CRÍTICA. Balance Patriótico

De 1925 a 2011, la misma historia:

“Balance Patriótico” de Vicente Huidobro, un texto atingente para un conflicto enfermo de añejo

Frecuentemente nos comportamos como “grandes” buscando degustar la promesa de conquista, progreso y heroísmo que alguien vino y nos lanzó. Frecuentemente divisamos el encanto de la ciudad a gran escala, esa hecha por nosotros para sitiarnos de los otros.

Y tan sólo a momentos nos miramos de reojo para ir sabiendo, poco a poco, lo que realmente somos. O más aún, lo que realmente nos ha sucedido.

 por Francisca Yévenes

 Hacer un repaso de la historia con “mayúscula”, es un gesto de responsabilidad y sensatez. Es colocar en jaque al sistema, a lo “general”, a la razón y sus límites. Hacer un repaso de la historia social, política y económica de nuestro país, es hacer hincapié en nuestros procesos de identidad para sumergirnos en la historia ignorada y caer en cuenta que por siglos, han sido siempre los mismos, los beneficiados.

“Balance Patriótico”, texto enhebrado y tejido por el fundador del Creacionismo y principal promotor de la literatura de vanguardia en América y Europa, Vicente Huidobro, fue publicado un 8 de agosto de 1925 en la página 2 de Acción, diario de purificación nacional. Año crucial en la gestación de las políticas sociales en el país.

El texto, que configura una visión de la situación política y social de Chile a poco más de cien años de su independencia, resulta descabelladamente atingente para el resto de nuestros días y confirma el estado anímico de inestabilidad y la forma fragmentada que nos sucumbe cuando creemos haber traspasado el umbral del progreso, del bienestar y del éxito.

Pareciera, porque así lo dicen los hechos y los cuerpos, que se entra velozmente en un profundo y profuso estado de descomposición. La búsqueda por ser modernos, y por ende capitalistas y liberales, tanto política como económicamente, nos ha dirigido a la manera más vacua de nuestra representatividad, responsabilidad y compromiso social, político y corporal.

Dijo Huidobro en su “Balance Patriótico” (adelantándose por años a los hechos o prediciendo el continuo de nuestros cuentos existenciales): “Necesitamos lo que nunca hemos tenido, un alma. Basta repasar nuestra historia. Necesitamos un alma y un ariete, diré parafraseando al poeta líbero. Un ariete para destruir y un alma para construir”.

El año 1925 y el balance, marcan un quiebre en la obra del poeta. Atrás queda su poesía creacionista para situar por delante un discurso político dirigido primordialmente a la juventud chilena. Y un discurso, que posado sobre una estética literaria, propone la ruptura de una hegemonía política, económica, cultural, social e individual. Hegemonía que acabó glorificándose en un modelo. Nuestro modelo actual.

El tránsito de Huidobro fue una búsqueda personal, pero también social. Sus primeros escritos, tales como “Non Serviam” (1914), “El Creacionismo” (1916) y “Adán” (1916), pusieron su énfasis en la ruptura de un tipo de escritura formal y lógica que favorecía el antiguo tradicionalismo ideológico, esquivando la duda, el rechazo, el descontento y la crítica.

Fue en distancia, y luego de 10 años de viajes entre América y Europa, cuando Vicente arriba a Chile, siendo señalado como el poeta más joven de nuestro país. Aquí, las ideas del poeta dirigen su armatoste hacia el “recambio generacional”, hacia el “pensamiento crítico”, hacia una “Juventud pensante” que busca constituirse en un nuevo sujeto histórico. Ímpetu que lo lleva a fundar el periódico Acción, diario de purificación nacional (donde saldría publicado “Balance Patriótico”),  a ser candidato presidencial en 1925, apoyado y promulgado por la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, y finalmente, a ser candidato a diputado por Santiago en noviembre de ese mismo año.

