REPORTAJE. Compañía “Entreparéntesis”

por Antonio Salas

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Algunos me han dicho que escriba algo de mí,  pero eso sería muy fome (además, escribir sobre mí mismo debe excitar sólo a las teclas). Entonces, debía encontrar a alguien que hiciera cosas más interesantes sobre las cuales escribir, y así comenzó mi viaje salvaje… por internet.  De pronto apareció una invitación a un evento por Facebook, una de tantas de las que nadie pesca, pero dado mi instante de búsqueda le tomé toda la atención del mundo: “Sexto festival de teatro de Buin”. La invitación al evento provenía de Alejandra Pérez, compañera y amiga de universidad, igual de treintona que muchos de mis conocidos. En esta etapa, donde aprovechar el día resulta un concepto muy ambiguo y estresante, ella ha mantenido su sueño de tener una compañía de teatro, tal como me contaba años atrás mientras bebíamos una cerveza de las baratas.

La obra que presentarían en esta oportunidad sería “El último de los Mohicanos”, novela histórica del autor estadounidense James Fenimore Cooper,  publicada en febrero de 1826 (y que además tiene un comic, una película protagonizada por Daniel Day-lewis, y una secuela Disney style, así que por algún lado usted sabrá de lo que hablaré).

Mientras tanto, en Santiago y su centralismo, se llevaba a cabo la 20° versión del Festival Teatro a Mil. Cabe recordar que el festival se llama así a partir de una iniciativa creada para acercar el teatro a las personas, aunque fuera una vez al año, con una buena difusión, apoyo y a un costo de MIL pesos. En la actualidad, aparte de las obras al aire libre (los MEGA eventos, que más que experiencia teatral son una experiencia campal), este sentido de socialización original está desapareciendo. El festival se institucionalizó, cambiando su foco a una gran oferta de obras disponibles, a los mismos precios de siempre, donde las grandes compañías son las protagonistas. Incluso se gastan millones de pesos pagando a compañías extranjeras, y las comunas pudientes son las que logran traer los espectáculos más vistosos. El estudio serio al respecto es abismante: Uso del tiempo libre en familias de escasos recursos.

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Y apenas un poco más lejos del centralismo está Buin, con su querida compañía (Entreparéntesis), un nombre nada casual. La ciudad está a 45 minutos de Santiago, que en realidad parecen mil kilómetros de distancia: entorno sureño, clima estimado por las arboleadas calles, actitud relajada y amigable de los habitantes. El Gimnasio Municipal, epicentro del Festival de Teatro, reafirma esta sensación ya que está sin mantención y se hace tosco visualmente; pero contiene una gran generosidad hacia los artistas y deportistas que se acogen a él diariamente.

Al primer contacto con (Entreparéntesis), llama la atención el promedio de edad de sus miembros, que no supera los 20 años. Esta compañía nació el año 2002 de forma amateur,  desde la necesidad de un grupo de personas por hacer teatro donde no existía nada más que las ganas: Ese es el principal carácter de la compañía, una necesidad expresiva, una inclinación artística, un amor por lo que se hace, que ha debido luchar con la falta de incentivo cultural, la escasez de recursos, la inexistencia de un espacio, y la falta de políticas que apoyen este proceso. Sin duda, el mejor lugar para el desarrollo de la creatividad, el cooperativismo y el compromiso, algo así como un  amor genuino.

La compañía de teatro (Entreparentesis) otorgó a la ciudad de Buin un lugar donde los jóvenes pueden asistir a talleres por una módica suma ($4.000 al mes). En las presentaciones, los participantes se seleccionan de acuerdo a las aptitudes y  a los roles que demanda la obra, todas originales de Lía D’a Costa (Alejandra Pérez). Así suplieron el incentivo cultural ligado al teatro: ellos fueron el incentivo. Y no sólo crearon su espacio sino que, conscientes por su propia experiencia, comenzaron a abrir su propuesta a diferentes compañías de la zona y Santiago. Es así como el festival de teatro de Buin en la actualidad está próximo a transformarse en una tradición local, que además otorga oportunidades a otros artistas.

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Ellos hacen todo: se consiguen los auspiciadores, la sala, los afiches, las tarimas, contactan a las radios locales, cortan boletos, arman el escenario, montan los espectáculos, se maquillan y, por sobre todo, todo actúan. Todo esto bajo las órdenes de la jefa, directora, actriz, dramaturga, futura madre y profesora Alejandra Pérez, junto a su pareja Rolando. A la falta de recursos, son sólo los comerciantes del sector (el “supermercado Pepe”, la “óptica Buin”) sus máximos auspiciadores, y lo hacen con lo que pueden. Es un festival hecho a mano, son artesanos del teatro. La unión del grupo y el ambiente familiar es clave para la existencia de la compañía, y se transmite en cada palabra de los integrantes, quienes están ahí sólo por el amor al teatro y el hambre de expresión. Muestran una gran seriedad, cariño y compromiso por lo que hacen, y para ellos estar en esta compañía representa casi una segunda vida. A pesar de su corta edad, muchos participan desde pequeños y llevan años de teatro: “el festival ya se arma sólo. Las compañías nos llaman para participar, ahora seleccionamos nosotros. El tema son los recursos”, dice Alejandra. El primer festival partió con una donación anónima de $200.000, “nos llegó un sobre, eran 200 lucas” y desde ahí que la compañía entrega esa cuota al ganador. Toda una proeza: “El primer año, ganamos mil pesos”.

