CRÍTICA. Aquí estoy, aquí no

por Piero Saavedra

La sensación de orfandad presente en Mami te amo es distinta respecto de Aquí estoy, aquí no. Si bien ambas películas convergen en el tema de la pérdida, no cabe duda que el protagonista de esta última, el periodista Ramiro Hidalgo (Juan Pablo Correa), dispone de más redes y afectos. Su grupo de referencia lo componen sus amigos y, entre ellos, Lorena (Constanza González) y Pato (Elvis Fuentes) son los principales destinatarios de esa necesidad ritual de Ramiro por sentarse a hablar, por comunicarse.

La cosa narrativa de Aquí estoy… se inicia dentro de un taxi, cuando Ramiro y su amigo Rafael (Víctor Montero) regresan del carrete y sufren sus efectos. Con la cámara anticipando la tragedia, la cineasta Elisa Eliash construye en un par de minutos el prólogo de la caída sistemática de Ramiro, que es testigo de la muerte de su compañero y luego, bordeando la crisis existencial, debe renunciar al diario y a la universidad donde trabaja.

En ese estado precario y sin poder superar el trauma, Ramiro recibe la propuesta de un editor para escribir la biografía “no autorizada” de la ex vocalista de Los Cox y ahora encargada del aseo en el pub La Tuna, Ana Patricia Ahumada Jones (María José Siebald). Aparece, enseguida, la posibilidad de un trabajo revitalizante, como también el riesgo de un viaje a las potencias de la noche, de un descenso a los infiernos para revivir el pasado en dos ocasiones.

Todas las peripecias derivadas del proyecto, Ramiro las detalla a sus interlocutores de turno. En una de las secuencias que exigen atención especial, la representación se fragmenta sucesivamente en tres niveles, como cajas chinas que se dejan ver una tras otra: el relato de Ramiro hacia Lorena, el de Ana Patricia hacia Ramiro y la desdicha delirante de Nana Van Gnot (Alessandra Guerzoni), que alguna vez trabajó para la artista. La transmisión del mito, con su función especulativa y sustituta de deseos, es una de las características de la obra de Eliash. Pero no es el recurso principal.

Lo importante de los dos primeros largometrajes de esta directora, es la visualidad y su directa relación con el imaginario confundido de la posmodernidad. En Mami te amo comunicaba las amenazas y las debilidades de la infancia; en Aquí estoy, aquí no, en cambio, el centro se instala en la conciencia de un sujeto que ofrece todas las ambigüedades posibles. Por eso no hay nada arbitrario en el montaje vertiginoso, en los cortes repentinos, en la atmósfera sórdida, en el dibujo objetivo y subjetivo del paisaje urbano.

Es el cine de Elisa Eliash: realismo y estilización, coherencia e incoherencia, contención y desparpajo, impresos tanto en la puesta en escena como en el tejido fenoménico que analiza, y revestidos de un humor inteligente y beneficioso en dos sentidos. Primero, como arma arrojadiza contra el fantasma del intelectualismo y la sociología. Segundo, como ejercicio de desdramatización al momento de situar a sus personajes en medio de la veleidad del entorno.

Aquí estoy…–estrenada en la reciente edición del Festival de Cine B//5- lleva la etiqueta de estar “inspirada libremente en Vértigo de Hitchcock”. Pero el vínculo con la mejor película de la historia del cine refiere sólo al nudo argumental y a ratos parece una ironía. En todo lo demás, la película guarda mayor relación con la singularidad con que Raúl Ruiz o Cristián Sánchez analizaron la identidad nacional, y eso aproxima a su directora a la corriente que Alicia Scherson y Cristian Jiménez abrieron dentro del novísimo cine chileno.

 AQUÍ ESTOY, AQUÍ NO Dirección: Elisa Eliash Con: Juan Pablo Correa, María José Siebald, Constanza González, Elvis Fuentes, Alessandra Guerzoni 96 min.

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