CRÍTICA. Poesía de resistencia: Gesto Mecánico

 por Antonio Esteban Salas

“Mecánicos automotrices y fuentes de soda/ con calendarios vencidos de mujeres mostrando sus generosos senos/  con amplias aureolas de todas las épocas”. Así finaliza Gesto Mecánico, obra de Karen Hermosilla Tobar, poeta chilena, nacida en Santiago y crecida en Talca, ciudad del arroz y Don Francisco.

Llegué a ella por sus artículos bien escritos, de justicia social y humana,  valientes, opinantes, directos. Siempre me quedaba impregnado algo poético, entre palo y  molotov, olía a lacrimógena Musk después de leerla. Es muy difícil realizar escritos contingentes, acusantes, que no aburran y que no carezcan de estilo.  “Aunque usted estudie 20 años no se logra, quizás lo empeore. .. XD!”, me dije.

La busqué. Blog, Facebook, Youtube, diarios, revistas. Me enteré que había sacado un libro de poemas, y que lo estaba presentando. Apareció dentro de un círculo de poetas, declamando. Pasé: los conozco. Así, preferí a la Karen de la prosa en el diario y no la del verso catatónico afectado. ¿Prejuicio?

Pasaron años, nunca dejé de leerla, con más o menos adhesión. Hasta que un día salió ofreciendo su libro. De pronto, estaba subiendo con su hijo por el ascensor,  siendo ladrado por ese perro  chico suyo -muy  fiel a  su tradición de perro chico ladrador- y abriéndole una coca cola que no podía abrirse porque la tapa estaba pasada y aceitosa. La abrí, mientras su perro me movía la cola al lado mio en el sofá rojo como su vestido.

“Tu belleza es el gesto de la azucena” logré decirle al final al intentar citar el verso de Garcilaso, mis ideas, su presencia  y “Gesto mecánico”: un libro enturbiante y deseoso, como un delirio. Mi frase, entonces, fue un error.  ¿Pero existe algo más honesto que el error? Nos sale simplemente, nos llega como hecho consumado, pues,  la verdad, siempre estuvo allí.  En nuestro diario vivir estamos impregnados en la histérica lucha contra el  error, y cuando ese error resulta motivo de dicha, cuando la contraproducencia se  vuelve favorable,  cuando vemos belleza en él, le llamamos suerte. Cueva, pura y prístina raja.

El arte,  el cual las personas sensatas no intentan definir, fue definido por dos tipos que en realidad nunca le trabajaron un día a nadie y que se atrevieron a decirle a la humanidad  aquello que era lo  más correcto. Hay otros que también intentan definirlo pero no pasa de citas a estos dos: Aristóteles, arte como imitación de la realidad, mímesis, y el viejo mostachón Nietzsche, arte como transgresión de la realidad; transformarla desde nuestro punto de vista. Es imposible escindirnos de  la imitación por mucho que queramos ser únicos y especiales, ya que los colores, las palabras, los materiales, nos han sido entregados, y estamos hechos de eso. Es imposible escindirnos de la transgresión pues por el  hecho de poner un pie sobre la tierra  ya estamos alterando algo.  Imitar la realidad, transgredir la realidad. Pareciera que al intentar imitar la realidad se tuviera un mayor control sobre las cosas, y al transgredir se vislumbrara algo más caótico. Certeza/error.

Soy sor agénciatelo todo

Una cobardona envuelta en hábitos prostibularios

Encerrada en mis altibajos

La misionera de la crítica trágica

La acicaladora de los muslos sobrevivientes

Que cuelgan de un gancho en las carnicerías esquinas

A primera lectura, el gesto de la azucena es algo mórbido, destemplado, que  logra en un segundo pasar desde una erección sublime al degollamiento fálico, tal si se tratara de kill bill en portaligas masacrando zapallos italianos, pepinos y pepinillos.  La exposición  de sí misma, su mímesis,  es tan honesta que nos transgrede. “Que tu mirar, ardiente, honesto eleva el alma, y la refrena”… diríale Garcilazo; traducido, más bien sería un “me erectas y me encoges”.  De esta forma, esta tensión que produce el exceso de honestidad, la exposición de la poeta al mostrase y decirse tal cual es produce anti cuerpos,  tanto a las señoras beatas como a republicanos, poetas y pseudointelectuales afines a las construcciones metalinguisticas refinadas rebuscadas.  El lenguaje de Karen es directo, actualizado, y nos habla desde una posición clara, definida, como esta:

“Calzonudos en busca de la hembra viril

De la jovenzuela tres cocos

De la maraca y santa que siempre seremos”

Gesto mecánico al quedarnos pensando en él nos habla en contra de la acostumbrada mirada social que se tiene sobre el sexo en la mujer: sexo como producto comercial, sexista, porno, idealizado, perfecto, romántico; aquel sexo que día a día podemos ver en tv e internet. Pura felicidad y relajo que nos entregan sabiendo que en realidad la mayoría tuvo un día de perros.  O sea, presas fáciles para la evasión. Qué tal si alguien le dijera en vez de “Dámelo papi, te gusta así”, dijese: “Tengo una calentura triste, una migraña recorriéndome el clítoris, una amenaza metiéndose dentro de mi culo; siento golpes onerosos entrejuntando mis costillas, separando mis dientes, algunos terminan incrustados en mi laringe moribunda. No puedo tragar Saliva”.  Azuza.

La obra está llena de este sentido en donde el deseo, el acto, el amor y el desamor parecen un vaivén, una lucha entre vivir el momento, nuestras sensaciones, ideas  y las del orden social  que nos demanda qué hacer. La mirada honesta la hace morbosa, pero se realza la mirada y la voz de la mujer ante el machismo que se impone desde siempre en la relación sexual y social, lo que también llama a contraponer la cultura occidental falocéntrica,  la forma de vida en sí, frente a una mujer que se atreve a alzar la voz no para seguir dentro del juego de la mujer actual activista, el feminismo posmoderno que ha sido igualarse con el hombre, si no con  un hablar de sí misma como mujer, con su deseo, angustia, bipolaridad, hastío y ternura.

Ese no intentar igualarse, diferenciarse desde ella misma y no desde el otro, es lo que hace especial esta obra, sobre todo porque pasa por alto “el rol” prototípico de la mujer, la madre, la mina sola, la señora frustrada, la pendeja calentona, la diva, la loca,  siendo todo eso a la vez y no enmarcándose en una categoría, lo que lo acerca más a una persona que un prototipo de mujer.  Denuncia sin dejar de culparse, víctima y victimario, idílica y terrenal,  odia sin olvidar amar.

“Me acusó de calienta pichí

Me trató de pendeja estúpida

De liberal al peo

Me comparó con neoyorquinas trepadoras de seriales de cable

Mientras yo quería sus manos en mi cuerpo y menos pelea

Menos discurso de flujo y reflujos gubernativos

Mientras yo penaba y sucumbo por su fragilidad

Por su hermosura de crío guacho”

Una visión femenina potente frente al tema es difícil de encontrar. Libre del estupor que siempre se le ha achacado a la mujer desde el establishment conservador moralmente y liberal comercialmente, en el cual no importa la explotación de la mujer, que se mee trabajando,  pero como señorita. Libre de la tradición exitista de la mina rica que sólo goza con los machotes, y que se desvive por ellos olvidando su propio sentir, a lo Kike Morande, mujer como especie reproductora de guaguas, que a los 25 ya está vieja.

Instalar la propia problemática femenina  para el hombre es difícil de entender, incluso para el intelectualismo, tan misógino como el de la constru, y al igual que para el machismo matriarcal hogareño.  Para eso, es necesario acabar con las ideas dogmáticas, académicas y socioculturales que han dominado la temática. Se convierte en una declaración frente al dominio patriarcal-económico-cultural que ha  dominado esta sociedad, afín a las modas, el megaultrapostgrado, al látigo regetonero y a todo aquello que huele a promoción 2×1. Lo atractivo es que lo hace sin evangelizar, sin idealizar, no proclama la futura UBER-mujer, y tampoco sobre victimizándose ni reprochando sesgadamente al varón, sino que lo hace arrastrándose por sus propias experiencias, desdichas y gracias.