Quince años después de la conmemoración del centenario de la República de Chile, el poeta – que es parte de la oligarquía chilena- despliega su crítica hacia la corrupción y degeneración de las clases gobernantes, hacia el materialismo imperante y por sobre todo, Huidobro proclama el nacimiento de la FECH en 1906 como un organismo que amparando los movimientos estudiantiles y las vanguardias literarias, cuestiona la trayectoria intelectual de un país, fortaleciendo el carácter político y social de los ciudadanos y ciudadanas, la conciencia como grupo social más allá de los intereses individuales.

Hoy, vemos que la búsqueda de Chile a sus 200 años, teniendo de referencia malos ejemplos de naciones afincadas en el “progreso económico” que chutean la “calidad de vida”, ha sido, finalmente, un estilo radical de puros individualismos. No hay nada más capitalista que esto. Y a su vez, nada más primitivo, majadero e ignorante.

Es cierto que en la actualidad los niveles de pobreza son inferiores a los que existían en 1910, como también es cierto que la desigualdad social se mantiene inalterable.

Es cierto que los índices de calidad de vida son inferiores a los de hace un siglo, pero también es cierto que la desigualdad social se mantiene inalterable.

Las clases dominantes y los administradores del sistema político han sido y son, los principales beneficiarios del sistema económico y los primeros en defender, a través de la letra chica, las frases hechas, el doble discurso y la falta de intelecto, un sistema exclusivo. Por falta de materia gris en el lóbulo frontal de quienes han administrado y “pensado” este país (y a quienes, lamentablemente, hemos votado), hoy nos vemos sumergidos y nadando entre discursos oficialistas que nos refieren al “éxito” y la “modernización” de Chile. Me pregunto ¿cuál Chile?

Vicente Huidobro fue sensato y tal vez ingenuo, pero por sobre todo suspicaz para referirse a las “patria”, lo “patriótico” y a los “patrones” con rebeldía: “Es inútil hablar, es inútil creer que podemos hacer algo grande mientras no se sacuda todo el peso de esos viejos políticos embarazados de palabras ñoñas y de frases hechas”.

El poeta de 1925 exigía lo que aún sigue disfrazado, un país con bases institucionales, culturales, políticas, sociales y materiales que empuje y nos empuje hacia una nación más inclusiva.

Y para eso, suficiente ya, de que sean siempre los mismos, los exclusivos.

“El país no tiene más confianza en los viejos, no queremos nada con ellos. Entre ellos, el que no se ha vendido, está esperando que lo compren. Y no contentos con tener las manos en el bolsillo de la nación, no han faltado gobernantes que emplearán a costillas del Fisco a más de alguna de sus conquistas amorosas, pagando con dineros del país sus ratos de place. ¿Y éstos son los que se atreven a hablar de patriotismo? Roban, corrompen las administraciones y, como si fuera esto poco, convierten al Estado en un cabrón de casa pública”.

Somos porfiados y porfiadas, pero aún más porfiado es el desgarramiento estructural que hoy en día estamos viviendo y requiriendo. El marco de restricciones desde el cual se practica el ejercicio de poder de algunos y algunas, está enfermo porque nunca ha sido sano. Y debe desplomarse y quedarse solo, porque nunca ha hecho referencia a la unidad política, sino a puros proyectos personales. Porque no quiere resolver conflictos y construir desde y para, el bien común.

“Balance Patriótico”, desde su lugar pasado, resulta un texto vigente y atingente, que acusa, ofende y desenmascara con coraje la mirada desviada de los problemas importantes, que sólo pretende seguir maquillando a Chile como un país desarrollado.

¿Desarrollado en qué? ¿Por quién? ¿Hacia dónde dirigimos nuestro desarrollo?

“¿Qué se puede esperar de un país en el cual al más grande de los ladrones, al que comete la más gorda de las estafas, se le llama admirativamente: ¡gallo padre! Este es un peine, dicen, y lo dejan pasar sin escupirle el rostro? ”

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