ENTREVISTA. Mika Martini y Óscar Carmona

Mika Martini y Óscar Carmona en el piso 10. Conversaciones sobre música improvisada

 

Mika Martini y Óscar Carmona son dos músicos chilenos. Vienen de ámbitos distintos, pero este mes confluirán con los improvisadores de Francia, Suiza, España, y Argentina que desde el 23, 24 y 25 de agosto realizarán conciertos, mesas redondas, talleres y clases magistrales en el marco del II Festival Internacional de Música Improvisada (Fimi) a realizarse en Santiago.

por Cristóbal Cornejo

 

El 2011 tuvo la grata sorpresa de una instancia como el Fimi para quienes gustan de la improvisación libre. El festival tuvo invitados sudamericanos, a Martin Joseph y varios chilenos que en tres días participaron de conciertos, clases magistrales y foros. También, un ciclo de documentales exhibió el trabajo de Albert Ayler, Fred Frith y John Zorn, posibilitando que los asistentes –iniciados y neófitos- pudiesen conocer algo más de la biografía y del aspecto, quizás, más espiritual de la comunicación musical activa. El cierre de la celebración fue un ensamble que integró a todos los músicos en la interpretación de la obra “Cobra” de Zorn, sellando el gran esfuerzo emprendido por los organizadores: Piso 3, Pentagrama Producciones y Vereda del Frente, con el apoyo de la Universidad del Pacífico.

Para este año se espera la visita del catalán, Agustí Fernández (piano), del francés Marc Ducret (guitarra), del suizo Samuel Blaser (trombón), de los argentinos Luis Conde (vientos), Pablo Ledesma (saxo), y Adrián Fanello (contrabajo), así como la participación de los chilenos “Dúo Charola” (Ricardo Salinas y Franz Von Marttens), ganadores del concurso de nuevas agrupaciones convocado para esta edición, y Martini y Carmona, con quienes sostuvimos la siguiente conversación sobre sus ideas en torno a esta forma de acercarse a la expresión músical.

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-Antes de referirnos a la música improvisada, ¿podrían contarnos de qué manera llegaron a la música en sentido general?

-Mika Martini (MM): Yo soy diseñador de profesión, pero de pequeño escucho música. Mi familia tenía una gran colección de vinilos. En el colegio aprendí guitarra, luego rock en la universidad. Más formalmente, llegué por Claudio Pérez, quien me invitó a formar parte de un grupo electrónico que se llamaba “Usted No!”. Yo tocaba teclado, de manera intuitiva, y aprendí a ocupar el computador como herramienta para hacer bases a través de softwares.

-Oscar Carmona (OC): Yo empecé de chico, me gustaba el rock, no me gustaba la música clásica, aunque me la trataban de inculcar en la familia. Pero una vez escuché a Bach y algo me pasó. Ahí el bicho me invadió, me dieron ganas de tocar piano. Me metieron a una escuelita en Almirante Barroso, mis viejos me compraron un piano con mucho esfuerzo. Luego pasé al Conservatorio, porque quería ser pianista y como un futuro de pianista es muy incierto, me decidí estudiar Licenciatura en Música en paralelo, a ver si me convencía. Cuando estaba dentro, la verdad es que cada vez que tocaba piano, la mitad del tiempo era jugar, así que ahí salió el bichito de la creación y me cambié a Composición. Ahí dejé el piano, de manera formal, lo que fue bueno, y me dediqué a hacer obras dentro de lo que se llama música contemporánea. Luego, en 2007-2008 me aceptaron en el IRCAM para estudiar, pero antes de irme yo ya estaba haciendo lo que me faltaba, lo físico: tocando. Es bonito hacer obras, pero la cantidad de tiempo en relación a las veces que tocan la música no sale a cuenta, así que decidí que quería estar en escena y no al fondo de la sala, muy nervioso.

-¿Y ahí llegaste a la música improvisada?

-OC: Ahí le propuse a Ramiro Molina y a Andrés Ferrari hacer un grupo que se llamó “Doctor Equilátero” y así partimos. Al regreso de Francia, empecé a vincular el piano con electrónica y ahí estamos, jugando…

-MM: En mi caso fue como una derivación. Como yo trabajo con el computador todo el día dije “basta”. No quería ocuparlo, además, para hacer música. No quería esclavizarme a la máquina. Me dije que estaba bien trabajar con el computador para ciertas cosas, pero en vivo, sobre un escenario; es más entretenido agarrar un par de cosas, un par de máquinas, y empezar a jugar en vivo, a la prueba y el error. Así llegué. Obviamente, también escuchando a quienes hacían este tipo de cosas, yendo a Piso 3 (sala de conciertos de música improvisada en Santiago), viendo a la gente que hacía música electroacústica…

-¿Y cómo podrían caracterizar la música que están haciendo?

