CRÍTICA. Fuera de Satán

por Piero Saavedra

hors satan 1Fuera de Satán es una película “de personaje”, lo cual no quiere decir, como algunos creen, que lo interesante de ella recaiga sobre el talento interpretativo –si es que lo tiene- del actor o actriz principal. Significa más bien que el relato se organiza a partir del punto de vista y de las acciones que ejecuta esa construcción física y psicológica de guión. Y lo mismo ocurre con sus temas, que analizados en el ámbito de las preocupaciones y obsesiones del francés Bruno Dumont, desembocan inexorablemente en el misticismo.

El rasgo característico de sus películas mayores implica a personas que, envueltas en una experiencia o arrobo místico, reciben un desafío –generalmente un sacrificio- que los redimirá o les cambiará la vida, sin que se les mueva un músculo. Tal es el caso del protagonista de Fuera de Satán (David Dewaele), un anacoreta que merodea por la campiña francesa sin dinero ni provisiones –sólo algunos cigarrillos-, y que sobrevive gracias a la caridad de los vecinos. No se detiene a saludar a nadie cuando camina, salvo por una joven (Alexandra Lematre) que lo acompaña en ritos, descansos y oraciones. La complicidad entre estas dos almas solitarias propicia los incidentes del metraje.

Y es todo. Fuera de Satán está en los bordes de la no-historia y no es que carezca de  un conflicto narrativo. Por el contrario, tiene uno muy claro y muy atrevido, visibilizado en la actividad de un hombre que sana enfermedades, expulsa demonios y, acto seguido, en señal de expiación a cambio de oblaciones y derramamientos de sangre, liquida al padrastro abusador de su compañera o castiga con crueldad a un cuidador de terrenos que la cela. Es la confrontación teológica entre el Dios del juicio y el Dios del perdón, entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.

Dumont filma de manera funcional. Como lo hicieran los grandes Andrei Tarkovski, Robert Bresson y Carl Thedor Dreyer, sus encuadres de larga duración sugieren que en la luz, las nubes, la lluvia, los rostros y los paisajes arbolados reluce la gracia de Dios. Y su cámara, más que desentrañar la conciencia de su personaje -hay una opacidad en este ámbito que ni siquiera nos permite conocer su nombre-, muestra la seguridad de su carácter y expone, a ratos con empatía, a ratos con radical extrañeza, el desquiciamiento o la ternura de sus acciones.

Es una moral sombría acerca de la condición humana, donde la frontera entre el amor y la violencia, entre Dios y Satán, entre la santidad y la alienación es demasiado difusa. Bajo esta dialéctica de contrastes y simetrías el relato progresa en dramatismo, y si a menudo pareciera dirigir la atención sólo a la rareza existencial de un asceta, la ambigüedad que deja entrar dosificadamente su puesta en escena dilapida cualquier duda al respecto.

No hay más que agregar.

Fuera de Satán es la parábola del monoteísmo cristiano que sostiene su fe en un Dios lleno de ira para reconvenir la apostasía de sus hijos y, a la vez, lleno de compasión y misericordia para protegerlos en su fragilidad. El roce entre estas dos líneas doctrinales es el centro de la interpretación de Dumont, un cineasta cuya obra se ha definido por la perfecta coherencia entre fines y medios. Esta cinta es una nueva demostración de aquel rigor.

 

HORS SATAN. Dirección: Bruno Dumont Con: David Dewaele,  Alexandra Lematre, 

Christophe Bon,  Juliette Bacquet,  Aurore Broutin. 110 minutos.

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