CRÍTICA. Juego de Tronos, la serie

por Álvaro Silva

Es fácil odiar la fantasía, o por lo menos, rehuirla. Quién sabe porqué. Es el mundo demasiado cínico hoy en día quizás. Quizás sea mal visto el leer fantasía. Quizás el boom gracias a las películas de “El señor de los anillos” ya pasó, y no es tan cool decir “Namarië” en vez de adiós. Lo cierto es que uno de los problemas de la fantasía es que tiende a repetir ciertos esquemas. Y después de la obra capital de Tolkien, su influencia se deja sentir, a veces más de la cuenta. Como alguna vez comentara Terry Pratchett, el Señor de los Anillos es como el Monte Fujiyama, famoso porque los artistas japoneses siempre lo dibujaban en sus acuarelas.

George R.R. Martin, autor de culto por parte de los círculos de amantes de la ciencia ficción, sorprendió a todo el mundo en 1996 con Juego de Tronos, el primer libro de su saga Canción de Hielo y Fuego. Esta obra que marcó un quiebre en la fantasía, elevándola a un nivel más adulto. La prosa de Martin es en igual partes cruel como poética, y el mundo por él propuesto acompaña a su estilo. El autor no le hace asco a hablar de temas ausentes de la fantasía más normal, como el incesto, y su estilo narrativo donde cada capítulo está contado desde el punto de vista de un personaje lo hace, a la vez de cercano, sumamente ágil e interesante como forma de construir el relato. Se olvida de un narrador omnisicnete que todo lo sabe, y muchas veces, los grandes acontecimientos suceden muy lejos de estos roles protagónicos, los que o bien sufren las consecuencias de éstos o esperan con angustia el devenir de acontecimientos que claramente se escapan de su control. Por otro lado, se nota la experiencia de Martin en el ámbito audiovisual, ya que su narración es sumamente cinematográfica, recurriendo a interesantes elipsis y otros elemento narrativos que encajan perfectamente en un estilo visual.

Así, un traspaso a imagen era cosa de tiempo. Se rumoreó una adaptación cinematográfica, pero la adptación no se hizo realidad hasta que HBO tomó el primer libro de la macrosaga de Martin y lo transformó en una serie de television de 10 capítulos.  Juego de Tronos se estrenó el 17 de abril de este año, con la habitual calidad en la producción, y consecuente éxito de las series de esta cadena.
Juego de Tronos transcurre en un mundo imaginario, muy parecido al nuestro (quizás este, en “otra época de la imaginación”, como diría Tolkien) con la diferencia de que, por algún suceso cósmico, las estaciones duran décadas. Además, existe el recuerdo, y muchas veces, los vestigios de una magia antigua que parece retornar lentamente. Al tiempo que se acaba un verano que ha durado mucho tiempo y se acerca un invierno que parece especialmente duro. La mayor parte de la acción transcurre en el continente llamado simplemente Poniente, gobernado bajo un sólo reino instaurado hace tres siglos, cuando Aegon Targaryen, El Conquistador, unificó a los cinco reinos anteriores, ayudado por sus dragones. En el norte de este continente, se eleva El Muro, una construcción titánica construída hace milenios para contener una amenaza sobrenatural que casi destruyó la civilización de Poniente. Esta línea de defensa está custodiada por la Guardia de la Noche, una orden militar casi monástica, seriamente de capa caída. La historia arranca 15 años después de que Aerys Targaryen, el último rey dragón, cayó tras la rebelión  encabezada por Robert Baratheon, que se coronó como el nuevo monarca de los cinco reinos. Después de perder al último adminstrador del reino (cargo llamado “La Mano del Rey”) en extrañas circunstancias.  Para reemplazar a su antiguo consejero,  el Rey va a buscar a su amigo Eddard Stark a su fortaleza del norte, Invernalia, para ubicarlo en el puesto.  Eddard se muestra renuente todo el tiempo, pero que finalmente accede por su sentido del deber y el compromiso con su gran amigo. Por mientras, al otro lado del mar, los últimos Targaryen, Viserys y Daennerys buscan la forma de regresar a Poniente para recuperar el trono de su padre.