-OC: Eso me lo han preguntado muchas veces, a todos nos pasa. En una reunión de gente te lo preguntan y cualquier palabra que uno use es un universo desconocido, así que hoy digo “hago música con cositas, ruiditos, etcétera”. Prefiero que la escuchen, antes trataba de explicarlo, pero me parece que es inútil.

-¿Y si alguien te preguntara muy interesado cómo es la música que tocan en el Fimi?

-OC: Es música improvisada (risas)… música que se hace ahí en el momento y necesita del público porque es una música que está hecha para el público en ese momento; una música cuyo proceso de composición y presentación convergen, ocurren simultáneamente. Yo creo que es una música viva, sobre todo.

-MM: En ese sentido, es bien interesante lo que ocurre entre el escenario y el público, porque uno dice ‘música improvisada’ y puede irse fácilmente para el jazz: esos largos solos, virtuosos, de esos músicos ensimismados que llegan a niveles sublimes. En el caso del Fimi, claro, hay músicos que vienen de esa raíz, pero el componente esencial es esa relación con el público: uno cuando hace algo en vivo está mirando lo que pasa con la gente y uno se retroalimenta de lo que la gente siente.

-Es interesante preguntarse cómo a pesar de los distintos acercamientos a la improvisación (hay gente que tiene educación formal, otros no; unos vienen de la electrónica, otros del jazz, otros del rock…) siempre se puede dar un diálogo. ¿Por qué creen ustedes que la música improvisada siempre permite la comunicación?

-MM: No se, yo entré mirando. Y dije “mmm, yo también podría improvisar”. No tengo ningún estudio. Pero, básicamente, lo que a mí me ha gustado de esta forma de hacer música es la libertad que tienen los diferentes participantes de intentar improvisar con cualquier músico o no-músico, con cualquier objeto o instrumento en un momento dado. En la improvisación libre uno puede desarrollarse como va sintiendo, quizás saldrá mejor o peor, pero siempre hay una disposición a ver qué pasa, hay una búsqueda. Siempre se va buscando más que encontrando…

-OC: A propósito de lo que decía Mika, me parece que la improvisación es una manera de democratizar el “arte” (con comillas) musical, una manera de extenderla a todas las personas, sacarla de los estratos de especialistas, porque todos tenemos la capacidad de hacer música. A lo mejor una persona no es experto trombonista, pero puede ser un maravilloso intérprete de papel, tocar el papel como nadie lo ha hecho antes. Cuando uno improvisa, uno tiene la mente abierta, tocar escuchando y escuchar tocando. Aunque uno proponga algo desde un punto muy lejano, siempre puede haber una convergencia y puede pasar cualquier cosa.

-¿Qué les parece cuando alguien dice que la música improvisada (o la “música experimental”) es una música elitista?

-MM: Podría ser de elite en el sentido de que hay poca gente que la expone, hay pocos lugares para verla, pero, en esencia, la idea es todo lo contrario. O sea, no es generar grupos de improvisación que sean famosos –tal vez sí, tal vez no- sino permitir que cualquier persona toque música. Se requiere, eso sí, un cierto nivel de tolerancia, para quien toca o escucha, porque la libertad rompe en seguida con los patrones que uno tiene asumido como lo que es y no es música. Hace unos días estuve tocando en Brasil. Al finalizar, se me acercó alguien y me dijo “muy bonito, pero lo tuyo no es música. No tiene ritmo ni melodía”. ¿Cómo yo le contradigo eso, si en realidad no tengo ritmo ni melodía ni letra? “Lo tuyo es más bien como arte”, me dijo. La vuelta es como larga, hay que romper con una serie de convenciones de toda la vida para que esto pueda masificarse de alguna manera.

-OC: Yo tengo la impresión que es al revés: no es que los circuitos de improvisación sean una elite, sino que los otros circuitos se han encargado de transformarse en elite, en monopolios, por lo tanto, es muy difícil que un público masivo acceda o sepa de esta música, que tiene un montón de años desarrollándose.

-¿De qué manera creen ustedes que tener una formación musical académica beneficia u obstaculiza la práctica de la improvisación?

-OC: La academia no es una institución, la hacen las personas que están dentro de la institución. Hay ciertas personas que piensan de una tendencia similar, pero uno se encuentra con personas que te sacan de ese encasillamiento o lógica. Yo tuve dos profesores que las mejores clases eran cuando llegaba a la sala y no había hecho nada, porque estaba bloqueado, por ejemplo. Y me decían “vamos a tomarnos un café”. Y ahí algo me hacía sentido, aprendía. Y eso igual era académico. Agradezco a Aliocha Solovera y Cirilo Vila, de verdad les agradezco. En términos personales, yo podría decir algo así como que ‘después que yo terminé mis estudios ha sido un largo, largo, camino para encontrarme a mi mismo’. Y creo que recién estoy dando con un atisbo de lo que podría ser yo, y eso ha significado sacarme completamente la academia de encima, y eso es muy complicado.

