En la mitología Griega, Prometeo fue un Titán que, amigo de la raza humana, robó el fuego a los Dioses para entregárselo a los hombres, hecho que le provocó el castigo de Zeus. El robo del fuego viene a ser una metáfora de sabiduría y conocimiento de algo que estaba solo en poder de los dioses y que ahora también poseen los hombres; el fuego como un símbolo de poder transformador y fuente de sapiencia.
Prometeo también es el nombre del último filme del director Ridley Scott que actualmente está en cartelera. En la cinta, es el nombre de la nave espacial en la que a fines del siglo XXI un grupo de científicos viaja hacia un planeta desconocido que han encontrado repetidamente dibujado en pinturas rupestres de distintos países y periodos en la historia de la humanidad; un dibujo que infieren como la “cuna” del primer origen del ser humano.
El viaje del grupo a bordo de Prometeo dura dos años, tiempo en el que viven en una suerte de criogenia dentro de cápsulas individuales y en que la nave está a cargo de un organismo cibernético ultra avanzado de aspecto totalmente humano. En el planeta de destino los espera un lugar demarcado como pista de aterrizaje y un gran monte hueco y lleno de túneles que los conducirá hacia la respuesta que buscan sobre cuál es nuestro origen.
La película transita por todos los lugares habituales de la ciencia ficción cinematográfica, con el plus de que está hecha por un director de excelencia, que conoce -como no muchos hoy- el género, y que logra darle interés y altura a un filme que en otras manos no habría pasado de ser una buena película de aventura espacial.
Scott maneja el suspenso y la tensión con pulso firme y experimentado. Hay claras evocaciones a esa obra maestra del género que es Odisea del espacio 2001 de Stanley Kubrick y muchísimas referencias bastante explícitas a otro gran filme: Alien (primera entrega de la saga), dirigida por el propio Scott a fines de los setentas y que se mantiene como un título referencial hasta hoy.
Incluso podríamos decir que Prometeo deviene en una suerte de precuela de Alien, el octavo pasajero, lo que no resta méritos a la cinta aquí comentada. Prometeo, a pesar de las referencias, tiene vida propia e indaga sobre la idea de que somos polvo de estrellas y que nuestro origen, que duda cabe a estas alturas, está situado en los confines del Universo. El asunto es saber qué consecuencias nos puede traer el descubrir la respuesta a la pregunta acerca de dónde venimos. Aquí subyace el conflicto de la película y es el motor que impulsa la acción, porque la respuesta a la pregunta no es gratis e implica que toda la expedición pone en riesgo la vida.
No cabe aquí dar detalles de la trama, ya parte fundamental de los méritos del filme está en el suspenso creado. La cinta está además apoyada en una soberbia dirección de arte y una depurada fotografía, aspectos que, juntos, logran imprimir una oscura y tensa atmósfera visual, que confiere al conjunto una gran coherencia entre forma y fondo en la historia.
Después de varios años alejado del género, Scott vuelve en gran forma, afirmado en su mítica Alien, pero reimpulsado por una historia interesante, un guión sólido y un conjunto de actores de pareja solvencia.
Prometeo
Dir: Ridley Scott.
Con: Naoomi Rapace, Michael Fassbaender y Guy Pierce, entre otros.














