ENTREVISTA. Víctor Hugo Ortega

 por Ximena Catalán

Entrevista a Víctor Hugo Ortega sobre su primer libro, Al Pacino estuvo en Malloco:

Quería Tener un libro publicado antes de los 30 años

Conocí los cuentos de Víctor Hugo Ortega hace un par de años, cuando nos pidió un espacio para publicarlos en Revista Sangría. El primero que leí fue “Al Pacino estuvo en Malloco”, una historia fabulosa que detalla los entretelones de una visita del famoso actor a la tierra de origen de Víctor. Se trata de una historia sobre la que hasta el día de hoy me pregunto si realmente sucedió y que, por supuesto, Víctor se encarga de dejar en la incertidumbre, ni confirmándola ni desmintiéndola. Es esta misma historia la que da nombre a su primer libro, Al Pacino estuvo en Malloco, sobre el cual nos juntamos a conversar hace un par de semanas.

El camino hacia el primer libro

Tener un libro publicado antes de los 30 años era una de las metas de Víctor. Lo consiguió, pero no fue una tarea fácil. El material lo tenía de sobra, pero debió sortear una serie de obstáculos para ver materializada su creación. Descartó la idea de publicar Al Pacino estuvo en Malloco a través de una editorial, porque, según me cuenta, hasta las más independientes tienen un montón de trabas burocráticas (incluyendo las aprehensiones con el uso de un lenguaje coloquial o la dilatación de los plazos para la publicación). En vez de esto, decidió lanzarse al mundo de la autoedición. Y no me sorprende: el exitoso proyecto radial que realiza hace más de dos años junto con Andrés Daly, El mundo sin Brando, también vio la luz y se ha mantenido a partir de la autogestión y el empuje personal.

Como en  un circo pobre, Víctor tuvo que desempeñar varias funciones, de las que tenía escaso conocimiento, para llevar a imprenta su libro. Debió preocuparse de aspectos como los formatos de los archivos a utilizar, el peso y características de las hojas, el papel utilizado para la portada, etc. Empecinado en que su ópera prima fuera perfecta, Víctor no dejó nada al azar, ni siquiera el tipo de pegamento utilizado para el empaste (hot melt) o el tamaño del libro (15×21 es la medida  por la que optó, porque “los libros muy chicos cuesta manipularlos”). Aunque el proceso de publicación estuvo preponderantemente en sus manos, Víctor agradece la colaboración de varios de sus amigos, que lo ayudaron en la corrección de los manuscritos y otras tareas relacionadas con la edición y publicación. Realiza una mención especial de sus amigos Sebastián Franchini, (que, según Víctor, tiene la habilidad de ser el hombre que dibuja más rápido del mundo), autor de la ilustración de la portada y al artista visual  Víctor Muñoz, quien se encargó de la diagramación de ésta.

Pese a lo complejo del proceso de autoedición, Víctor sostiene que fue muy gratificante y que la experiencia le hizo aprender muchísimo sobre el mundo editorial y valorar aún más la ardua tarea de producción de los libros. Considera que muchas veces el público critica el costo de los libros, sin reparar en todo el trabajo invisible que hay detrás de su publicación, del cual él está consciente hoy más que nunca. Este conocimiento ya es parte de su bagaje por lo que, sin duda, el proceso de publicación del segundo libro, que ya viene en camino y que se llamará Elogio del Maracanazo, va a ser mucho más fácil.

Pero no todo es tan negativo en la autoedición. Una de las ventajas que Víctor reconoce en ésta es el contacto más directo con los lectores, para saber, entre otras cosas, qué cuentos son más valorados por ellos. Así descubrió que a muchos no le gustan los cuentos muy cortos, porque les prefieren que haya un mayor desarrollo de las ideas, pero sostiene que, en último término, es la propia historia la que determina su longitud. Pese a que no busca regirse absolutamente por los gustos de sus lectores en su creación, para él es valioso saber qué formatos son los más disfrutados por sus lectores, porque finalmente son ellos quienes leerán sus cuentos.

Los Víctores

Aunque son historias independientes entre sí, los cuentos de Al Pacino estuvo en Malloco parecen estar unidos por un narrador común, una serie de Víctores en sus 20 o 30 años. Aunque Víctor me asegura que no (necesariamente) se trate de relatos autobiográficos, estos cuentos parecieran ser inseparables a su propia experiencia de vida. Esto se hace más patente para quienes conocemos algo de su historia. A través de la lectura, para mí es imposible no imaginar a un joven Víctor andando en bicicleta por las calles de Malloco, a un Víctor viajando en metro hacia Estación Central o recorriendo las calles del centro de Santiago en busca de un escurridizo hilo de color marengo. Además, la mayoría de los cuentos (menos El Mundo sin Brando) están narrados en primer persona, lo que podría ayudar a esta identificación entre el autor y el narrador.

