CREACIONES. Mapuche Urbano

por Antonio Esteban Salas

La cultura mapuche, el Newén, el rito, lo espiritual,  el Pillán, su lengua, la unión con la naturaleza, el Mapudungun, la fuerza, el Wenu Mapu, han sobrevivido al ya desaparecido Inca, que llevó su camino hasta el límite araucano, y al español, que llego con su cruz, codicia y lengua. Y al chileno también ha resistido, el hibrido europeo que nació en su tierra, que creció en medio de una cultura que alejó, a la “elite” que le robó su tierra e impuso su visión. Así, ha resistido hasta hoy, donde  tomando nuevos bríos, adaptándose y recuperándose, conquista formas nuevas y espacios, sin perder su espíritu

¿Se puede decir que el mapuche no es chileno, y que el chileno no es mapuche? Se pueden contestar afirmativamente ambas preguntas, aunque también podríamos buscar la fisura, más allá del documento legal, que dice otra cosa. Y son, precisamente, en las partes sin llenar donde ambas culturas se han introducido, en sus fortalezas  y debilidades. Una fortaleza impositiva chilena, legal, institucional y violenta, la otra por su inalterable esencia, por su origen incuestionable y perteneciente. Ha resistido al capitalismo nacional chileno, al vilipendio, al ninguneo y el prejuicio para ir tomando el lugar que le corresponde en este ahora. El mapuche es parte del pueblo chileno en lo legal y el chileno lleva parte de la sangre mapuche, y ambas no se podrán eludir jamás. Y es más posible que llegue una nave espacial a ayudar al mapuche a liberar su tierra, que usted se quede sin sangre y viva.  La figura idílica del guerrero mapuche, Lautaro, por su propia fuerza se  ha mantenido incólume, y ha sido la inmortal punta de lanza de la memoria y el reconocimiento, la identidad propia, la sangre y valentía del campeón. La punta de lanza ante el olvido y el prejuicio nacional chileno, aspiracional al objeto, mediáticamente estable y parafernálico, que busca llenar el vacío de su identidad en cada moda y nueva tendencia extranjera. Un pueblo también sobreviviente de catástrofes, encerrado entre países más grandes en territorio y población, de dictaduras y saqueos de su “elite”, y con un pueblo que también es rebelde y poético, como Violeta. Un pueblo que necesita recuperar su identidad, y que la llave central para nuestro reconocimiento, madurez, respeto y fuerza, está en nuestros pueblos originarios.

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Y aquí esta Kintu Rayen, entregando su canto, que no es más que su propio espíritu, su ser. Y el de sus ancestros, el de su tierra, su espacio, el de sus coterráneos y amigos. Fue un feliz encuentro aquel día en que la oí cantar, aunque no me atreví a acercarme a ella aquel día, pues representa un poder muy escaso de ver: el poder que da ser uno mismo. Terminé conociéndola y compartiendo cada vez más con ella. Es una cantante mapuche que ha hecho sus propios temas, que aprendió el conocimiento de una Machi y que siempre buscó insertarse con una nueva visión, la propia, tanto en la cultura de los viejos y reticentes mapuches como en la cultura urbana chilena, pues no puede hacer más que lo que ella es. Fue desestimada por ambas partes, pero ella siguió incólume, con sobresaltos, penas, alegrías, pero siguió siendo ella, haciendo lo que sentía. Y de a poco encontró amigos, ayudantes en ambos lados, hasta que  realizó este disco, fruto de toda esa historia real, y lo llamó, por supuesto, “Mapuche Urbano”.

-¿Kena, por qué cantar, por qué la música?

-La música me eligió. Es una herramienta para llegar a cualquier persona, y decir mi sentir. Es una necesidad de canalizar los mensajes del universo, que pasan por mi voz a quienes están dispuestos a escuchar.

– ¿Y qué temas componen tu disco, de qué hablan?

-Temas mapuches y en castellano. Los mapuches son movidos por el cariño a la cultura originaria. Es una investigación sensible, con letras sencillas que demuestran el sentir de otros, que representan la lucha, el por qué hay que luchar. Le traen a los nuevos ese sentimiento, canalizado  por el canto. Y esa, es una expresión  de mi ser.

unnamed-¿Y qué ha sido el canto para ti?

-Mi canto ha sido el bastón, la fuerza que vacío espontáneamente y nace con pureza, como expresión de amor. A veces no son alegres, pero siempre son expresiones de fuerza y amor. El arte en sí es una herramienta para parar este sistema capitalista interno. Canto porque hay cosas que tienen que decirse.

-¿Crees tú que ha habido avances en ese sentido?

-Sí ha habido avances, el hecho que me escuchen cantar ya va llegando a las conciencias de la gente. La lucha se valida. Pero no todas las personas quieren oir que tienen cultura indígena, siendo un país que nace en esa cultura. Ahí nació, en medio de nuestra cultura. Es un país que niega su cultura, pero hay que ser empático, para vencer el miedo. Ha llegado con suma violencia, el pueblo sufre, hay ignorancia, y se trabaja para combatir eso. Hay que ser empático, se planta la semilla para abrir puertas, y así se puede reconocer. Eso te pasó a ti, y fue bueno. La persona decidirá, propongo una alternativa.

-¿Quieres decir algo más?

– Le diría a la gente que se pregunte por donde viene, a veces hay respuestas mágicas. Nosotros estamos siempre ocupados, no pensamos en el universo, pero nosotros somos reflejo del universo, y cada cosa en nosotros se refleja: volvamos a ser, toda nueva conciencia es un grano de arena para tratarnos de igual a igual, y así las personas vuelvan a la tierra.

Kena Miranda, Kintu Rayén, nos entrega su disco Mapuche Urbano, donde finaliza un ciclo para comenzar uno nuevo.

 

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