La principal reflexión y enseñanza que nos deja la compañía se refleja en aquella frase de un famoso alemán, tan manoseada pero a veces tan cierta: “lo que no me mata me hace más fuerte”. Las dificultades tanto de ellos, como personas, como las del festival, son resueltas desde el esfuerzo y la creación,  logrando una obra de arte, logrando belleza finalmente,  recordando lo que un ser humano puede hacer sin caer en la fácil evasión y en los prototipos gringos de winner o loser, donde el resultado sobrepasa cualquier virtud.  Aquel que obtiene todo fácilmente poco es lo que puede enseñar a los demás.

“El Último de los Mohicanos”  es la única obra adaptada. La presentación fue al cierre del festival con una sala llena, donde había desde niños hasta abuelitos, además de los dueños de casa (los perros del gimnasio). Durante la jornada se presentaron diferentes artistas locales y amigos de la compañía, desde raperos hasta un locuaz motivador… un clásico espectáculo de varieté. Alrededor también habían stands de venta de empanadas, queques  y jugos elaborados por gente buinense, nada más innovador y folclórico a la vez. Avanzaba el momento esperado, así, de pronto el silencio y la oscuridad indican que los actores ya saldrán a escena.

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El tema principal de la obra es el drama de este pueblo originario destinado a desaparecer,  no  sólo por el derramamiento de sangre de su gente, sino por la incomprensión de un pueblo dominante,  despreciador, que plantea su institucionalidad, su fondo y forma haciéndose sordo, mudo y ciego ante la existencia original de esta otra cultura. Los mohicanos mantienen un punto de vista propio, ligado a su tradición, arraigo e identidad,  en contraposición al hombre moderno que llega a transformar cultural, espiritual y materialmente su  ambiente, conquistándolo  a través de la violencia y el interés.

La juventud del elenco se omite por el peso de la obra, la densidad de las situaciones, el desarrollo se realiza sin baches evidentes y con un buen ritmo que permite al espectador seguir la historia sin dificultad.  Los actores expresan  con el sentido adecuado las situaciones, la elección de los roles está bien pensada, lo que aporta a la verosimilitud de la puesta en escena. Los momentos de tensión y relajo son apoyados además por la música, original de la compañía, que da un ambiente adecuado a cada escena.

La adaptación de la obra juega constantemente con una contingencia  nacional, indicando situaciones que traspasan el plano de la ficción: todo arte debe transgredir, incluso a sí mismo. El teatro, nacido en las fiestas primaverales áticas en honor a Dionisio, dios griego del Vino, era la instancia donde la sociedad podía verse a sí misma, eran ellos mismos el espectáculo, no es sólo ficción, por lo tanto la contingencia ayuda a que nosotros como espectadores podamos sentirnos dentro de la obra. Todo esto en un momento en que en Chile el conflicto con nuestros pueblos originarios ha tomado nueva fuerza.

Al final: ¿Qué es lo importante en una obra de teatro? La respuesta del público. El trabajo arduo y el mensaje de la obra están entregados. La emoción de los jóvenes actores se suelta y el público reacciona el final aplaudiendo largamente, in crescendo a cada salida de los actores que recogen con felicidad su aplauso. Luego, cada uno volverá a su vida, dejando atrás aquel mundo paralelo, pero sabiendo que al menos una vez a la semana podrá ser parte de (Entreparéntesis). Pero antes, deberán desmontar el sexto festival de teatro de Buin.

Para finalizar, quisiera dejar el extracto de un aparte de la obra, el monólogo final de Alice que nos entrega la visión del último de los mohicanos, el único sobreviviente de un pueblo  que morirá junto con él (realizado por Almendra, de 12 años):

Los sucesos que aquí han ocurrido se repetirán a lo largo de la historia, muchas culturas y costumbres se perderán. Los pueblos que no anhelan lo material, mas si lo espiritual, los guardianes y protectores de la tierra, como los guaraníes, los onas, los kawashkar, los mapuches, también desaparecerán: antes de perder sus vidas y sus tierras perderán su identidad. Durante los intentos de conquista habrá masacres, evangelización, guerras, que aunque cueste muchos años  finalmente serán vencidos…  porque no hay nada más destructivo que el hombre imperialista, avaro y codicioso que no se logra conformar con lo necesario. Las tribus pacíficas sacarán sus armas, pero no será suficiente porque les destruirán los bosques, le contaminarán sus ríos, les inundarán sus hogares, ya pronto no tendrán más alternativa que convertirse o morir. Habrá mártires y habrá víctimas inocentes. Algunos que son utilizados como armas de guerra, sin conciencia de lo que hacen, también se sumarán a la lista de los caídos. Así, un día la tierra que no es de nadie y es de todos dejará la belleza que hoy posee.

3 Responses to REPORTAJE. Compañía “Entreparéntesis”

  1. Alejandro dice:

    Antonio jamas pensé que me pudiste haber sacado una lagrima que intente contener en muchas partes, la solté y que como tu hablas de nosotros es majestuoso conoces toda la info. necesaria para llegar al corazón de la gente estimo mucho este trabajo y mas que nada esta paletada que nos hiciste a la compañía entreparentesis

  2. Alejandro dice:

    Antonio jamas pensé que me pudiste haber sacado una lagrima que intente contener en muchas partes, la solté y que como tu hablas de nosotros es majestuoso conoces toda la info. necesaria para llegar al corazón de la gente estimo mucho este trabajo y mas que nada esta paletada que nos hiciste a la compañía entreparentesis te pasate y tratare de mover este articulo por facebook lo mas que puueda muchas gracias se despide Alejandro Salas (Duncan heyward en el ultimo de los mohicanos)

    de verdad muchas gracias.

  3. Antonio dice:

    Gracias alejandro!

    Agradezco la aceptación del artículo, la intención es transmitir algo a través de ustedes. Fue un privilegio conocerlos personalmente y luego ver el cambio en la escena, en muchos casos fue incomprensible :P.

    Espero ir a una nueva presentación, abrazo!

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