“El rollo” de Karen nos da un referente de humanidad y liberación frente al sentimiento más propio de una persona que se atreve a decir aquello que es;  siente, lo que de alguna forma la hace andrógina, como todo aquello que está dirigido al alma,  desprovisto de género.

Inútil

Como el placer pervertido por el desprecio

En un beso sin labios y muchos dientes carcomiendo

Los bordes solo míos

Derramando los vestigios de una sombra que me atraviesa

El otro tema presente en la obra es la visión socio-cultural de la poeta que nos enmarca un estancamiento como especie, a la vez que una evolución o dominación de los objetos y necesidades que nos han sido creadas, ordenadas por este sistema imperante del capitalismo avanzado. Desde mi punto de vista de los mejores poemas contemporáneos chilenos, si no el mejor, que intentaré develar.

Matadero

El cavernario cazaba animales

Y no era un idiota como Hemingwey

En Las verdes colinas de África

Para Nietzsche la “verdad” es sólo una construcción cultural, un punto de vista que se ha hecho costumbre en base al sustento de quienes detentan el poder. Lo “real” es lo que dice el rey, la realidad es el punto de vista de la realeza, del que manda más, del que pega más fuerte, el más choro. El villano  (el que vive en la villa) siempre miente, aunque tenga razón. ¿Entonces? no hay verdad, sólo perspectivas, juicios de valor, costumbres, leyes. El hombre cavernario, en su sociedad primaria, enfrenta al hombre en base a la realidad no ordenada, no legislada ni mandada por algún ente sustentador de poder. La  realidad del cavernario es su necesidad, su hambre, su sensorialidad; Hemingwey representa al hombre moderno cuyo actuar está ligado a su interpretación de lo que es ser cazador, aquella idealización quizás romántica o deportiva que pervierte el sentido primario del cazar, que es el alimentarse. Frente a la misma acción,  el hombre cavernario actúa según su propia existencia y no recrea un artificio como Hemingwey, lo que lo vuelve estúpido.

Ernest Hemingway en África

El Cavernario actuaba en un ritual caníbal vengando su sed sanguinaria

y no por ello era una solapada bestia comunistademocratacristiana

La tradición y costumbres que forjaba el hombre cavernario estaban relacionadas con esa naturaleza instintiva que lo hacía más honesto y desprovisto de interpretaciones sociales, morales, políticas; al contrario del hombre moderno  que abraza según  principios,  teorizaciones e intereses,  juicios,  intelectuales o televisivos,  lo que define su alejamiento de su ser más primitivo que simplemente actúa con voluntad instintiva, enfrentando su realidad sin disfraz, en una especie de proto-anarquismo.

Posteriormente los matarifes y su ciencia carnicera

El buen corte del líder

El feroz acróstico V-A-C-U-N-O

El ordenamiento judeo cristiano musulmán

Las modas veganas

El civismo cínico y subordinado

La ley de extracción de máxima captura

Suprimió el vuelco verdadero y natural de la ética económica del cavernario

El hombre a medida que instala su construcción cultural pierde su naturaleza primitiva, la destruye, comenzando la producción en masa de instituciones, leyes, reyes, que garanticen un orden para el capitalismo y que hacen olvidar su naturaleza primitiva, pervirtiendo definitivamente el acto tan propio del cazar igualándolo a un proceso industrial más. Así, aquel acto  comienza a pensarse modernamente,  por lo que las soluciones o las antítesis que se proclaman “naturales” o evolucionadas de este proceso son también modernas, como el veganismo. Los proyectos de ley que regulan la depredación y el control político del hombre moderno no apuntarán jamás a la solución de la predación moderna, sea cual fuese el caso, pues se actúa bajo la lógica que ya pervirtió el sentido original, o sea, sólo lo ordena bajo las fauces del más choro, utilizando un eufemismo como ley de extracción máxima, lo que dignifica al pescador artesanal ya que él sí mantiene una relación más originaria con el mar y sus seres.

