ENTREVISTA. Conversando con El Ciudadano …

por Robinson Jiménez y Diego Villavicencio

 

Entrevista a Juan Cameron: Conversando con El Ciudadano Discontinuado

 

c5a2329bd45b4069b2eb4804511da6deA las 17 horas en punto llega el poeta y periodista porteño Juan Cameron al Café Del Poeta (ubicado a en la plaza Aníbal Pinto), con fin de entablar una interesante y variada conversación con nosotros. En poco menos de una hora de charla, nos reveló anécdotas, opiniones y análisis estéticos.

  • ¿Cómo conociste la poesía? Eso desde la perspectiva del lector

Yo empecé leyendo la poesía que leíamos todos los muchachos preadolescentes, todas las tonteritas de los 100 poemas de amor, Amado Nervo, etc. Luego a Rubén Darío, me adentré mucho en él. Todo eso antes de los 11 años. Más tarde –casi adolescente–, descubrí un libro que pertenecía a mi padre, La Miseria Del Hombre de un tal Gonzalo Rojas, que estaba rayado con obscenidades de mi padre. Se lo robé porque me parecía muy interesante. Así que entré con Rojas antes que con Parra. Fui muy pobre lector hasta la época del liceo, como también fui un pobre productor de poesía.

Ya encontrándome con Claudio Parra –quien me hizo unas clases particulares de química–, conocí a Eduardo Parra, gracias a él conocí a Juan Luís Martínez, el cual me indicó varios libros que debía leer, y me guío en el camino del arte como proceso de forma y no de contenido. Casi al mismo tiempo, ya entrando en la universidad, conocí a Eduardo Embry, poeta porteño que ahora reside en Inglaterra. Así me fui formando en la lectura, todo lo que leíamos los muchachos para formarnos en poesía: poesía rusa del siglo XX, los norteamericanos; en fin, todo lo que estaba a nuestro alcance. De lo chileno: repito a Gonzalo Rojas, Nicanor Parra, y Enrique Lihn; nuestros padres.

  • ¿Cuál fue tu primera motivación para producir poesía?

La familia te va marcando, en cierta medida, aunque no quiera. Mi padre era un buen lector. También recuerdo una tía –hermana de él– que era poeta secreta, nunca publicó, escribía hasta novelas; y me enseñó a leer –antes de los 14 años– a Nietzsche, y otros. De tanto leer comencé a hacer poemitas, hasta que de perseverante y de tanto leer; llegué a sentir la necesidad de escribir, y si me preguntan ahora ¿por qué escribo?, les digo que sin no escribo me salen espinillas (risas), escribo porque escribo, ya es una necesidad básica; mucho más que producir libros o ganar premios, aunque éstos últimos son los que dejan el billete (risas).

  • ¿Qué poetas te han influenciado más, en especial para la búsqueda del arte poética?

Amado Nervo, Rubén Darío, Gonzalo Rojas, Nicanor Parra, Jorge Teillier, Enrique Lihn. Y ya en la parte más formativa, todo lo que viene con la producción anterior a la mía; la generación universitaria del 65’: Omar Lara, Waldo Rojas, etc.

  • ¿Te ha influenciado el trabajo de Pessoa?

De Pessoa me gusta su poesía, sin importar cuál de los personajes está escribiendo (heterónimos). Pero al mismo tiempo me puede haber influenciado de mayor manera Antonio Machado, la poesía española de la generación del 27’ es muy formativa. Y antes de ellos está toda la poesía clásica, es decir, las églogas (de las cuales me interesé desde la época del colegio), me gustaba leer mucho el Mio Cid, Jorge Manrique con Las Coplas, etc.

En fin, la sonoridad que tenía un sentido lingüístico la fui adquiriendo con eso. Dejé esa poesía primaria con esa pelotudez de expresar cosas que no tiene ningún sentido (risas).

  • Me interesa esa reflexión que haces, creo que muchos poetas jóvenes erran al privilegiar el contenido antes que la forma

Pero de todas formas me di cuenta tardíamente, quizás no lo habría advertido sino me hubiese juntado con Juan Luís Martínez.

  • En ese sentido, ¿cómo Juan Luís Martínez te hace ver la importancia de la forma por sobre el contenido?

Él me indica un libro para que lea, Para Contribuir A La Confusión General de Aldo Pellegrini. Eso fue fundamental para mí, no es que me haya metido en un gran problema estético, pero empecé a darme cuenta de eso. Posteriormente de eso, una vez ya entendí que tenía que tener en cuenta esa materialidad, comencé a estudiar por mi cuenta lingüística, semiótica, retórica, y todas las ciencias ocultas del lenguaje; por mi cuenta porque yo soy egresado de derecho. Y entré en esto hasta el punto de hacer clases de Teoría De La Comunicación, de Semiótica y Retórica, Redacción Periodística.

