CRÍTICA. Memoria compartida

por Javiera Anabalón

Memoria compartida. Crédito Jorge Sánchez_1

Memoria compartida es una obra multidisciplinaria que opera a partir del traspaso y diálogo entre lenguajes y soportes. Pero aun cuando cada  elemento aparece con resolución y potencia  -ya sea  luz,  sonido, texto o  imagen- el recurso gestual no deja de primar y permear todos los demás, lo cual permite finalmente inscribir la obra dentro del registro de danza contemporánea.

La armonía y equilibrio del trabajo composicional entre los diversos lenguajes, aparecen como resultado de la intención de plasmar una atmósfera determinada cuya materialización requiere tal imbricación de elementos; dicha atmosfera corresponde al espacio de la memoria, la estética del recuerdo, abordado tanto como fenómeno cognitivo como experiencia subjetiva.

Lorena Hurtado propone una plasticidad gestual del recuerdo, construida por una velocidad determinada, un cierto volumen, recorridos, cualidades de movimiento y desplazamientos, entre otros elementos, los cuales finalmente proponen la memoria como un territorio subjetivo de experiencia posible, y desde el cual se vive la dictadura hasta el día de hoy. Desde esta perspectiva la etimología de la palabra recuerdo, proveniente del latin re-cordis que significa algo similar a “pasar de nuevo por el corazón”, queda fuertemente plasmada.

No resulta muy frecuente ver la temática del golpe y la época de dictadura tratada desde la danza en Chile -en comparación a otras áreas como el cine o el teatro- aun cuando la dictadura ha quedado inscrita de manera significativa como experiencia corporal en la memoria chilena. La obra precisamente indaga en esta dimensión corporal de la dictadura: en una memoria impregnada y operante en el cuerpo, o dicho de otro modo, en el cuerpo como un dispositivo primordial del recuerdo. Los tres intérpretes adoptan la corporalidad o la cualidad de movimiento que exigía el período, por lo cual, el trabajo coreográfico propiamente tal se desarrolla a partir de la gestualidad de la persecución, del cuerpo escondido, de la violencia, de la agresión, del grito, por nombrar algunos.

El hecho de que la obra aluda a una memoria “compartida”, no sólo tiene que ver con la idea de “memoria colectiva”, si no con un componente dialógico a partir del cual surge el pasado y se evoca el recuerdo. Esto puede percibirse con mayor claridad en la escena central, donde los bailarines tienen una conversación tanto verbal como gestual: se funden e intercambian las materialidades y, así como en muchas obras de danza las palabras se convierten en gestos, en esta ocasión el texto adquiere cualidades gestuales desde su dimensión material como es el flujo, el ritmo, la fonética y la modulación; podría decirse que el texto comienza a bailar, antes que el cuerpo a bailar el texto. Lo mismo ocurre con el dibujo del suelo, el cual se propone, por un lado como imagen simbólica, y por otro como el gesto de dibujar un contorno y así mismo el gesto de borrarlo.

1El concepto de contorno o borde resulta también un elemento significativo en la obra en relación al tema de la memoria,  al cuerpo y a la identidad. Dentro de esta lógica del diálogo, de “lo compartido”,  que permite finalmente el ritmo y el movimiento, se exige la presencia del otro, y no sólo en lo relativo a la dinámica “pregunta –respuesta”, sino que también en lo referente a la delimitación de cuerpos, de contornos e identidades. La presencia de lo “otro” es aquello que permite el reconocimiento propio, lo que permite la existencia de una identidad en la alteridad, y lo que ha determinado dentro de este contexto la memoria; y así también la presencia de lo “otro” es lo que da posibilidad al ritmo, al flujo, al movimiento de un móvil de un punto a otro, a la danza. Los límites de la memoria, corresponden a nuestros propios contornos de realidad, es lo que  sostiene una identidad tanto individual como nacional. Memoria compartida exhibe ese proceso de construcción de identidad, a partir del recuerdo en el cuerpo y el movimiento.

Los datos

Dirección: Lorena Hurtado.
Intérpretes: Leslie Apablaza, Pedro González y Pablo Zamorano.
Composición Musical: Eleonora Coloma
Diseño de Iluminación: Luis Reinoso.
Producción final de sonido: Nicolás Ríos.
Asistencia de vestuario: Alexandra Mabes.

Centro Cultural GAM: Sala B1 (edificio B, segundo piso).
Temporada: del 5 al 21 Abril. Jueves a Sábado 20 horas. Domingo 19 horas.
Entradas: general $5.000, estudiantes y tercera edad $3000.

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