Así arranca la historia que, sorprendentemente, huye de lo esperable en una producción épica, pasando de las grandes batallas y centrándose más en los juegos de intrigas y traiciones de las casas nobles, principalmente los codiciosos Lannister por hacerse del Trono de Hierro, enfrentadas a la nobleza (aunque no sin mella) de los Stark. Siguiendo los parámetros del libro, la serie no teme ser cruel y sórdida, coherente con el mundo que se presenta, un retrato bastante fiel de una Edad Media, imaginaria, sí, pero muy real en sus matices. No es idílica, pero tampoco cae en la sobreexplotación de la crueldad, por suerte hay un balance. Además de la sangre y el sufrimiento, una sensación de maravilla acompaña a cada paso mientras descubrimos los distintos rincones del mundo de Juego de Tronos:  El Muro, alzándose hasta donde alcanza la vista, imponente límite del “mundo conocido”: Invernalia, baluarte de los Stark; Desembarco del Rey, la capital del reino; Nido de Águilas, un inexpugnable castillo ubicado en la cima de una montaña; los Mares de hierba Dothraki, fiero pueblo libre que recuerda en partes iguales a los mongoles y a los maorís.

Martin siempre ha declarado que prefiere la ficción histórica a la fantasía, y ve su monumental obra como tal. En la novela, la estructura narrativa donde la historia avanza siguiendo el punto de vista de cada personaje, ayuda a dar esa sensación de realidad, y en la pantalla, el gran nivel de producción de la serie está orientado completamente a la recreación de una época imaginaria, por más extraño que parezca el término, logrando igual nivel de realismo y cercanía, olvidando muchas veces que estás viendo fantasía y no una serie histórica. Aumenta la calidad de la propuesta el acertado casting de la serie, encabezado por Sean Bean en el rol de Eddard Stark. Todos los actores escogidos están perfectos en sus personajes, y son capaces de mostrar todos los matices con los que Martin los dota en su versión literaria.

La primera temporada de Juego de Tronos adapta el primer libro de la saga Canción de Hielo y Fuego; la segunda temporada, basada en el segundo volumen de la serie (“Choque de Reyes”), se encuentra en producción y se espera su estreno el próximo año. Como serie, completamente recomendable, y como experiencia literaria, también. En los restantes volúmenes (hasta el momento, cuatro: Choque de Reyes, Tormenta de Espadas, Festín de Cuervos y Una Danza con Dragones, quedan los dos últimos aún no escritos) Martin sorprende a cada paso. Su historia nunca pierde coherencia y la lleva a extremos de dar giros sumamente crueles para el lector. Crueles, pero esperables. Nada parece forzado en Juego de Tronos, todo fluye, razgo que se agradece. Si ya disfrutaste de la serie, sólo queda esperar de la ansiada segunda temporada. Y si la has dejado pasar frunciendo la nariz ante otra producción épica, atrévete a ingresar a las cada vez más frías tierras de Poniente. Cuando el cine se repite en banda entre innecesarias segundas partes, remakes, reboots y cintas de formula, siempre es grato ver que fuera de ella se encuentran producciones de una calidad cada vez más creciente.  Sin lugar a dudas, Juego de Tronos eleva un poco más la vara de esta excelencia televisiva.

El increíble opening de la serie, un viaje por algunos de los puntos importantes de Poniente. Ojo, que cada detalle y símbolo habla del transfondo de la serie.

One Response to CRÍTICA. Juego de Tronos, la serie

  1. fabián dice:

    Increíble la serie, con dos de los mejores personajes que he visto: Tyrion Lannister, un enano papasote; y Daenerys Targaryen, bella y brígida como ella sola!

    Quizá los primeros dos capítulos son algo engañosos, pues son un poco más lentos que el grueso de la serie, pero de ahí en adelante se vuelve un espiral cada vez más apasionante.

Deja un comentario

Buscador
Síguenos