-En tu caso, Mika, sin tener una formación académica, te acercas a la Comunidad Electroacústica de Chile (Cech). ¿Cómo se produce y por qué?

-MM: Se produce porque Federico Schumacher (http://www.federicoschumacher.cl/-Bio.htm), que vivía en Francia en ese momento, viene a hacer un taller de especialización, un taller que por primera vez se daba fuera de instituciones, de manera abierta, para cualquier tipo de música. Y ahí coincidimos desde DJ, gente que estudiaba composición o interpretación, gente que no sabía nada, hasta músicos académicos. De ahí surgió el TallerElectro, donde la idea era juntarnos a compartir experiencias, respaldos informales de software, intercambiar opiniones, generar tocatas, etc. Ahí conocí a gente que estudiaba, compositores, profesores, y me di cuenta cómo ellos veían la academia. Muchos de la Cech, por ejemplo, no reniegan de la academia, lo ven como el lugar para experimentar y proponer temas distintos, pero a su vez ellos generan su propio movimiento porque tienen necesidades distintas. Para mi ha sido súper educativo.

-De un tiempo a esta parte, han aparecido muchos proyectos musicales “experimentales” y de música improvisada en nuestro país, con gente que viene de distintos acervos culturales, con distintos intereses y motivaciones. ¿Qué relación creen ustedes que tiene Internet con esto, en el sentido del acceso a la información o a tecnologías de bajo o nulo costo para producir, grabar, o distribuir música?

-MM: En algún punto si. Por ejemplo, la gente que hace circuit bending (http://es.wikipedia.org/wiki/Circuit_bent) o la que encuentra esquemáticos y hace lo que se lo ocurra a muy bajo precio. El acceso a generar un instrumento a muy bajo costo es un camino bien explorado en Chile, hay agrupaciones que tocan, festivales, talleres. Luego vino el Tsonami, de arte sonoro, que va por otro lado, pero integra la improvisación; el Festival Ai-Maako, que también albergó esta cosa de la improvisación generando un concierto aparte que llamó “Noche Blanca”, y, fundamentalmente, con el trabajo de Piso 3, ellos han sido el soporte de este movimiento. Aunque había muchos improvisadores antes de Piso 3, siempre es bueno tener un lugar donde ir a ver música improvisada constantemente.

-OC: Yo me quedé pensando en lo de “experimental”. Hay experimentación en muchas músicas, improvisadas y no improvisadas. No es condición de la música improvisada ser experimental. Creo que la mayoría de las veces en que una música se dice experimental, suele no serlo. Respecto al Internet, creo que ha ayudado, porque permite hacer un hilo, encontrar cosas, descargar libros. Yo recuerdo que en los ’90 la única forma de conseguir música era ir donde José Oplustil de Radio Beethoven o tratar de que algo cayera en Feria del Disco, lo que nunca sucedía. Oplustil hizo una gran labor difusora para toda la gente que hace esta música. Cuando vino el auge de Internet el universo de referentes se amplió inmensamente. Yo creo que Internet, en general, ha ayudado a la democratización de las posibilidades artísticas de todos quienes pueden conectarse. En los 80 para hacer lo que un programa hace hoy, se necesitaban muchas máquinas. Hoy cualquiera en su casa puede acceder a un mundo sonoro muy amplio.

-¿Qué piensan para su participación en el Fimi?

OC: Yo creo que es súper valioso que el Festival exista para toda la gente que tiene preguntas y buscan en el sonido la manera de responderlas y muchas veces quedan en el aire más preguntas. La experiencia de estar ahí es lo más valioso. Se aprende más viendo a un sujeto manipulando un sonido, viendo como se le escapa. La experiencia es muy valiosa.

MM: Yo apoyo a Óscar, porque lo que me atrajo de la música improvisada, porque yo venía de los softwares, era ir a ver una cantidad de cables y perillas en el suelo, y luego preguntarles a los músicos. Ahí empecé a conocer de pedales, efectos, en fin, y esa interacción era un verdadero taller, la práctica primero.

Óscar Carmona toca junto a Andrés Abarzúa el 23 de agosto a las 19.30 horas en la sala SCD de Bellavista.

Mika Martini acompañado de Dj Fracaso, con su proyecto Frank Behnko, toca con el sábado 25 a las 18.30 horas en la misma sala.

La entrada a todas las actividades es liberada. Toda la programación y detalles en www.fimi.cl

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