Pero la antropofagia

 Persistió inmanente el homo ciber ciber

El hombre es un animal, un “mamífero”, finalmente. No puede escapar de su naturaleza primaria, de comer,  desear,  sentir. A pesar del avance tecnológico su barbarie se mantiene, pero esa barbarie se encuentra mediada por este avance industrial, por los objetos que ha ido creando, por lo que vuelca su actuar a través de los nuevos medios y objetos lo que no significa una evolución personal sino un hacer lo mismo de forma distinta, mecanizada.

Ordenaron las máquinas nuestra vida

El cemento cubrió la tierra

Y consiguió la imposible misión e inhumar cadáveres industriales

Escondidos bajo carreteras y autopistas

“No existe documento de cultura que a la vez no sea de barbarie”, dijo Benjamin. Cada paso que damos al desarrollarnos está ligado a la pérdida de nuestra tradición, al arraigo, a la comunidad. Algo tuvo que destruirse, extinguir. En la carrera evolutiva del ser humano la máquina es la que lleva la ventaja por sobre nosotros mismos; necesitamos más el celular que nuestra propia capacidad de disfrutar el momento; este es el gesto mecánico, aquel por el cual el hombre, olvidando su naturaleza, realiza su necesidad de forma automática a través de la máquina o de algún proceso creado  artificialmente.

“Los clítoris fueron trocados por chips lanza agua

Jajaja

¡¡Demócratas!!

¡¡Esfuerzos vanos!!

No tengo asco de los animales ni de las gatas parricidas              

No tengo asco de mi cuerpo junto al operador político

Devorándome

¡Impúdica evolución numeraria!”

Quizás a esta altura, Noviembre del 2012, el ser humano está muy lejano de esa inocencia cavernaria, quizás nosotros seamos una generación ya gastada de aquella inocente humanidad,  quizás la ciencia y la tecnología ha avanzado mucho, pero nuestros pecados son los mismos desde hace 2000 años… o más. Sin duda en la actualidad es imposible escindirnos de la tecnología, ni de la sociedad que buena o mala se ha construido, pero sin duda es necesario al menos tener en cuenta que muchas de las desgracias modernas las podríamos soslayar si tomamos una conciencia más acorde con nuestra naturaleza primitiva y no buscando el remedio en la enfermedad, con más modernidad, consumo, pastillas y gestos mecánicos; en síntesis, con más de lo mismo.

En la actualidad, Karen vive en Santiago, es directora de la revista Veo Verde donde realiza un sinfín de artículos y actividades de todo tipo y además participa con columnas en las revistas Punto Final y El Ciudadano. Ha sacado una segunda edición de Gesto Mecánico, con copias limitadas a la venta.

Quiero llegarme

Y verte cada día niñito mío también llegando

Con cada regreso entrando con una sonrisa que me haga sonreír y compartirme

La fácil felicidad es tan difícil de adornar y más ardorosa que cualquier tristeza

4 Responses to CRÍTICA. Poesía de resistencia: Gesto Mecánico

  1. Isabel dice:

    buen comentario desarrollado en cada parrafo , es importante darle un espacio a estos jovenes poetas que nos muestran su capacidad , y que necesitan publicar sus creaciones , llenas de vivencias , simplicidad , de sentimiento puro y carnal , que muestran la vida misma como es en su propio estilo de acuero a lo experimentado , en su corta existencia , felicito a esta nueva poeta , mujer valiosa para nuestra sociedad chilena … tan poco valorada por los que nos gobiernan , quienes prefieren llenar de farandula y darle una pesima educacion a nuestros jovenes , tengo la esperanza que estan despertando al conocer a esta joven , ojala otros sigan su ejemplo .

  2. christopher dice:

    Compañero donde podemos comprar el libro?

  3. Antonio dice:

    Compañero Cristopher, debes comunicarte con ella, esta es su página de facebook, de la cual es habitué: https://www.facebook.com/karen.h.tobar

    Saludos!

  4. cesar dice:

    Que Karen se dedique a la poesía más mejor, en vez de andar vendiendo su pésimo servicio de “experta” en comunicaciones para causas políticas que necesitan a lxs mejores (candidatos Gómez y Claude, para luego traicionar y re-venderse a la Concerta).
    Buenas letras en todo caso.

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