REPORTAJE. En las entrañas de Annie Sprinkle

 por Cristóbal Cornejo

Fuego y carne, cuerpo y espíritu, se dan la mano en la vida y obra de Annie Sprinkle, bella estrella del porno clásico devenida en feminista y activista posporno y ecosexual. Con un doctorado bajo el brazo, hoy recorre el mundo como artista y maestra, enseñando el auto-cuidado, el amor con la tierra, a masturbarse místicamente, siempre con ironía y gemidos de placer entre sus labios.

 

Annie Sprinkle es como una madre, pero no muchos desearían que fuese la suya. Una puta transformada en artista y sexóloga. Nacida en Filadelfia como Ellen Steinberg, en 1954, apenas alcanzó la mayoría de edad pasó de vender cabritas en el cine donde trabajaba a protagonizar cientos de películas que la transformaron en pornoestrella.

No es difícil imaginársela masticando chicle, ansiosa de descubrir las imágenes de esos gemidos en la oscuridad. “Garganta Profunda” se llamaba la película. Su director, Gerard Damiano, fue llevado a juicio y ella testificó. En esa circunstancia conoció a la actriz Linda Lovelace y se enredó sentimentalmente con el director, iniciando con “Teenage Deviate” una prolífica carrera en el porno tradicional.

Eran otros tiempos. Las películas contaban historias, había más vello púbico (fue una de las primeras en rasurarse en cámara) y llegaron los efectos especiales potenciando bizarras iniciativas. Pero nuestra diosa fue más allá. Una vez que su intuición le hizo ver el rol que tenían las mujeres en la industria, la normatividad genérica que se expresaba, agudizó sus perversiones, entregándose a una deriva sexual.

Y entró en el lado oscuro del cine X. Filmó una divertida película junto a su amigo Louie, un enano negro, hizo amigas afines “con las que nunca fingió una escena”, probó accesorios (desde dildos y esposas hasta longanizas que luego almorzaba el equipo de filmación), jugó al fetichismo y al sadomasoquismo extremo, lo que le valió el olvido de los directores conservadores “por pervertida”.

Disfrutó (porque siempre disfrutó) siendo atada, golpeada, raptada y violada; metiendo y dejándose meter puños por ano y vagina; teniendo sexo con amputados, con sangre menstrual, vomito, orina y fecas. Se perforó el clítoris en cámara y torturó penes a punta de palmadas. Ya había traspasado los límites y el porno debía subvertirse.

 

TAN ADENTRO COMO SE PUEDA  

Después de una cien películas, la “auténtica exhibicionista” dirigió su primera película: “Deep Inside Annie Sprinkle” (1982), donde hablaba a la cámara y jugaba a entrar en un cine porno donde prácticamente atacaba a la audiencia, hombres impactados con que la de la pantalla grande ahora devoraba sus penes en vivo. Había pasado al ataque. Filmó largas escenas hasta ese momento inéditas, en las que un vibrador le proporcionaba multiorgasmos.

Conoció el Tantra Yoga de mano de un amigo indio llamado Jamel y, “por primera vez tuvo una experiencia espiritual a través del sexo”, según confiesa en su hilarante película “Herstory of porn” (1999), considerada obra maestra hasta por el New York Times. Y claro, siguió filmando en esa senda: “Rites of passion” (1984) graficó la experiencia energética del sexo, en escenas donde su dirección apuntaba a plasmar el orgasmo cósmico, a través de efectos especiales (y espaciales), cromas y música new age.

Alarmada frente a la extensión del Sida entre actores y directores, a mediados de los ’80, formó “Pornógrafos promoviendo el sexo seguro” y nunca más filmó sin protección. Ya en los ’90, cumple su deseo y se transforma en “artista”, con películas más conceptuales, políticas, feministas y educativas.

“Female genital masage” enseña a masturbarse, inauguró el estilo “gonzo” o porno en primera persona junto a John Stagliano; apareció en películas experimentales de directores under, y creó el docuporno en una película junto al trans masculino Linda/Les Nichols, donde expande las posibilidades del sexo, derribando géneros y arreglando espontáneamente en cámara todas las posibilidades que permite una identidad movediza.

Su veta mística se profundizaba, dando forma al “medisturb”, práctica consistente en meditar y masturbarse simultáneamente, y descubría el salvajismo y su dendrofilia, erotizándose en bosques, rodeada de cascadas, con el vello de su cuerpo crecido. Con más de 40 años, asumía sin complejos el paso del tiempo.

A esa altura, Sprinkle prefería el lesbianismo, congregaba numerosas mujeres, artistas y prostitutas, activistas (post) feministas que empezaban a teorizar frente a su vida/obra. Sprinkle también lo hizo: Estudió y obtuvo un doctorado en Sexualidad Humana en 2002, cuando el posporno empezaba a ser objeto de análisis académicos y tesis doctorales desde la teoría queer.

En ese sentido, su pospornografía elimina las “fantasías de dominio” del porno tradicional sobre las mujeres, asumiendo una actitud de goce, de maestra/puta dispuesta a enseñarnos a todas (y públicamente) su conocimiento y capacidades.

Como señalara la filósofa Beatriz Preciado, desmarcándose del feminismo que busca la liberación o la igualdad legal, “este nuevo feminismo posporno, punk y transcultural nos enseña que la mejor protección contra la violencia de género no es la prohibición de la prostitución sino la toma del poder económico y político de las mujeres y de las minorías migrantes. Del mismo modo, el mejor antídoto contra la pornografía dominante no es la censura, sino la producción de representaciones alternativas de la sexualidad, hechas desde miradas divergentes de la mirada normativa”.

Sprinkle ha editado varios libros autobiográficos, teóricos y de autoayuda, realizó impactantes performances (“Public Cervix Announcement”, nos invita a celebrar los interiores del cuerpo femenino a través de un espéculo), y sigue dando cátedras en universidades y encuentros bizarros.

 

ECOLOGÍA CALIENTE

En 2003, Sprinkle contrajo un cáncer de mamas. Ese desafortunado hecho, sumado a la inexistencia de seguridad médica para la mayoría de las prostitutas y pornoestrellas como ella, la llevó a contraer matrimonio con su compañera Beth Stephens, artista y educadora sexual, quien sí tenía seguro. Esto, de salvación se convirtió en otra arista de su lucha política, visibilizando el abandono médico y legal de miles de mujeres y parejas homosexuales.

Ambas desarrollaron el concepto de “sexecología”, mezcla entre arte, teoría, educación ecológica-sexual y práctica, y una estrategia para crear una nueva relación con la Tierra (ya no como ‘madre’ sino como ‘amante’), emparentada con el eco-feminismo, que plantea la relación directa entre los sistemas de dominación ejercidos sobre el planeta y sobre las mujeres.

Hoy, su trabajo en conjunto se centraliza desde el Love Art Laboratory (loveartlab.org), con el show teatral Dirty Sexecology y sus bodas-performances, eventos políticos, feministas y artísticos, inspirados en el arte-vida, donde la reciprocidad de los asistentes se transforma en regalos simbólicos.

Y así sigue Sprinkle, risueña, sensual, enseñándonos algo que nos refleja a todas, convirtiendo imágenes amadas y odiadas en ensayos políticos, reconectándonos con el lado animal, ecosistémico, aportando al cambio de conciencia y (des)orden social.

One Response to REPORTAJE. En las entrañas de Annie Sprinkle

  1. orco dice:

    grande annie! Un ejemplo a seguir para mujeres y hombres. Buen articulo. gracias sangria

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