CRÍTICA. Drive

por Piero Saavedra

La introducción de Drive, una película con su propia hoja de citas y referencias, remite  a The driver (1978), de Walter Hill, y su crispada persecución automovilística. Su director, el danés Nicolas Wending Refn, no pierde tiempo en plantear la contradicción de su personaje. Esta vez, Ryan Gosling interpreta a ese chofer para delincuentes, iluminado con los rasgos de un deportista de alto rendimiento: racional, controlado, que mide los minutos exactos de su función. Y eso sólo durante las noches.

Durante el día, el conductor trabaja en un taller mecánico y gana algo de dinero como doble de acción en Hollywood. Es Shannon (Bryan Cranston), su jefe, quien consigue el presupuesto para las producciones donde su empleado y compañero pueda desplegar su virtuosismo. Y es Irene (Carey Mulligan), junto a su pequeño hijo, quien llenará su vida afectiva. El problema es que ella es la mujer de Standard, un criminal que está por salir de prisión.

Cerca de la mitad del relato, el piloto –no tiene nombre- encuentra a un moribundo Standard y se involucra en su desgracia. La banda de facinerosos liderada por Bernie Rose (Albert Brooks), la misma que ha negociado con Shannon, no tardará en estar tras sus pasos. En esto poco importa el realismo y la coherencia. Una cinta tributo a los thrillers de los 60-70’s, pone por encima la violencia sobrecargada, las narrativas laberínticas y la presencia de lo siniestro.

Pero los artilugios visuales son manipulados por un cineasta que, desde luego, tiene talento y compone endiabladamente bien, aunque en buena parte del metraje no se mide. Si el conductor presencia un asesinato, lo estiliza. Si el conductor mata a sangre fría, lo magnifica. Si el conductor demuestra afectos, subraya la idea. Es el conflicto en el cual el exceso de pretensiones desborda las legítimas ambiciones. Es una búsqueda ansiosa de admiración, aquella que tuvo recompensa en el último Festival de Cannes.

Las películas de superhéroes o de hombres corrientes transfigurados en héroes, ya son un subgénero y poseen su propia cadena de afectaciones. En Drive, el protagonista, desgarrado entre la rutina y el delito, encuentra a las personas que lo salvan del abismo existencial. Tras ello, desea protegerlas y, más tarde, con ese objetivo en mente, inicia un viaje al fondo de la noche. Un viaje sin retorno que sólo encuentra salida en la tragedia y el sacrificio.

Wending Refn es astuto en reciclar géneros, entusiasmar y ganar empatías. La evolución de su protagonista está envuelta en el nervio del thriller, la moral cuestionada del cine negro y, no en última instancia, en el terror gótico materializado en sus muchos personajes-demonios. En esas fuerzas de la muerte que filtran las historias secundarias e incluso Los Ángeles completo.

En el plano más convencional, Drive es el retrato de un sujeto disfuncional que conecta con los demás mediante una misión vicaria. En el más atrevido, es una actualización de imaginación gótica con una identidad líquida en su centro. Pero incluso este último nivel está contaminado por toda la pulcritud, el cálculo y el artificio que Wending Refn impregna en su puesta en escena. Es un aire de superioridad fílmica y, como dice Ascanio Cavallo, por ahí nunca vamos bien.

 

DRIVE Dirección: Nicolas Winding Refn Guión: Hossein Amini Con: Ryan Gosling, Carey Mulligan, Albert Brooks, Ron Perlman, Oscar Isaac Duración: 100 minutos.

may 15, 2012 | Archivado en Cine, CRITICAS and tagged with , , , , , .

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Un Comentario Subscribete a los Comentarios


  1. Xime

    Me provocó sentimientos encontrados esta película. Pero igual me mantuvo atenta todo el rato.

    01 jun, 2012 a las 23:41

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