CRÍTICA. Habeas Corpus

HABEAS CORPUS de María José Contreras: Contar otra Historia con el cuerpo

Por Roxana Gómez-Tapia

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El 18 de diciembre del 2013, en el Palacio de Tribunales de Santiago de Chile (Morandé #345), la actriz y artista de performance María José Contreras presentó su obra Hábeas Corpus. La performance fue realizada en el contexto del Workshop Internacional Women Mobilizing Memory (organizado por Columbia Global Center of Social Difference, Hemispheric Institute of Performance and Politics, la Escuela de Teatro de la Universidad Católica de Chile y ESEO).

El nombre “Hábeas corpus” en latín significa ‘que tengas [tu] cuerpo [para exponer]’ y, a su vez, hace alusión a un requerimiento judicial (recurso de amparo) que busca evitar las detencions arbitrarias al exigir que todo detenido sea presentado en un plazo perentorio ante un juez que evalúe las circunstancias y razones del arresto. Hábeas Corpus de Contreras visibilizó tanto el uso emblemático de aquel resquicio, así como también su poder fáctico relativo al lugar y a su historia. Las tensiones producidas por esta performance son interesantes, por cuanto hace uso de la biografía de la autora así como de la Historia de un país. En este sentido se generan tensiones valiosas de recuperar, en tanto ponen en conflicto tanto las políticas de silenciamiento individual así como aquellas que fueron asumidas como políticas oficiales, por parte de las Instituciones de Estado. De algún modo, ello también nos hace recordar que instituciones, como las que se encargan de velar por la Justicia, son siempre encarnadas por personas, pese a que haya un esfuerzo permanente de hacerlas aparecer envestidas en la figura de grandes edificios. Ahora bien, antes de desarrollar cualquiera de estas reflexiones, bien vale la pena relatar el recuerdo de aquella única vez.

En este punto me cuestiono los problemas de dar relato a una performance, y me parece que no puedo hacer más que exponer –junto con el intento de relatar- la fragilidad del intento mismo, además de entender lo genuino de la memoria (en este caso la mía), la cual, selecciona y preserva según sus propios criterios lo que considera valioso de recuperar. Para algunos, es la primera vez que visitamos el Palacio de Tribunales, todo es más amable de lo que uno podría haber supuesto.

La gente sonríe y nos dan un tour por las dependencias del edificio. Luego de ello, nos sentamos a esperar en uno de los extremos del pasillo principal. Cuando estábamos sentados en ese extremo del pasillo principal escuchamos fuertes pasos de gente que suponemos (porque no vemos) sube y baja de las escaleras laterales (que tampoco vemos desde ahí). Luego de un momento, vemos a lo lejos la figura de Contreras, al principio del extremo opuesto del pasillo. Contreras viste de blanco y posa con una balanza de platos plásticos.

Habeas Corpus - Marcial

Crédito fotografía: Marcial Godoy Anativia

La performer, se acerca lentamente hacia nuestro extremo. Los ayudantes en la acción, le tiran tres baldes de agua durante el recorrido a Contreras, una vez que se va acercando es más claro que su cuerpo luce un embarazo ya avanzado. Al llegar hasta nosotros nos cuenta algo así: “antes de que mi papá se muriera, me pidió que destruyera esta carta”, luego de lo cual, comienza a leerla. En paralelo a esta acción, escuchamos una grabación de Contreras, cantando de niña. Lo siguiente que recuerdo es una pelota de pin-pon cayendo sola, luego tres y luego mil, blancas y naranjas, caen del segundo piso del edificio y rebotan contra el suelo. Entonces la performer en posición de cuclillas, agarra una pelotita naranja en el aire y con el puño en alto retrocede hasta la mitad del pasillo, para dar fin a su performance.

A través de esta performance es posible atisbar varias tensiones que bien vale la pena al menos mencionar. Una de las tensiones producidas surge desde el cruce entre la reivindicación histórica local y la exhumación de la historia personal de la performer. Mientras la primera hace alusión a los 5.400 recursos de amparo (Hábeas Corpus) solicitados en Dictadura (de los cuales, sólo diez se confirieron) en los Tribunales de Justicia, la segunda, en cambio, trae a reflote una carta firmada por un familiar de la performer vinculado a las fuerzas armadas que intentaba exculpar su responsabilidad en la desaparición de cinco frentistas. Esta carta fue custodiada por el padre de la performer quien en su lecho de muerte, de forma inexplicable, le pidió a Contreras que la destruyera.

Este es el primer gesto de corporización de una memoria que se nos vuelve cercana (y posible) en la biografía de Contreras. Luego, el espacio también se nos es corporizado mediante la sonorización de todo el edifico. En la performance de Contreras, el espacio fue generado a través de la sonoridad (los pasos, las pelotas, su voz, la grabación de niña), a través de lo cual experimentamos de una forma distinta a la cotidiana aquel espacio que no alcanzábamos a comprender tan solo con la vista, pero que pudimos sentir en la experiencia total de la escucha.

Habeas Corpus - Kena 2

Crédito fotografía: Kena Lorenzini

En esto último, la perspectiva también jugó un rol fundamental, puesto que los recursos usados en torno a la cercanía y lejanía del cuerpo de Contreras, generaban volumen y dimensión de un espacio que bien pudo aplanarse por efecto de la frontalización a la que se nos exponía. De este modo, el espacio mismo se nos fue corporizado en nuestros propios cuerpos, así como la institución de Justicia fue puesta en cuerpo en el cuerpo de María José Contreras. Así también, y por último, cabe mencionar las tensiones entre las macro-políticas (que devienen de ese espacio experimentado y que es también un espacio simbólico institucional) y las micropolíticas (que fueron corporizadas por el cuerpo embarazado de Contreras y su biografía), las cuales se amalgamaron para materializarse en un entramado complejo de describir. En este sentido, creo que más que la memoria, lo que se puso en juego fue esas formas de preservación y ocultamiento que tanto las personas como las instituciones asumen y que son las que finalmente generan la Historia oficial, la cual, como pudimos experimentar en la performance de María José Contreras, sólo es posible refrendar a través de la exposición de nuestros propios cuerpos.

 

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