CRÍTICA. Adoro la fama

por Piero Saavedra

bling ring
“Adoro la fama” parte
in media res, cuando cinco adolescentes de la clase alta de California, irrumpen en la residencia del actor Orlando Bloom. Es el comienzo del fin de una serie de robos perpetrados a celebridades de Hollywood entre 2008 y 2009, tras lo cual serían procesados por embolsarse hasta tres millones de dólares en especies. Los estudiantes de bachillerato Marc (Israel Broussard), Rebecca (Katie Chang), Nicki (Emma Watson), Chloe (Claire Julien) y Sam (Taissa Farmiga) averiguaban sus direcciones y agendas por Internet, y entraban en sus casas cuando no estaban.

La introducción es un anuncio de lo que seguirá. El montaje retrocede un año en busca de razones y motivaciones, mientras dos de los inculpados -Marc y Nicki- le hablan a Nancy Jo Sales (Kate, en la cinta), la periodista que entrevistó a los chicos e inquirió en su modus vivendi para un artículo publicado por la revista Vanity Fair en 2010. La investigación de Sales sirvió a la realizadora americana Sofía Coppola para darle cuerpo a su quinto largometraje, aunque también la historia sería abundantemente divulgada por la crónica roja.

Buena parte del relato -unos 50 minutos- gira en torno a esos delitos y posteriores excesos, que crecen en frecuencia y magnitud, revelando que la construcción de la identidad en base a referentes mediáticos puede ser una jugarreta infame. Paris Hilton, Audrina Patridge, Rachel Bilson y Lindsay Lohan se suceden como víctimas, y Coppola rodea de un ambiente alucinado -hiperactividad, música estridente, drogas duras, interacciones virtuales- las conciencias alucinadas del grupo. Sin embargo, nunca da paso a lo de fondo: su obra es de un sólo piso.

Por eso uno queda esperando el momento en que los personajes se encuentren consigo mismos, en que podamos entenderlos más allá de sus patrones de consumo y logremos empatizar en la medida de lo posible con sus bajezas. El lazo que en principio establecen Marc y Rebecca, cuando descubren que ambos han sido alumnos desadaptados e intentan enderezarse en una escuela de regularización, hace pensar que podrían prodigarse una solidaridad sincera. “La quería. Fue mi primera mejor amiga. La quería casi como a una hermana”, confiesa en un instante Marc, y uno piensa que quizás existe una salida para Rebecca y las demás.

Pero no. Coppola no se interesa en la transformación, exploración o redención de sus criaturas. El retrato de las muchachas es tan cínico como ellas, y Marc se mueve en el  nivel más básico de la vulnerabilidad psicológica. Incluso cuando comienza su caída, la directora incrementa en la vida de los jóvenes el efecto de los medios y refuerza, en la conducta de Nicki y su madre (un toque ingrato), la obsesión por la imagen. Como si escaseara la presencia del ciberespacio -Facebook, Twitter, fotologs- en la película, los 40 minutos finales están nuevamente dedicados a la exposición de lo privado.

Toda esta estructura responde a una arista más amplia y delicada: la moral fílmica. Si tres mujeres y un joven son condenados por violar la ley, ¿por qué razón sólo uno -el joven- aparece en el epílogo en cautiverio? ¿Acaso las mujeres deben pagar por sus errores sólo a medias? ¿Y por si fuera poco, según muestra la última escena, deben volver por recompensa recargadas de indolencia y codicia? Probablemente es la moral del hedonismo a cualquier precio -una idea nada astuta-, cuyo género representante adivine cuál es.

La filmografía completa de Coppola exalta la adolescencia femenina, al mismo tiempo que acusa la fragilidad masculina. “Adoro la fama” no escapa a esa obstinación. Pero, a diferencia de “Perdidos en Tokio” y “Somewhere”, la densidad de personajes que transmite aparece seriamente carcomida. Su estilo semeja más a “Las vírgenes suicidas” y “María Antonieta”, y por lo mismo quedará entre lo más discreto que haya realizado la cineasta neoyorquina.

THE BLING RING

Dirección: Sofía Coppola Con: Israel Broussard, Katie Chang, Emma Watson, Leslie Mann, Taissa Farmiga, Erin Daniels. 90 minutos.

 

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