CRÍTICA. La bella durmiente

por Piero Saavedra

labelladurmienteCuando pareciera que tiene muy poco que decir, el septuagenario director Marco Bellocchio se reinventa otra vez, continuando con una tarea de revisionismo crítico de las utopías del siglo XX (que también fueron las suyas), sean el materialismo dialéctico o la dialéctica materialista, el marxismo o el neomarxismo. Definitivamente no hay desplome ideológico ni posmodernidad cultural que tumbe el proyecto de este italiano inagotable; siempre encontrará la manera de agudizar las contradicciones.

La bella durmiente es perfectamente fiel a ese propósito. Lo curioso es que ahora Bellocchio usa su clásico estilo melodramático para explorar en los temas de la posmodernidad: la exclusión, el descontrol institucional, la dispersión de la familia, las interacciones virtuales, la mediatización de la realidad. Además adopta una narración coral, que alterna tramas en torno a una circunstancia real: la última semana de vida de Eluana Englaro, una muchacha que permaneció 17 años en coma tras un accidente automovilístico. La película parte cuando Eluana es trasladada a una clínica de Udine, en febrero de 2009, un año después que su padre ha logrado legalizar un deceso asistido. Pero Berlusconi, empujado por los sectores conservadores y el Vaticano, presenta un decreto para impedírselo y obligarlo a continuar con el tratamiento.

El lugar dominante de la ficción lo ocupa el oficialista Uliano Beffardi (Tony Servillo), senador ateo y viudo, que quiere impugnar el proyecto y, si fuese necesario, renunciar a su partido. Beffardi sufrió la agonía de una esposa con cáncer terminal, y por ello la encrucijada lo enfrenta a su hija María (Alba Rohrwacher), que es cristiana y concurre a velatorios por la salud de Eluana. La segunda historia es protagonizada por la Divina Madre (Isabelle Huppert), una actriz católica cuya fe se debilita ante una hija que resiste al estado vegetativo con una belleza celestial, mientras su hijo Federico (Brenno Placido), también actor, quiere que su hermana muera para recuperar la atención de su madre. Por último, la trama más periférica, pero no menos profunda, es la de Rossa (Maya Sansa), una drogadicta que duerme en iglesias, mendiga en hospitales, y a menudo amenaza con el suicidio.

Todo ocurre cuando la opinión pública se polariza por el caso de Eluana y el parlamento reacciona tras la negativa del presidente Napolitano a firmar la propuesta de Berlusconi. En el exterior del hospital, los activistas manifiestan su respaldo o rechazo al decreto, y entre ellos destaca Pipino (Fabrizio Falco), una representación psicótica de “los indignados”, que no para de fastidiar a su hermano Roberto (Michele Riondino).

De esta manera, La bella… plantea en sus protagonistas un dilema de conciencia frente a la experiencia tangible y simbólica de la muerte. Por ello el espectador, si quiere juzgarlos, debe atender más a lo que hacen que a lo que dicen, más a la conducta que a la creencia.

Ciertamente el cine del Bellocchio ha ido superando su orfandad política mediante el arraigo a principios valóricos. Y no por eso pierde matices. Puede tratar con aspereza al Vaticano y a los curas sin ser enteramente anticristiano, o castigar a los partidos políticos dejando algún espacio al coraje personal. Sus personajes actuales son escépticos, autoflagelantes, aunque filtrean con causas puntuales y combinan la pesadumbre con el humor negro. En ese estudio de caracteres, Bellocchio prolonga aquí las ideas centrales de La hora de la religión y El director de matrimonios.

La bella durmiente es una cinta sombría, laberíntica, de interiores clausurados y claroscuros consonantes con la “Italia cínica y deprimida” del moralista Beffardi. Propone tantos momentos de ironía fina -la foto en penumbra de los congresales- como de crueldad dura -las apuestas de los médicos-, tantos personajes interesantes como insufribles. Bellocchio no consigue nivelar del todo la densidad dramática de las historias paralelas, pero hay que apreciar su destreza para abordar un conflicto moral complejísimo desde la perspectiva individual y social, ofreciendo de paso imágenes memorables.

BELLA ADDORMENTATA

Dirección: Marco Bellocchio Con: Tony Servillo, Isabelle Huppert, Maya Sansa, Alba Rohrwacher, Fabrizio Falco, Michele Riondino. 115 minutos.

Deja un comentario

Buscador
Síguenos