CRÍTICA. Morfogénesis, de Lía D’ Acosta

por Antonio Esteban Salas

liadacosta1

Es un bello día con un cálido sol en una plaza, donde se cerrará el día del Libro. Homero, quien no escribió sus obras, pues las historias fueron transcritas posteriormente, se reunía a contar los mitos de su pueblo junto a su gente, quienes se acopiaban para escucharlo en los momentos de ocio que tanto amaban los atenienses, en una plaza, el “Agora”. Era el sol naciente de la literatura. El ocaso de la literatura surgió con la masificación de los medios de comunicación: primero la radio, luego la televisión, el cine y posteriormente la internet. Hacer un artículo literario a través de este último medio solo es una tabla que queda flotando de este barco ebrio. Y es que la internet es el aleph de Borges, aquel punto donde existen todos los puntos, y por lo mismo, aquel cuento, para un nacido en este siglo, ya carece de fantasía. Lejísimos está la literatura de lo más buscado en internet. El cine es lo que finalmente reemplazó la literatura, al menos en cuanto consumo de ocio, tésis aparte que, fuera de la academia, no resiste objeciones. La literatura no está dentro del “entretenimiento” en la cultura actual, se lee literatura por obligación y se asocia con algo “cultural” en el sentido grupiento y/o elitista. La academia misma se ha encargado de ponerla ahí,  con su actitud de museo, vilipendiando los best-sellers, cuando en estricto rigor debiera estudiar Harry Potter y su implicancia cultural. En Chile, el libro más vendido es una biografía de un animador de televisión, el segundo también y el tercero de una psicóloga gurú autoayuda neoconservadora. La gente que lee literatura por puro gusto, sin si quiera haber pasado por el aula, es extremadamente poca, y sin duda, merecedora del adjetivo: “persona rara”.  Quizás lo único que persiste casi intacto desde el medioevo es la literatura épico fantástica, lo que es un cumplido a la vez que una afrenta.  ¿Por qué, entonces, alguien seguiría haciendo literatura, produciendo pura y llana literatura? Pregunta que nos responderá la escritora Lía D’ Acosta:

“Yo no he elegido a la literatura, ella me eligió. En realidad, en cuanto a la producción literaria, la necesidad de escribir ha sido muy fuerte para mí desde los 13 años más o menos. En lo que sí he tenido que decidir es respecto de la publicación de mis libros, y eso sí que ha sido una lucha muy grande, en cuanto a la opinión de la gente, lo económico, es decir, la constante pregunta si vale la pena o no. Sin embargo, cuando Mago me abrió las puertas de su editorial y se vislumbró la posibilidad de publicar, los cuestionamientos pasaron a ser secundarios. El tema de la post-producción me cuesta mucho eso sí. Si no fuera por el apoyo incondicional de mi pareja Rolando, y de mi familia, no podría haber hecho realidad la materialización de mis escritos. Trabajar como profesora también me ha dado claridad acerca del objetivo, escribir para mis alumnos, es una de mis motivaciones, entre muchas otras”

lia

La no elección, el hacer algo porque es lo que queremos, es lo que mantiene a la literatura viva y no encerrada y añeja, como tantas otras expresiones sin afán mercantil. De esta forma, hacer literatura fuera de los círculos literarios y del poder de turno se vuelve un acto revolucionario, donde hay que luchar contra el sistema cultural, que es el sistema en su totalidad, y estar atento a todos los misiles que se trazan cuando se sale de la trinchera. Lía D’ Acosta es una mujer muy consciente de esta lucha, y por experiencia se dio cuenta que solo uniéndose con otros podría sobrevivir.  Fue ganando espacios para compartirlos, y así otros artistas, con distintas expresiones, pudieran hacer aquello que querían. Así, La forjadora de espacios y tiempos -reales y de ficción- nos ha vuelto a regalar un día para la cultura con el lanzamiento de su última novela, “Morfogénesis”, que viene a cerrar la trilogía de su saga, junto a Fotosíntesis y Simbiosis. Fue un hermoso día soleado, que con su calidez demostró que para brillar como él sólo debemos unirnos, compartir, escuchar y amar nuestra identidad, la cultura mapuche.

