CRÍTICA. El año del tigre

por Piero Saavedra

 

La primera evidencia de madurez en la dirección en esta película es la de escoger un caso individual dentro de una tragedia social. Eso permite que El año del tigre, tercer largometraje de Sebastián Lelio, esté narrado desde el punto de vista de Manuel (Luis Dubó), el reo que escapa de la cárcel de Curepto tras el 27/F. En sus imágenes aparentemente distanciadas, el compromiso emocional del espectador está sólo con él. Literal y escénicamente “solo”, porque la geografía donde se mueve está vacía y arruinada.

Otra demostración en la misma línea corresponde a la prescindencia de aquella puesta en escena irregular, esa cámara sucia más notoria en La sagrada familia que en Navidad. Lelio entendió que el control de estilo tiene mejores retornos en orden a captar desequilibrios y convencer con ellos. Sobre todo cuando el sentido de la fijación, angulación y duración del plano son funcionales para una cinta extrañada cuya única estridencia es la sacudida detonante del conflicto.

Quien ostenta estas muestras de progreso escogió rodar en locaciones de regiones: Curepto, Duao, Iloca, Constitución. Inmediata al nivel del periodismo y escrita con urgencia sobre la base de una realidad entregada, El año… parece ser una obra muy simple y muy poco trabajada. Sin embargo, esa impresión es refutada en cuanto el relato, a propósito de víctimas y pueblos devastados, conduce lentamente a territorios bastante oscuros de una conciencia herida.

Por de pronto, aquí existen tanto una voluntad alegórica como una alusión al Antiguo Testamento. Ambas quedan enunciadas en las situaciones que Manuel vive con un tigre de circo enjaulado, sometido, asesinado. Y más tarde en su encuentro casual con un campesino (Sergio Hernández), hombre destruido afectivamente, abandonado por su esposa e hijos y derrotado por el alcohol.

Son incidencias que, pese a rayar en la abstracción, revelan algo concreto. Oblicuamente, refieren a una distorsión en las profundidades del paisaje humano previa a la catástrofe. Es una observación lateral del director en esta oportunidad, pero que aprovecha para poner en entredicho nuevamente la institución familiar y, de paso, el panorama social completo.

Así las cosas, el calvario del protagonista lleva sobre sí una carga nihilista, una ausencia de Dios en vez de su presencia castigadora. Un vacío metafísico sólo llenado por la violencia de la naturaleza y un sujeto enfrentado a ella, a medio camino entre la revelación y la disociación. Manuel, extraviado como está, intenta encontrar respuestas gracias a la primera, pero termina colapsando por causa de la segunda.

El año del tigre confirma que las historias de Sebastián Lelio funcionan mejor en la transmisión de la crisis visible que en la retórica relativa a la trascendencia. Su tema no es el duelo, sino el viaje hacia la perturbación psíquica y moral. Una que traspasa la pantalla y nunca deja de interesar, en la más luminosa de las cintas sombrías dirigidas por un autor en proceso de maduración y superación. Enhorabuena.

EL AÑO DEL TIGRE Dirección: Sebastián Lelio Guión: Gonzalo Maza Con: Luis Dubó, Sergio Hernández, Viviana Herrera 82 min. Presentación en Festival de Cine B. ESTRENO EN SALAS: MAYO 2012

may 31, 2012 | Archivado en Cine, CRITICAS and tagged with , , , , , , , , , .

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Un Comentario Subscribete a los Comentarios


  1. Anónimo

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    23 abr, 2013 a las 19:02

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