  • ¿Piensas que el poeta debe ser ensayista de la poética?

No. Yo creo que el poeta no necesita ser inteligente, el poeta debe ser intuitivo. Si a mí me dicen “usted es inteligente”, más inteligente será usted le digo yo. No va por la inteligencia. Hay dos planos para analizar y comprender la realidad: por un lado –en un lenguaje muy denotativo– la filosofía, esto es lo que, claramente, determina los límites del funcionamiento social en un momento determinado; y –por otro lado– el poeta los hace desde lo connotativo; es decir, el filósofo analiza, y el poeta sintetiza; pero ambos cumplen la misma función. Cuando digo poeta puedo ampliarme a todos los que escriben, o –también– a todo el arte. No creo que alguien pueda cubrir ambos campos al mismo tiempo.

  • ¿El exilio influye en tu obra?

Sí, los exilios influyen. Mira mi primer exilio –salir cagando digamos– se produjo en enero del 74’, cuando con mi primera mujer abandonamos carrera y propiedades para irnos a Buenos Aires. El problema con la literatura, o con la palabra, es que el lenguaje pertenece a tu tribu, y tu tribu tiene un campo cultural determinado; si te cambias de territorio –aunque sea en el mismo idioma– te pierdes, no tienes un sustento para escribir. Eso me forzó en Buenos Aires, de allí salió Perro De Circo (1979), para el cual me esforcé mucho, y que llegué segundo para el concurso Casa De Las Américas el año 76.

Imagínate cuando te cambias de idioma, el sonido y el sentido de las palabras son otros. Así es muy difícil escribir, se te abren otros campos. Hay un lugar común, pero absolutamente cierto, “la poesía es intraducible”; porque ésta juega con las connotaciones, es decir, con las segundas significaciones. Y lo que suena en relación a otra palabra en un idioma, en otro idioma no tiene nada que ver. Por ej. Si yo digo casa, puede sonar con masa; pero si digo house, no me suena con masa en inglés, me suena con Dr. House, ¡qué sé yo! Las relaciones internas del lenguaje son distintas según cada lengua, y uno juega con esas relaciones. Por eso cuando traduces, en el fondo, estás traduciendo ideas; pero no el concepto semántico, o sea, estás creando –con una nueva sonoridad– un buen poema a partir del otro. Esto prueba que los universos de la poesía pertenecen a universos muy limitados.

  • ¿Te consideras parte de alguna tendencia estética?

Yo creo que puedo formar parte de cualquier tendencia estética en la cual el teórico comprenda que se trata de la forma por sobre el contenido, no una cuestión conceptual, porque lo conceptual –desgraciadamente– vuelve a sujetarse en la idea para la composición de la obra de arte. A mí me interesa la forma. Por eso admiro a Gonzalo Rojas, a él le interesa el sonido. ¿Por qué el éxito de Zurita? Pues porque logra romper con eso, vuelve el discurso a lo solemne y pretencioso de la generación del 38’.

Me interesa hacer arte, me interesa la forma, sentándome en la poesía política, en la poesía del amor y todas esas cosas.

  • ¿Crees que no entender la importancia de la forma es parte de una crisis estética en Chile?

Creo que estamos sufriendo una profunda crisis estética en todos los sentidos. Sí, se está valorando el contenido por sobre la forma. Hay términos que están en el discurso oficial que son tan notorios y tan horribles; por ej. Patrimonio De Fachada, a ver, patrimonio son los bienes del pater, de la familia, de la patria; decir de fachada es echar a la mierda todo. O sea, lo que está importando es lo exterior, no la forma estructural sino lo que se ve hacia afuera. Puro concepto, nada real.

Otro ejemplo es la formación televisiva de la gran población. No hay una cuestión formal, construcción, sino que hay un hueveo exterior insulso. Y eso es consecuencia de la preferencia del contenido y no de la forma.

Típicos contenidos en la poesía: cuando a la gente le falta una palabra, lo rellenan con alma. O ponen un gerundio con una palabra poética para formar una tontera como “amamantando arreboles”, esas huevadas, esas formas de mala poesía. Poemas que tienen como motivos cuestiones que son absolutamente extraliterarias, como el bien y el mal, la patria, la lucha social, el amor.

