CRÍTICA. Los Justos

Obra: Los justos
Género: Drama histórico combustivo

Por Jaques de la Brioche
@GacetaBlackout

“And the mercy seat is waiting
And I think my head is burning
And in a way I’m yearning
To be done with all this measuring of truth”
Boris Savinkov

Una de las obras que me quedaron pendientes de la temporada 2014 fue Los Justos, montada por Teatro Sur. El calendario siempre es ajustado y cuando se presentó en agosto del año pasado tuve que decidir entre esta obra o Un enemigo del pueblo, presentada por Colectivo Zoológico, montaje con el que comparte más de un punto en común: Un texto clásico que se mantiene vigente, una visualidad declaradamente contemporánea y una despedida con música punk. Entonces opté por Ibsen porque ya había visto una puesta en escena más tradicional de Los Justos en 2013, durante un viaje bonaerense atiborrado de idas al teatro y alfajores Havanna.

En Chile (por lo menos en Santiago), otros grupos jóvenes han presentado anteriormente adaptaciones “libres” o reescrituras de la obra de Albert Camus, ajustando el contexto argumental según la tendencia temática del año. Esto conlleva altos riesgos, pues no es para nada fácil: los personajes constantemente vacilan entre sus intenciones ideológicas y sus inquietudes internas, por lo que cualquier cambio de palabra altera profundamente su pensamiento. En ese sentido, es un gran acierto de esta versión que el texto no haya sido modificado en su esencia, aparte de una edición necesaria de extensión.

La actuación se ciñe realistamente a las interacciones cotidianas de una organización revolucionaria; en particular en la disputa temperamental entre el sanguíneo Yanek (Nicolás Pavez) y el colérico Stepan (Guilherme Sepúlveda), equilibrados por los demás integrantes de la banda: el flemático líder Boria (Claudio Riveros), la melancólica Dora (Claudia Cabezas) y el ansioso Alexis (Tamara Ferreira). Como grupo anhelan conseguir la justicia para todos, pero eso no implica que estén de acuerdo en el modo de conseguirlo, en especial cuando sus planes pueden involucrar la vida de personas ajenas, contraponiéndose a sus objetivos sociales.

La transgresión en este montaje proviene por parte de la puesta en escena: El diseño al inicio puede resultar inconexo, con un vestuario y utilería conformado por elementos de épocas disímiles, pero que empieza a tomar sentido cuando las dudas que plantea Camus siguen resonando relevantes: Un hecho de 1905, convertido en drama en 1949, retumba para una sociedad insatisfecha en 2015 (Sobre todo hoy, después de los casos Penta y SQM). Así el diseño se manifiesta como una compresión espacio-temporal, ejemplificando que la necesidad de protesta es un fenómeno que surgirá en cualquier era, independiente de las condiciones históricas.

El encarcelamiento de Yanek, después del ataque al gran Duque de Moscú, es la mejor escena en la presentación. Aquí un aire ominoso triza el ambiente: Un solitario haz de luz frontal encierra a Yanek, mientras el agente policial Skouratov lo atormenta intangiblemente mediante una voz microfoneada. La visita de la gran Duquesa (Trinidad González) entra con una sonoridad litúrgica y el tono espiritual impregna el enfrentamiento valórico entre ambos. El dilema moral sobre lo que estamos dispuestos a sacrificar en pos de la justicia, nos advierte que la luz de nuestras acciones afectará el tamaño de nuestras sombras.

Evaluación:

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Funciones: Jueves a sábado, 20:30 horas. Domingo, 20:00 horas. Del 12 al 29 de Marzo, Teatro Sidarte (Ernesto Pinto Lagarrigue 131, Recoleta. Barrio Bellavista. Metro Baquedano).


Ficha artística:
Dirección: Ernesto Orellana
Dramaturgia: Albert Camus
Elenco: Nicolás Pavez, Claudia Cabezas, Guilherme Sepúlveda, Tamara Ferreira, Claudio Riveros, Trinidad González.
Diseño integral: Jorge Zambrano.
Música: Marcello Martínez
Peinados: Giovandy
Teaser: Andrés Urrutia
Producción: Angele Gay

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