liadacosta2

Al escuchar a Lía, a Kena (una cantante mapuche que conocí gracias a Lía) me di cuenta que en nuestro país no se difunde la cultura mapuche, nuestra propia cultura, que es parte de nuestra identidad. Se nos ha alejado de ella asociándola con prejuicios fáciles. Incluso los que defienden y luchan por la justicia Mapuche, puedo decir, no la conocen cabalmente. Ellos no difunden la cultura mapuche, difunden la lucha, muestran la injusticia, que está bien, pero no difunden el ser mapuche. Un sueco puede saber más de ella que el promedio en Chile. Es como si supiéramos que algo es nuestro, que es parte de nosotros pero no lo entendemos y lo distanciamos. Pero sabemos que está, pues, es obvio al mirarnos. Morfogénesis trata de rescatar eso, la magia que es tan real dentro de lo mapuche, tanto que a una persona desde fuera, un winka, aunque sea muy culta, la hace sentir ignorante.

¿Cómo llega a ser tan importante la cultura mapuche, para ti Lía?

“La cultura mapuche ha sido el sendero de mi vida. Muchas decisiones, las más importantes, tienen relación con mi búsqueda profunda de identidad, la cual he encontrado en lo mapuche. Decidí no irme de Chile para estar cerca de la cultura, hacer teatro en favor de la promulgación, no sólo de la cultura, sino de la verdad sobre el mapuche. Vivo con un mapuche, tengo un hijo mapuche… jajajaja. Y pretendo llegar a ser mapuche algún día. Creo que se necesitan más voces que hablen de la cultura, y del conflicto, de la situación de tantas y tantas comunidades. Si tú empiezas a investigar sobre cultura mapuche, te pasan dos cosas: al principio, sientes que es un universo completo que explorar, y segundo, comienzas a encontrar los patrones de tu identidad, de tus raíces, la esencia de tu verdadero ser. Pienso, honestamente, que si el “chileno” se reencontrara con sus raíces, las valorara, aprendiera del mapuche, este país sería un país mucho más sano. Simplemente planteo una inquietud en mis lectores, dándoles a conocer la punta del iceberg, prendiendo un llama, nada más, el viento que alce la llama, en realidad dependerá de ellos. No quiero aspirar a enseñar a la gente sobre la cultura mapuche, porque junto a tantos que conozco, sé casi nada. Sólo quiero que las personas, cuando lean mis novelas, se den cuenta de que ese mundo existe, y no sólo está afuera, sino que está entre nosotros, dentro de nosotros.

liadacosta

El lanzamiento de “Morfogénesis” como acto cultural independiente y auto-sustentado marca el carácter del Chile actual, donde las ideas o acciones que pueden surgir son las de mercado, o las que siguen la nueva mayoría del momento, que disfraza la libertad con el acceso al consumo gracias al dinero; una libertad que en realidad se convierte en esclavitud y discriminación. Esclavitud, neurosis y discriminación por ser lo que ganamos y no lo que queremos ser. Si pensamos en torno a la cultura en Chile no va a ser muy diferente: el exitismo de algún acto cultural marketeado maquilla miles de voces no escuchadas, y muchos “artistas” se vuelven clientes del Fondart y no están al servicio de su gente. Lía D’ Acosta es otro de tantos actores culturales  que hacen las cosas sólo por su amor a ellas y a un compromiso profundo con el mundo que le circunda.

¿Qué opinas tú de la actual condición de la cultura en Chile?