  • El tópico de la lucha social –muy recurrente en poetas jóvenes– genera mucha mala poesía

Por supuesto, imagínate tú, el año 73 se produce un fenomenal golpe de estado, cruel, salvaje, con toda la violencia que conlleva. La mitad de la gallada que escribe sale hacia afuera, otros se fondean, y otros –con unas pelotas enormes– lucharon, se expusieron, fueron torturados, cayeron a la cárcel. Como héroe yo no les llego ni a los talones. Pero éstos se pusieron a escribir poesía en la cárcel, imagina que tuvieron tanto éxito en eso como yo de guerrillero.

Surgió una poesía muy mala en la época de la dictadura en Chile. Pero muy mala, de muy mala calidad.

  • Por su actividad periodística, ¿cómo se enfrenta a la escritura de un artículo desde la poética?

Portada de Obra Extranjera de Juan CameronTrabajé por más de 20 años en un semanario en castellano en Suecia, llamado Liberación. Creo que fue el último medio que tenía como fin la reconstrucción del muro de Berlín (risas), no era de centro-izquierda, era de izquierda. Recuerdo que mi primer trabajo allí era escribir sobre la Guerra De Namibia, cubría las batallas a través de fax. Entonces se dieron cuenta que no escribía como periodista, primero porque no lo era. Yo me hice periodista en el camino; aprendí redacción periodística por mi cuenta, aprendí a alejarme del sujeto por mi cuenta, la pirámide invertida, etc. Todo eso por mi cuenta. Y me pidieron que me hiciera cargo de la parte cultural.

Así, publicando 2 o más artículos a la semana por 20 años, debo tener unos 1.200 artículos. La mayor parte de ellos son de literatura. Pero también tengo de otras cosas, hasta de ajedrez.

El periodismo me permitió conocer mucha poesía y formarme en poesía europea, sobre todo en poesía escandinava. Influyó más el periodista en el poeta que el poeta en el periodista.

  • ¿Crees que en el periodismo de opinión también se debe priorizar la forma?

No creo que la exigencia sea tan grande, ojalá lo fuera. Y eso porque hay que mantener los esquemas de redacción periodística, y la velocidad de ello.

  • En el proceso de creación, ¿cómo ha cambiado el enfrentamiento desde Manos Enlazadas (1971) hasta Ciudadano Discontinuado (2013)?

Primero, Las Manos Enlazadas, –que es mi primer libro– es una antología de poemas de amor entre mi adolescencia y los primeros años de mi matrimonio. Son de una ingenuidad espantosa, y ojalá pudiera hacerlos desaparecer hoy día. Por eso siempre les recomiendo a los poetas que no empiecen a publicar hasta su tercer libro (risas). Allí hay una escritura ingenua, directa, rimada, en fin. Ahora la visión es más distante, pero es más difícil escribir ahora que antes. No sólo por la autocensura natural de la forma. Uno se va frenando mucho con los años, se frena la velocidad de producción. Seguramente los textos son de mayor calidad, seguramente; pero la escritura es más seca.

Enrique Lihn me lo dijo una vez, estábamos chupando, para él yo era un cabro chico. Me dijo: “Te envidio tu capacidad de versificar, yo a esta altura no puedo hacer lo que tú haces”, y no me estaba tomando el pelo, yo sé que no.

Me siento mucho más seguro como poeta ahora que antes. Ahora no tengo ninguna urgencia, no tengo presión de nada; eso –también– me hace escribir en forma más libre.

  • ¿Buscas poesía joven?

Sí, por supuesto. Acabo de producir una antología de poetas jóvenes para la revista Blanco Y Negro (México), la selección se llama 50 jóvenes poetas chilenos. Se trata de poetas menores de 40 años.

Sí, leo poesía joven. Busco poesía joven, me trato de informar de los poetas que están produciendo tanto aquí en el café (Café Del Poeta), La Sebastiana, El Pajarito (Bar). Sí, me interesa, y compro mucho libro de poeta joven.

  • ¿Estás preparando algún otro proyecto?

Los proyectos que tenía se me han realizado todos este año. Pero tengo otro libro, lo tengo escrito, estoy corrigiendo estilo. Se llama Café Cinema: Historia Personal De La Poesía Porteña. Es un libro de crónicas. Si Ril (RIL editores) me lo acepta, debería salir este año en segundo semestre, o a principios del próximo.

Juan Cameron consigue su anhelada intuición. A través de su vasta obra demuestra una claridad en el entendimiento del arte y su desarrollo. El escritor de & (1984) ha sabido ser un muy buen artista en la era de la pérdida del lenguaje.

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