CRÍTICA. Las vanguardias musicales

por  Paolo Tabilo Sagua

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Hace tiempo quería escribir algo sobre las vanguardias musicales. No lo hacía porque me animaban sentimientos encontrados, un sentimiento de confusión, una sensación de temor, no saber qué decir. Creo que a muchos músicos les pasa lo mismo, y por eso nunca escriben sobre la vanguardia, a pesar de que ella domina nuestra vida: la vanguardia ocupa un lugar central, digamos, omnipresente. Y esto es porque son un movimiento que viene de las universidades, es un movimiento académico. Nunca encontrarán un músico popular 100% vanguardista: tiene toques atonales, un giro cacofónico, pero nunca totalmente rupturista. El músico popular tiene que sobrevivir, tiene que agradar, y eso no lo sabe hacer la academia, que para eso tiene muy bien posicionado su cargo de maestro.

La vanguardia musical nació como una reacción a la retaguardia musical. Esto, hablando 100 años atrás, significaba que el conservadurismo musical enseñaba las normas de la música de una forma en que los tontos de ese tiempo no podían saltárselas. Siempre ha habido compositores capaces de asimilar las “normas” y romperlas, o traspasar sus barreras. Al parecer, supongo, había muchos músicos que no podían sino seguir las normas. Por eso inventaron otras que les gustaran más.

Desde entonces, esos músicos han sido incapaces de superar sus propias barreras. Si hace 100 años las normas eran fijas, y establecidas, hubo otros que inventaron la norma de que no debía haber ninguna: esta regla no han podido saltársela, porque desde que la inventaron, han encontrado que sirve para todo, pareciendo ser revolucionarios sin darse la molestia de rebelarse contra nada. Sólo tienen que ser conservadores disfrazados de rebeldes, así como abuelitos disfrazados de jóvenes, o maestros disfrazados de locos artistas rompedores. El académico actual enseña al alumno a romper esquemas. Antes el académico enseñaba a conservarlo. Eran apolíneos, así como los de ahora son dionisiacos. No importa: son académicos, y por tanto academicistas. El academicismo actual sigue existiendo, solo que ahora adora a Baco.

A lo mejor se me podría reprochar la descalificación que estoy haciendo de los pobres vanguardistas. Me ha pasado con amigos el explicar en qué consiste el atonalismo, Schönberg y todo eso -lo que no entiendo muy bien, tengo que decir- y siempre sucede que el conservador soy yo. El otro es el rebelde a quien yo reprimo. Pero el vanguardista actual es igual que el vanguardista de hace 100 años atrás: se quedó pegado en el tiempo de las alambradas, y las trincheras. Su ruptura suena a gas mostaza y a emperador Francisco José. Ha pasado mucho tiempo de ser rupturista y tal vez sea tiempo de pegar las partes con poxipol.

He elogiado a vanguardistas. La respuesta ha sido muy fría. De partida, ni soñar con que te elogien a ti. Pero pensar que un vanguardista o un músico académico puede agradecer, o se le puede iluminar la cara por un elogio o un “gracias, maestro” es pedir demasiado. Para ellos, es lógico que los alaben.  Pensar que un vanguardista va a valorar la música popular, es vivir en el mundo de Bilz y Pap.

Sí, todo esto suena injusto, pero es que, bueno, uno sabe lo que es el ojo que todo lo ve, controlador, del academicismo. Son quisquillosos. Recuerdo que en una ocasión, no hace mucho, le explique a un vanguardista, con todo respeto (y sincero, además), que no quería seguir intentando música atonal o contemporánea porque no era mi estilo. Se alejó, y cuando me lo volví a cruzar, me dedicó una mirada de completo odio. Los vanguardistas creen que uno usa sombrero de copa y vive en Austria-Hungría,  que uno  tiene una cátedra en un conservatorio reprimiendo vanguardistas.  Tampoco entienden lo que es un elogio, piensan que es para dorar la píldora.

Para ser honesto, pienso que no tengo nada contra la vanguardia. El problema es que la vanguardia, como sistema, pese a tener  individuos valiosos, interesantes y altruistas, tiene algo contra la música en sí y contra muchos de quienes la practicamos. La música atonal, rompedora, también tiene objeciones teóricas: yo tengo unas cuantas, desde por qué usan un piano para hacer las escalas, hasta por qué no sacaron de los manuales de armonía todo lo que les molestaba (que de hecho también me molesta a mí).  Pero no importa, al final ellos son más rupturistas que uno, que es lo que importa.

No debí haber hablado de la vanguardia. Me gusta hablar de música, aunque de eso no se puede. De cualquier forma, de la vanguardia hay que hablar, porque ella está. Domina. No es marginal, no ocupa ningún lugar en el borde del juego de ludo, está en el centro. Es el hoyo del queque. Pienso que uno tiene que comer un poco de pan de pascua, que tiene pintas por todos lados. De cualquier forma, academicismo siempre habrá. Si la vanguardia es reemplazada por, digamos, la retaguardia, o la centroguardia, seguirá siendo un movimiento academicista. O se volverá al poco tiempo. Al final, la libertad creativa es una cosa de la que uno debe ocuparse solo.

3 Responses to CRÍTICA. Las vanguardias musicales

  1. Christian dice:

    Muy buena columna. Me gustó mucho que contextualizaras con humor el origen histórico y geográfico de las vanguardias musicales: no ser vanguardista a principios de siglo XX no era “sólo” ser “ignorante” o “mal músico”, era ser fascista, era apoyar imperios retrógrados, era, en definitiva, oponerse al progreso de la humanidad. Y eso es importante de considerar sobre todo en nuestro contexto latinoamericano, ¿contra qué queremos rebelarnos ahora?, ¿podemos identificar en la música rasgos políticos tan claros como lo hicieron los vanguardistas del s. XX?.

    Me recordó además esta entrevista a la crítica mexicana Avelina Lesper http://www.revistaenie.clarin.com/arte/arte_contemporaneo-fraude-Avelina_Lesper_0_1079892483.html. Aunque habla desde las artes visuales, me parece que hay muchos puntos en común.

    Y, finalmente, me sorprendió el panorama que describes de la academia. Yo soy músico, aunque “popular” por decirlo de algún modo (autodidacta, formado en una tradición tonal, con formato canción, etc.) pero que he tenido acercamientos a la academia, y nunca he visto ni sentido ningún reproche o mala cara, hasta he hecho buenos amigos. Quizá he tenido suerte, quizá no me he acercado lo suficiente como para advertirlo, pero mi impresión siempre ha sido que, a diferencia de otras artes (pintura, escultura), la música se sigue pareciendo a lo que ha sido por siglos: sonidos ordenados que pasan a través del tiempo y que buscan la atención de un oyente. Y al final este último puede hacer congeniar en sus gustos perfectamente a los Beatles, a Ligeti y a Américo.

  2. paolo dice:

    Hola Christian, gracias por tu comentario y el link que compartes. He tratado de redactar una respuesta pero lo dejaré para un próximo artículo, saludos.

  3. paolo dice:

    Richard Wagner, que es uno de los precursores de la atonalidad y uno de los referentes del vanguardismo era de tendencias fascistas, pienso lo conservador o progresista en un sentido musical es distinto que en un sentido social, el vanguardismo musical no equivale precisamente al vanguardismo político, en la Unión Soviética se castigó y desaprobó el atonalismo por considerarlo “burgues”, se consideró la tonalidad como “más obrera” o más cercana a las personas. Por eso ojalá pueda escribir después un artículo que hable un poco de la teoría musical para explicar un poco en que consiste y en que se basa este verdadero cisma papal, jaja, saludos

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