Matthei y Mendoza), el entonces Ministro del Trabajo José Piñera (el mismo que ideó el sistema de AFP), y más de una veintena de colaboradores civiles y militares, cuyas voces son encarnadas parcialmente en la obra por el personaje de la secretaria (Viviana Nass).

El documento, que explicita el sustrato ideológico del sistema laboral que hoy nos rige, es el punto de partida para proponer una discusión contemporánea acerca del legado aún vigente de la Dictadura Chilena. En él están registrados desde la consciente desarticulación política de las organizaciones de los trabajadores, la imposición sistemática del modelo neoliberal reduciendo el rol del Estado en pos de las leyes del mercado, hasta la configuración de un enemigo omnipresente en la discusión: el comunismo, que en boca de Piñera y los militares es todo lo que esté fuera del modelo a imponer.

Cada vez que una nueva obra de teatro retoma la dictadura cívico-militar chilena aparece la pregunta de qué hay de nuevo que decir de un tema aparentemente agotado, o por qué el teatro chileno vuelve una y otra vez sobre los mismos tópicos.

La propuesta del Colectivo Zoológico parece borrar de un plumazo todas esas preguntas al plantarse como una obra profundamente arriesgada y original. No se trata sólo del hecho que pone en escena de manera excepcional por primera vez en años a Augusto Pinochet, el único actor que estaba faltando en esta discusión (Allende llegó a las tablas en varias versiones en 2013 y actualmente hay dos Lucía Hiriart en teatro).

La compañía asumió el desafío de tomar un documento que a pesar de estar escrito en diálogo es absolutamente no teatral (un acta de más de 300 páginas); y convertirlo en un espectáculo reflexivo y sarcástico. En esta labor hay al menos dos factores que juegan a favor de la propuesta: por un lado, el carácter caricaturesco que han alcanzado los personajes históricos per se (baste con recordar los famosos martes de Merino) y el impecable trabajo de síntesis que realizó la compañía.

La síntesis opera en diversos planos. El primero es el desafío dramatúrgico de identificar no tenemos7 smallfragmentos claves de la discusión que logran dar una imagen acabada pero no totalizante de la discusión en esos cinco días. Así la obra explícita elementos fundamentales de la estructura ideológica del Plan Laboral sin pretender ser pedagógica. Otro tipo de síntesis que propone la obra son los momentos en que rompiendo con el estricto apego al tiempo histórico tratado, la Compañía hace evidentes los lazos que unen aquella época con nuestros días, en tanto proyecto: tanta ruptura no ha de haber entre ayer y hoy, se puede pensar, si el yerno de Pinochet financió parte de la campaña de Bachelet con dineros de una empresa que era del Estado, y cuya privatización comenzó en cierta medida a fraguarse en aquellas reuniones. Así el rol de los sindicatos, el reemplazo de trabajadores en huelga y el rol del Estado que se discutieron el 79 son los mismos nudos que se discuten hoy en el proyecto de Reforma. Con pequeños gestos escénicos la obra alcanza una simple lucidez: una inocente confusión de nombres o la relectura de la Cantata de Santa María de Luis Advis, que en voz del Dictador y los otros generales parece venirnos a contar, aquello que la historia no quiere recordar: que la única revolución verdadera fue la neoliberal, que fue con armas, por la fuerza y con miles de muertos. Esa revolución que hicieron no los militares, sino un puñado de tecnócratas de la Universidad de Chicago y de la PUC, ha tenido a cambio de su falta de épica el beneficio de invisibilizar el profundo carácter ideológico que esta obra le restituye.

De paso, la obra retoma una reflexión que ya otras obras, como Guzmán 20 años, han puesto en escena: el rol fundamental de actores cívicos en la dictadura, pero sobre todo en la perpetuación de su legado hasta la actualidad mediante la constitución de 1980.

Quizá el aspecto mejor acabado de la obra es la reinterpretación que la compañía hace del género del teatro documental. Si en los 60’s el teatro documental buscaba exponer tesis políticas con la creación de obras basadas en documentos verídicos, el Colectivo Zoológico en consonancia con el teatro documental contemporáneo pone en tela de juicio la idea de verdad tras el documento. Lo satiriza, lo tensiona con otros referentes para cuestionar en este caso, lógicas dicotómica como dictadura/democracia o civiles/militares. Y eso resulta doloroso a la vez que humorístico. Eso es lo que finalmente parece emparentarlo con otras obras de jóvenes compañías chilenas que crecientemente se aproximan desde el humor a una historia hasta hace poco invariablemente solemne y seria.

FICHA ARTÍSTICA
Dirección: Nicolás Espinoza y Laurène Lemaitre
Dramaturgia: Juan Pablo Troncoso
Diseño Integral: Laurene Lemaitre
Asistente de vestuario: Valentina Iturrieta
Elenco: José Manuel Aguirre, Juan Pablo Troncoso, Germán Pinilla, Raúl Ampuero, Sebastián Pinto y Viviana Nass.
Productora: Paula Pavez
Jefe Técnico y Audiovisual: Pablo Mois
Prensa: Alejandra Ibarra

Los Datos
Centro Cultural Matucana 100
Del 17 julio al 09 de agosto. De jueves a sábado 20.30 h, domingo 20.00 hrs. Entrada general: $5.000, est. y tercera edad $3.000, jueves populares $2.000.

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