CRÍTICA. Chaplin: luces de la ciudad

por Fabián Escalona

A principios de octubre  llegó a los escenarios del Teatro Mori del Parque Arauco “Chaplin: luces de la ciudad”, puesta en escena salida del mismo equipo que hace unos meses estrenara “Piaf” (en cartelera hasta diciembre, en su segunda temporada): con la dirección de Marco Espinoza (Piaf, Cuerpos Perdidos y Cómo aprendí a manejar) y la adaptación de Soledad Lagos, ahora llega a escena la versión teatral de una de las películas más celebradas de uno de los más grandes: Luces de la Ciudad (1931) de Charles Chaplin.

La película, una de las últimas cintas mudas del director, se centra en Charlot, un vagabundo interpretado por el mismo Chaplin, que se enamora de una florista no vidente; y en las aventuras que emprende para ayudarla a superar sus  problemas económicos: tanto esta entrega desinteresada de un hombre sin dinero como la frase que Charlot le dice a un millonario al que le salva la vida (“mañana los pájaros volverán a cantar”), eran potentes mensajes, tiernos y optimistas, que Chaplin le entregaba a una sociedad estadounidense que aún no se terminaba de levantar de la crisis más profunda que se ha registrado en ese país (la depresión del 29, que dejó a más de 13 millones de personas sin trabajo).

La propuesta de Marco Espinoza se mantiene fielmente cercana a la película, proponiendo un estética actoral y visual emparentada con  la obra de 1931, recorriendo punto a punto cada uno de los hitos más importantes del film, y logrando salvar con mucha inteligencia y mediante sencillas operaciones escénicas uno de los principales obstáculos que tenía una tarea como la que emprendieron: llevar al teatro la multiplicidad de espacios y tiempos narrativos propios del cine, sin perder el ritmo que caracteriza al original.

Otro punto a destacar es la exigencia que tuvieron que enfrentar los actores, al contar una historia prácticamente sin diálogos, dando además cuenta del tremendo despliegue corporal de Charles Chaplin y el elenco de la cinta, labor en la que todos responden a un gran nivel, y particularmente Gonzalo Muñoz Lerner (que realiza un Charlot con una corporalidad y una gracia muy dignas de Chaplin) y María Gracia Omegna (que en sus breves intervenciones como la abuela de la florista destaca, al mostrar desde su corporalidad una sólida construcción de personaje, compleja y alejada de sus personajes televisivos). El trabajo de Dayana Amigo (la florista) por su parte, resulta destacable gracias a que logra construir un personaje muy distante del que la hizo conocida como la sexy Titi, en la serie Casado con Hijos.

Pero más allá de los elogios (merecidos por cierto) al impecable trabajo actoral, a la musicalización en vivo, a cargo de un destacado Martín de la Parra en el piano, y a una dirección muy cuidada que no deja ningún elemento al azar, quisiera detenerme en otro punto: la obra, tal como su antecesora Piaf, es una propuesta con características muy marcadas, que no se pueden soslayar. Creo que en ambos casos se trata de obras que apuntan a ofrecer un espectáculo que aúna lo artístico con la industria del entretenimiento. Se trata, en mi opinión, de obras trabajadas para ser éxito de taquilla, con elencos que cuentan con algunos rostros televisivos, lo que siempre motiva al público, con temáticas cercanas y reconocibles, universales; y el innegable contexto de exhibición: una sala al interior de un mall.

Esto me parece un muy buen síntoma para las tablas santiaguinas. Me doy una vuelta para  explicarme: Santiago solía tener una intensa vida nocturna, en la que el espectáculo, la revista y el cabaret eran de un altísimo nivel. Músicos doctos que trasplantados a la noche, tocaban bronces y pianos entre las plumas de bailarinas y vedettes, y miles de personas asistían a estos espectáculos. ¿Qué paso? Un toque de queda que duró 10 años mató cualquier vestigio de espectáculo nocturno en nuestro país. En Argentina no tuvieron ese toque de queda tan largo y hoy la calle Corrientes ofrece cada fin de semanas numerosos espectáculos que ponen a vedettes, comediantes, reconocidos actores y cantantes en escena.

Charles Chaplin decidió en 1931 que su película fuese muda, aún cuando unos años antes ya se había estrenado el primer film sonoro (El Cantante de Jazz de 1927), corriendo el riesgo de fracasar ante un mercado exigente, que hasta el día de hoy se acostumbra demasiado rápido a los cambios. Marco Espinoza es un director con una trayectoria importante en un teatro más cercano a la indagación estética y actoral, en constante búsqueda de textos y autores que escudriñan en la complejidad de las pasiones y las relaciones humanas (pensemos en “cómo aprendí a manejar”, “difícil cosa de entender…” y “cuerpos perdidos” por ejemplo), y cuando enfrenta la tarea de hacer la versión teatral de “Luces de la ciudad” lo hace corriendo un riesgo similar al de Chaplin hace 81 años: en lugar de hacer una adaptación burda, excesivamente digerible  o simplemente concediendo en renunciar al silencio para hacer menos riesgosa a una obra que debe ser exitosa, opta por el camino difícil. Propone una ecuación justa entre riesgo e industria, confía en sus actores, en el músico en la escena y lo que resulta una obra entrañable, que entretiene y emociona.Las distancias son enormes: Piaf y Chaplin no son ni pretenden ser revistas, el Mori del Parque Arauco no es el Cariola de mediados del siglo XX, el público no es el mismo, pero algo si es innegable: Piaf y Chaplin son Espectáculos (así, con mayúsculas) que reúnen arte e industria en el mismo escenario, siendo propuestas que se extrañan en nuestro medio teatral (recuerdo en 2004 “Balada, te comería el corazón”, escrita y protagonizada por Felipe Castro y dirigida por Francisco Melo. Sé que ha habido otras más recientes, pero no las he visto).

Datos

Autor: Adaptación de Soledad Lagos para la película “Luces de La Ciudad”
Dirección: Marco Espinoza
Elenco: Gonzalo Muñoz Lerner, Dayana Amigo, María Gracia Omegna, Cristián Gajardo, Gabriel Urzúa y Karin Ahlström

Temporada: Desde el 5 de octubre hasta el 16 de diciembre.
Lugar:  Teatro Mori Parque Arauco, Subsuelo Boulevard del Parque Arauco, Las Condes
Informaciones: 299 07 00
Funciones: Viernes y sábado a las 20:30 hrs., domingo a las 20:00 hrs.
Valor: viernes y domingo $10.000 general y $6.000 estudiantes y tercera edad.
Sábado valor único $12.000

One Response to CRÍTICA. Chaplin: luces de la ciudad

  1. claudia rubilar dice:

    me parece una obra sumamente interesante, excelente trabajo actoral y muy recomendable para todos. felicitaciones al equipo.

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