CRÍTICA. Ashes to Ashes

por Constanza Escobar

“Mi nombre es Alex Drake. Acaban de dispararme y esa bala me ha transportado a 1981. No sé si estoy a un segundo de la vida, o de la muerte. Todo lo que sé es que tengo que luchar. Luchar para vivir, luchar para ver a mi hija, luchar para volver a casa”.

Cómo continuar una de las grandes series de la televisión británica sin recurrir al autoplagio o al recurso simple, pensé al saber de la existencia de Ashes to Ashes. Cómo seguir una historia que había acabado con un final tan redondo y al mismo tiempo fascinante. Cómo elaborar una serie de continuidad luego de un último capítulo que cerraba todo al tiempo que abría tantas y nuevas interrogantes. Ante ello, mi actitud sobre lo que era una suerte de secuela de Life on Mars fue de duda e intriga a la vez. Sin embargo, al poco andar estos descréditos iniciales dieron paso nuevamente al asombro, necesidad y adicción por conocer un capítulo más, y corroborar cómo se iba construyendo y desencadenando esta intrincada historia.

Para los que han visto Life on Mars, la historia de Ashes to Ashes, su sucesora (también de la BBC), en términos generales es bastante similar. Dando inicio en Londres de 2008, la serie muestra la historia de Alex Drake, una detective que luego de recibir un disparo en la cabeza, perpetrado por su secuestrador, despierta 27 años antes. Esta vez no en el  Manchester de los 70´s, sino que en Londres de 1981.

Ya en el primer capítulo vemos cómo Alex se encuentra con DCI Gene Hunt, DS Chris Skelton y DI Ray Carling. Y digo se encuentra porque Alex justamente, y por su especialidad en psicología, había estado estudiando la historia de Sam Tyler (Life on Mars) y de los personajes con quiénes convivió mientras se encontraba en coma. La sorpresa de Alex es mayúscula al ver a esos mismos “constructos mentales” (como ella los califica) y tener que desenvolverse en la Policía Metropolitana de Londres al mando de Gene con este equipo que ha sido transferido desde Manchester. Sin embargo, esta vez para Alex Drake, la explicación no es otra que encontrarse de cara a las creaciones de su subconsciente mientras ella se mantiene en coma.

La serie se desencadena en un ambiente netamente ochentero, los personajes han evolucionado y muestran claras evidencias de lo que es la tendencia de la época, bajo una ambientación que recrea el estilo y contexto de los 80´s: una Inglaterra bajo el mando de Margaret Thatcher, el conflicto de Las Malvinas, corrupción policíaca, entre otros. A los ya conocidos Chris y Ray, se suma un nuevo personaje, la agente Sharon Granger (Shaz), que imprime nuevos aires al ambiente masculino y cargado de bromas machistas y de doble sentido. Otro “personaje” lo constituye el Audi Quatro, la joya especialmente cuidada y manejada por Gene Hunt que cobra una relevancia fundamental ya desde el primer capítulo.

A lo largo de la serie cada capítulo nos presenta un crimen a dilucidar, una situación relacionada con algún aspecto específico de la vida de Alex que ésta debe resolver, y que se convierte en su lucha personal para poder despertar en 2008 y volver con su hija. Alex se reencuentra con aspectos de su pasado inconclusos, se relaciona con sus padres, al tiempo que se enfrenta y analiza críticamente detalles y personas de su pasado. Sin embargo, al pensar que todo es una creación de su mente, no duda en buscar una explicación racional que conecte y aclare todo suceso ante el que se encuentra. Durante la primera temporada, la detective Drake es perseguida por el payaso del video de Ashes to Ashes (de Bowie) – tal como la Test Card Girl acechaba a Sam Tyler- de quien posteriormente se revelará su verdadera identidad.

Posteriormente, y acentuándose en las siguientes temporadas (especialmente en la tercera), los capítulos van evolucionando enfrentando y revelando en cada uno de ellos, aspectos específicos de los restantes personajes, dando mayores bríos a los conflictos internos y a la carga de vida que cada uno de ellos lleva consigo.

Un personaje relevante y significativo, dada la continuidad en ambas series, lo constituye Gene Hunt: un policía de la vieja escuela, con sus propios métodos poco ortodoxos, políticamente incorrecto,  racista, misógino, con quien Alex se encuentra en tensión a lo largo de la serie, un verdadero “Gene Genie”, que resuelve crímenes cual sheriff en su dominio, pero que a pesar de todos estos atributos deplorables posee un gran sentido de la lealtad con su equipo y probidad ante la labor policíaca, aspecto que se ve en juego en la segunda temporada ante una misteriosa “Operación Rosa”.

Los puntos álgidos de la relación con Alex se encuentran principalmente en los métodos utilizados por Gene para la resolución de conflictos, cuya brutalidad contrasta radicalmente con las resoluciones de Drake, quien basa sus pericias en la elaboración de perfiles psicológicos para atrapar a los culpables. Así, vemos en esta relación un símil a la mantenida por el protagonista con Sam en Life on Mars. Sin embargo, aquí nos encontramos con un Gene con mayor capacidad o facilidad para ceder ante las presiones y requerimientos de Alex, y guiado en menor medida por la fuerza bruta que en la serie anterior,  en una relación que también se encuentra cruzada por una constante tensión sexual entre ambos personajes. Una relación amor-odio,  que se ve acrecentada a medida que aumentan los cuestionamientos de Alex respecto a la situación de Sam Tyler y su desaparición, y que se complica aún más con la llegada de DCI Keats, quien aparentemente investiga el funcionamiento de la delegación y de cuyo reporte depende la continuidad del departamento.

En definitiva, una serie altamente recomendable que se presenta como una consecuencia coherente de Life on Mars, y que si bien tiene aspectos y recursos similares, logra encontrar sus propias historias, lo que la convierte en un producto que aunque conectado con su predecesora logra valer por sí mismo. Aspecto que se remarca en un final apabullante, que no podía ser más preciso, revelándose la verdadera identidad de Gene Hunt y los demás personajes, y conectando y resolviendo finalmente interrogantes irresueltas de Life on Mars y Ashes to Ashes, completando un círculo perfecto que no hace sino dotar de nuevos sentidos la letra que da nombre a la serie.

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