CRÍTICA. En tercera persona

por Piero Saavedra

third_person2

Sentado en su escritorio frente al computador, Michael (Liam Neeson), un galardonado novelista neoyorquino, siente la resonancia de una voz que dice “mírame”. No se sabe, en principio, si proviene de su interior o del exterior, pero luego la expresión de su rostro indica que ella es parte de un recuerdo doloroso. La sugerente primera escena de En tercera persona volverá a aparecer más tarde en el metraje, aunque cargada de una significación diametralmente distinta.

Es el mundo del cineasta y guionista canadiense Paul Haggis, antiguo socio de Clint Eastwood, que indaga en la filiación y la paternidad, en los equívocos y sus consecuencias, como lo demostró con lucidez en Crash, La conspiración y Sólo tres días. Ahora, en rigor, retoma los principios narrativos de la primera, pese a que el modelo de fragmentación, simultaneidad y globalismo parece sufrir un cierto agotamiento.

El relato parte en París, cuando Michael, lejos de su hijo y su ex esposa, intenta inspirarse en un nuevo best seller, acompañado de su joven amante, la inestable Anna (Olivia Wilde). Mientras tanto, en Roma, el falsificador de vestuario fino Scott (Adrien Brody), también separado y padre de una niña, se enreda con una refugiada rumana (Morian Atias), que quiere salvar a su hija de las garras de un extorsionador. Y, finalmente, en Nueva York, la mucama Julia (Mila Kunis) lleva una relación mercurial con su ex novio Rick (James Franco), debido a la pugna por la custodia de su hijo pequeño.

Todos los anteriores, incluyendo a algunos secundarios, son personajes que han malentendido y fallado, con efectos amargos que la película, de a poco, va dilucidando. Y eso es lo mejor de En tercera persona: su controlado retrato de la disociación familiar, la percepción creciente de que la modernidad ha agudizado el distanciamiento de padres e hijos, y de maridos y esposas.

Varios aspectos, además, llaman la atención de esta propuesta.

Lo primero es una narración que excluye o trata con distancia a los niños (un reflejo de la actitud de los padres), obligando a concentrar el juicio en la miseria adulta; lo segundo refiere al origen del error, que Haggis atribuye a la conectividad tecnológica, y no a la faena policial-estatal que protagonizaba sus anteriores filmes; y lo último corresponde a un matiz siniestro y perturbador: el nexo incestuoso entre Anna y su padre, que sugiere que algunos lazos, en lugar de quebrarse, se han afianzado en función de transacciones perversas.

Aun cuando pueda caer en la tentación metafórica y sociológica (la asociación agua-higiene-culpa, la condición desvalida de la mujer), o en la filigrana propia del montaje, En tercera persona es una película muy bien armada y filmada, pero su virtud máxima radica en la coherencia visual con una mirada sombría de los vínculos afectivos en el marco de la globalización. Suscrita esta mirada que incluye dilemas de multiculturalismo, marginación e inmigración, Haggis establece un diálogo con otro gran cineasta contemporáneo: Alejandro González Iñárritu.

Al igual que el mexicano, Haggis estudia la desgracia individual y social, que siempre procura balancear con retazos de esperanza y nobleza, huyendo tanto de la sensiblería como del cinismo. Todas sus películas son poderosas, atrevidas, moralmente densas, y aunque En tercera persona no esté al nivel de La conspiración, muchos de sus pasajes confirman que tras la cámara hay un director notable.

 

THIRD PERSON

Dirección: Paul Haggis Con: Liam Neeson, Adrien Brody, Mila Kunis, James Franco, Olivia Wilde, Maria Bello. 137 minutos.

Deja un comentario

Buscador
Síguenos