CRÍTICA. Soy mucho mejor que voh

por Piero Saavedra

Soy-mucho-mejor-que-vohEn el inicio de Soy mucho mejor que vos dos mujeres discuten sobre sexualidad y hombres en un bar del barrio Bellavista. De manera casi imperceptible, la conversación trivial y relajada entre amigas va dilucidando un explosivo sentimiento de fondo. Es un preludio coherente con lo que vendrá: la tragedia privada y llena de rencor de Cristóbal Forlich, alias “El Naza”, centro de esta historia que transcurre en unas pocas horas, entre la madrugada y la mañana de un día.

A partir de un spin off de su primera cinta Te creís la más linda…, que terminaba con su personaje principal, el veinteañero Javier, recibiendo un combo de Forlich a cambio de dinero, el director Che Sandoval construyó su segundo largo Soy mucho mejor que voh, que comparte principios operativos con su debut. Ambas películas dialogan en todo momento, y tienen como punto de referencia esa secuencia que se iniciaba cuando Cristóbal, antes de plantarle el puñete, desahogaba sus penas con Javier en una alcoholizada plática. Los dos hacían catarsis mediante una oralidad contradictoria y tautológica, como alguna vez definiera Raúl Ruiz la singularidad del habla nacional.

Pero ahora la cámara sigue a Cristóbal, que proviene de una familia tradicional y posee una mediana empresa. Su mujer lo ha dejado para irse a estudiar con una beca a España y sus dos hijos quieren emigrar con ella. El resentimiento provoca que busque sexo en una trashumancia confusa, que escenifica el estado al que lo ha empujado su fracaso como esposo, padre y empresario. Es, en síntesis, el malestar que sucede al bienestar y frena las aspiraciones. ¿Acaso no son incertidumbres de futuro las que hoy enfrenta buena parte de la sociedad cuando se acerca -no sin un grado de descontento- a un ingreso per cápita de 20.000 dólares?

Cristóbal intensifica su crisis en cuanto más contrasta su situación con la de los demás. No se trata sólo de su esposa y su viaje. Es también la mujer que confunde con una prostituta y que prefiere irse con su pareja en auto; es la muchacha que hace cuerpos pintados, lo invita a su casa y luego lo deja para irse con otro (de nuevo) en auto; es el amigo que le presta plata y será padre; o es esa joven del metro, que lo arrastra hasta la puerta de su departamento y le ofrece lo que desea. En este último segmento, que parte a la película en dos, Cristóbal comprenderá que, en lugar de depredador, es un pequeño carroñero perdido en la jungla.

Como su antecesora, Soy mucho mejor que voh elude la tentación de la metáfora y la alegoría (incluso cuando Cristóbal mira el caudal del Mapocho y parece reflejarse en el desecho), pero tiene mayor resonancia social que la primera, en tanto describe un individualismo feroz que no se origina antes del desarrollo económico, sino después. Además, y pese a que no renuncia completamente al estilo mumblecore (actores no profesionales, bajo presupuesto, espontaneidad), Sandoval controla más a su personaje, lo lleva gradualmente del vicio a la lucidez y luego lo deja respirar. Es, sin duda, un progreso en el dominio de los recursos.

Si continúa estudiando a estos sujetos comunes, si insiste en esta línea creativa, Che Sandoval terminará por construir una anatomía verdaderamente contundente sobre la frustración nacional, personal y colectiva. Y nada menos que la frustración en los tiempos del éxito. El díptico agrio-cómico que componen Te creís la más linda… y Soy mucho mejor que voh es quizás sólo el anticipo de algo mayor.

SOY MUCHO MEJOR QUE VOH Dirección: Che Sandoval Con: Sebastián Brahm, Nicolás Alaluf, Antonella Costa, Paula Bravo. 83 minutos.

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