CRÍTICA. Nelly Richard, una tránsfuga de la academia

Nelly Richard, una tránsfuga de la academia

 

El siguiente texto más que una reseña, se instala como un pensamiento o reflexión colectiva con respecto a las políticas escriturales de un autor. De esta manera, se presenta una escritura subjetiva que explora en las implicancias activistas que tiene la teoría feminista local en la voz y figura de una importante intelectual.

El siguiente texto fue leído el día viernes 4 de Julio 2014 en el panel “Escribir en difícil, las escrituras del feminismo” que contó con la participación de Nelly Richard y Valeria Flores en el marco del IV Circuito de Disidencia Sexual: Tráficos feministas organizado por el Colectivo Universitario de Disidencia Sexual (CUDS).

por Jorge Díaz

Biólogo feminista.

 Paz Errázuriz

Habitamos una lengua extraña. Algo así como una quimera de lenguajes localizados. Un habla en sintonía con la escritura como posibilidad política. Recuerdo que alguna vez le preguntamos a Nelly Richard cuál sería una imagen en la que podría hacer propio su reflejo. Una pregunta imposible, insoportable. Tránsfuga de la academia recuerdo como respuesta.

Recuerdo como hago ficciones. La ficción como signo vital.

Tránsfuga en cuanto inabarcable o incontrolable en los territorios del saber y de la escritura. Escribir en oposición a las estructuras de la tradición disciplinaria. Entonces pienso cuándo es el momento que una escritura, un modo, una poética devuelve la insistencia en el contexto o en el tiempo político como compromiso. Cuándo una escritura explora el tiempo sin fijarlo, desestabilizando su eje masculino y racional. Cuándo esa escritura genera imaginarios políticos o feministas donde existir. Cuándo esa escritura nos entrega poéticas para devorar y así darnos un cuerpo. Presentar a Nelly Richard es hablar de la densidad crítica como arma, de la escritura como eje articulador, de la trinchera de la desconfianza al orden establecido como política anarcobarroca. Podríamos presentar cada texto de Nelly Richard como el signo de un tiempo cultural y sexual. El tiempo no como el paisaje o decorado sino como un importante actor de la escena.

En un mundo donde lo transparente parece ser norma, Nelly Richard se esfuerza por seguir sosteniendo insistentemente la opacidad como política escritural. “Exigimos para todos el derecho a la opacidad” dice el teórico y activista antillano Édouard Glissant en su poética de la relación.

Desconfiar del registro hiperclaro, donde no hay matices. Hacer de esos matices la historia o instalar las huellas como oposición a una totalidad que no quiere verse despedazada. Insistir en “escribir en difícil”. Nelly Richard lo expone así en su último libro Crítica y política: “Además, ese reclamo facilista en contra del obliga a todos los textos a converger en lo “masivo” como si este fuera el único horizonte de comunicación deseable: un horizonte que se basa en la medianía del sentido hablada por un idioma promedio que, en nombre de lo general y lo común, castiga cualquier excepción o desvío de la lengua que no consienta el estándar de lo mayoritario. La crítica (incluso la crítica social o política) no debería rehusarse nunca a problematizar el nexo entre montajes discursivos, figuras del lenguaje y configuraciones de mundos ya que de ello depende la capacidad de innovación del pensar disconforme.” [1]

Hay siempre para nosotros como activistas de la disidencia sexual un compromiso con aquellas escrituras donde es el conflicto del sexo y su irradiación cultural el eje político de su posición.

Femenino/masculino (1993), residuos y metáforas (1998), Cuerpo correccional (1980): algunos de los libros donde son los travestis como figuración, la imagen que ofreció una posibilidad de rebeldía contracultural a la hegemonía patriarcal de la dictadura y transición democrática. Son estos los escenarios políticos más brillantemente escritos y descritos por Nelly Richard a lo largo de su prolífica trayectoria cultural.

Siempre me han llamado profundamente la atención las escrituras que gustan de estas figuras profundas y excéntrica de los travestis. Algo de la exageración sexual del  barroco latinoamericano se expone siempre en estas escrituras disidentes, algo de exagerado hay siempre en ellas. En ellas y sus textos. Soy muy cercano a esas mujeres y esas estéticas. Me hacen escribir exageradamente.

Nuestra lengua es una mezcla entre español y español richardiano. Quizás por eso mismo habitamos una lengua extraña.


[1] Crítica y política. Editorial Palinodia. Santiago, año 2013. Página 25.

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