“Chile…. Chile Chile lindo…. Creo que el problema cultural de nuestro país no es, como pensé durante mucho tiempo, que copiábamos todo de afuera y lo copiábamos mal. Creo que eso era una excusa, o un subterfugio, para no decir que, en realidad, el arte y la cultura no nos interesa. Creo que el chileno fue mitigado y sucumbido en la ausencia de todo lo social, del discurso público, del arte callejero, durante la dictadura, y que se acostumbró a esto, y simplemente, ahora, pensar en luchar, esforzarse, cambiar las cosas, realmente no interesa. Pienso que el chileno es hipócrita respecto de esto, pues todo el tiempo lo vas a escuchar quejarse porque faltan instancias, no se hacen eventos, no hay artistas, pero cuando está frente a ellos, o junto a ellos la posibilidad de participar, o integrarse, no lo hacen, porque requiere un esfuerzo de parte de ellos. Eso por un lado, y por otro, hay muchos que van a encuentros, realizan exposiciones, etc. Pero, estamos, me incluyo, perdidos, respecto de cuáles son las acciones certeras que hay que realizar. En un mundo de mercado, en que te tienes que vender, es fácil perder el horizonte, o quedarte en el anonimato. Todos nos quejamos del impuesto al libro, pero, ¿qué es lo que tenemos que hacer para que eso cambie?… y en rigor, ¿es esta la solución?.. Muchos piensan que ‘el miedo’ a actuar quedó en el inconsciente colectivo de nuestro país, y por eso las personas no se reúnen ya en las plazas públicas a dialogar, a organizarse, pero yo no creo que sólo el miedo, creo que la pereza y la ignorancia tienen mucho más incidencia en la ausencia de participación de la gente. Combatir la ignorancia es una lucha tremendamente compleja, porque el ignorante es más feliz que el que sabe, entonces, ¿cómo haces las invitación?… aprende, conoce, infórmate, pero te advierto, te hará infeliz. El problema radica en que ese vacío que te deja la felicidad ficticia no se llena con nada, y por eso tenemos un país depresivo, estresado, enfermo. La cura está en el arte y la cultura, que debiera ser parte integral de la vida de todos los chilenos. Los que vamos contra la corriente somos los que en realidad gestionamos ese cambio. Somos pocos, pero la idea es contaminar a todos del deseo, del agrado, de la satisfacción del conocimiento, y los que trabajamos por autogestionar nuestros proyectos, sociales, artísticos, colaborar entre nosotros. Existen las personas con ese deseo, y esas ganas inagotables, como un grupo en Paine de ex-alumnos, que realizan talleres a niños de riesgo social, sin ningún interés económico y personal de por medio. A ellos, mi compañía de teatro y yo, los hemos apoyado lo que más hemos podido, y ellos a nosotros, y así se fortifican las redes culturales y sociales. Ellos, en sus canciones hip-hop, invitan a sus vecinos a apagar la tele, y eso me parece maravilloso. Ese tipo de jóvenes se deben multiplicar, y es labor de los escritores, de los profesores, de los cantantes, los músicos, incitar a esa proliferación. Tengo fe en tantas personas y al mismo tiempo, me decepcionan otras tantas…. Tenemos que parar de creer que nuestro destino lo deciden unos pocos. La decisión está en cada uno de nosotros. Chile es un país herido, con yagas profundas, y me da pena pensar lo mucho que nos ha costado suturar y cicatrizar. Yo me atrevo a decir, que no sólo sueño con un Chile mejor para mi hijo, sino que estoy trabajando para ello, día a día. Tengo fe en que mi hijo será un joven mapuche un día, que caminará con la frente en alto, defendiendo y expandiendo su cultura, y que junto a sus padres, será parte de un inmenso grupo de personas que seguiremos creando, presentando, educando, apelando, incentivando a los demás, a nuestro público, a nuestros lectores.”

unnamed (2)

Esta ha sido la presentación de Lía D’ Acosta, escritora y dramaturga que realiza la lucha, su amor y su dolor, a través del arte, y que nos ha invitado a conocer mágicamente a través de sus libros.

Deja un comentario

Buscador
Síguenos