La mimetización entre Al Pacino estuvo en Malloco y la propia historia de Víctor me hace irremediablemente preguntarle sobre cuánto hay de cierto y cuánto hay de invención en sus cuentos. Víctor me confirma que varios de los cuentos están arraigados en pasajes reales de su vida, como sus tiempos de estudiante universitario. Me confiesa que Rafa Rivera, un chileno patiperro que vive en Noruega y que protagoniza una de sus narraciones, efectivamente existe. Víctor lo conoció en los años ‘90, en las salas de chat en internet que en ese tiempo eran muy comunes y fue forjando una amistad con él que ha perdurado a través de los años. Muchos de los diálogos mantenidos entre Rafa Rivera y el narrador fueron efectivamente reales, en una visita que Rafa realizó a Chile varios años atrás.

Es interesante notar cómo en este constante deambular por diversos lugares,  pese a la aparente anonimidad de la figura del narrador (¿o de Víctor?), éste se hace visible constantemente, en ojos curiosos, en miradas que se devuelven, en encuentros con seres desconocidos. Me pregunto, ¿Será casualidad que de pronto todos estén pendientes de él o el sentirse constantemente observado responde más bien a cierto grado de paranoia? Me inclino más bien por lo segundo, y lo comprendo, porque a mí me pasa algo similar.

Víctor se declara un detallista y se nota. Basta leer cuentos como “Las hormigas no tienen sangre” para darse cuenta. Como él mismo sostiene, los narradores de los diversos cuentos comparten esta búsqueda en detalles cotidianos que para la mayoría pasan desapercibidos. Esta obsesión por los detalles y su alta capacidad de retención de éstos inunda también su espacio de creación. Una pequeña escena que presencia en un bar o la conversación con un taxista son ideas que van engendrando y dan vida a un nuevo cuento.

Dejar ir la creación

La publicación de Al Pacino estuvo en Malloco  puede ser comprendida como la mayoría de edad de los cuentos de Víctor, que hasta entonces no habían adquirido una forma más pública que la  de entradas en distintas páginas web (incluyendo, por supuesto, la Revista Sangría). Pero esto implica mucho más que un cambio de  formato. Para Víctor, transformar esos cuentos en un libro va más allá de convertirlos en un conjunto de hojas empastadas. Implica también “dejarlos ir”, hacerlos llegar a un público más amplio que los amigos y los conocidos, y por lo tanto, someterlos al escrutinio público.

Le pregunto a Víctor si ha pensado embarcarse en otros géneros, como por ejemplo, la novela. Aunque no descarta la posibilidad de incursionar en formatos largos, por ahora, prefiere enfocarse en su próximo libro de cuentos, Elogio del Maracanazo, que verá la luz durante este 2013 y que tiene como foco de inspiración una de sus pasiones: el fútbol.

Víctor es una persona tenaz o, como él mismo se autodenomina, catete, lo que le ha servido mucho en la difusión de su primer libro. Luego de dar a conocer su creación en la Radio Cooperativa, la Radio Bío Bío y en el diario The Clinic, Al Pacino estuvo en Malloco fue presentado en uno de los programas más vistos de la televisión chilena: Tolerancia Cero, logrando una tribuna que jamás imaginó para su primera publicación. Debido a esta amplia difusión, la primera impresión del libro se agotó en dos meses, pero ya se encuentra disponible el segundo tiraje, el cual se concretó con el apoyo de la empresa KLM Factor.

Revista Sangría fue una de las primeras plataformas en que los cuentos de Víctor fueron publicados y él no lo olvida. Quiere retribuir este apoyo dándonos 3 ejemplares de Al Pacino estuvo en Malloco para regalar entre nuestros lectores. Puedes participar por uno hasta el dìa viernes 25 de enero a las 23:00 horas, contestando creativamente en los comentarios de esta entrevista la siguiente pregunta:¿En qué otro lugar de Chile, aparte de Malloco, Al Pacino podría haber pasado unas semanas de tranquila estadía?.

¡ATENCIÓN!  Los ganadores de un ejemplar de Al Pacino etuvo en Malloco, de Víctor Hugo Ortega, son: Adrián Buzzetti, Pablo Maureira Yáñez, Ignacio y Mario E. Moreno Rodríguez. Les pedimos que escriban un correo a revistasangria@gmail.com para coordinar los detalles de la entrega. ¡Felicitaciones!

13 Responses to ENTREVISTA. Víctor Hugo Ortega

  1. Ignacio dice:

    Después de filmar Perfume de mujer le vino una ceguera temporal y andaba revolucionado por el olor a hembra.

    Supe que bajo esas condiciones fue -con el zafrada como lazarillo- a recorrer el Golfo de Arauco pero sin éxito: terminó vomitando en una caleta por el fuertísimo y siempre nauseabundo olor del pescado y mariscos pasados.

  2. José Miguel Martínez dice:

    Al Pacino estuvo en Punitaqui.

  3. ¡Fácil! No es una ciudad, ni una comuna, es como un pueblo, como una localidad. No estoy seguro, pero podría afirmar, quizás no, que está exactamente entre Peñaflor y Talagante. Con mucho verde, bien tranquila y silenciosa. ¿Cómo se llama? ¡Allí hay una Parroquia! Dicen que es las tercera más antigua de Chile, donde tienen un Niño Dios tan milagroso como cobrador. Tiene onda el lugar, sí. Es como un pueblo pero agrandado. ¡Incluso tienen su propio festival de la cerveza! ¡Vaya memoria, la mía! La próxima vez que vaya a Melipilla anotaré el nombre, ahí les cuento.

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