CRÍTICA. Sobres violentos y violentados…

por Francisca Yévenes N.

Sobres violentos y violentados, ilusos y listos:

La protesta estudiantil, el acto de creación política más simple y crucial

en un modelo social construido a gran escala

 

“Somos responsables, en tanto que individuos”
Jean-Paul Sartre.

“Crear es resistir. Resistir es crear”
Stéphane Hessel.

“… si queremos respuestas a esta crisis económica, que nos conduzcan a un mundo más saludable,
más justo, más pacífico…vamos a tener que salir a las calles y obligarlos a hacerlo”.
Palabras al cierre del documental The Shock Doctrine,
de Naomi Klein.

Transitamos la ciudad, casi siempre, en gran escala. Nos rodeamos de cosas aparentemente grandes, nos venden grandes aparatos, nos endeudamos en grande, nos hablan de un gran país y de que debemos comportarnos como grandes. Sobran los que se creen grandes, se alimentan en grande y enjuician – ya saben- en grande.

Tal vez lo más lamentable de la “grandeza” es que es envolvente. Y a su vez, un mero artificio.  Es ciega y falsa, egoísta y tramposa. Coloca sus propias reglas y nos acostumbra a la generalidad de las cosas en vez de las particularidades, esas que nos refieren a las esencias y a dudar del guión y la puesta en escena de lo “grande”, de lo “histórico”, del “progreso”, de aquella obra que todo lo reduce al eje dramático de la economía.

Hablar de la esencia y de las cosas simples, asusta a varios miembros de la “grandeza” y promotores de la “uniformidad”. ¿Por qué? Porque coloca en jaque al sistema, a lo general, a las leyes y normas, a la razón y sus límites, porque hace hincapié en donde no hay identidad sino mera renuncia.

El acto simple brota de la pasión, vibra por sus pulsiones y rememora al instinto de supervivencia; el acto simple quiebra la vida ordenada (por esconderse muy dentro de ella) y agita; el acto simple reclama desde su pura y pequeña percepción; el acto simple no le rinde culto a lo universal, no celebra totalitarismos ni democracias, no busca abanderarse. Lo que sí se advierte a menudo, es que lo simple, es sospechoso para la gran escala del país.

El acto simple es también -como un recuerdo lejano que es devuelto entre tanta superabundancia de cosas grandes-, creación, y por tal, se hace existencia, habla de vida, personalidad, verdad e individualidad. Así “lo simple” hace también una profunda y reflexiva política de las cosas, porque desnuda la verdad totalizante (política y economía generalizada) para llegar a verdades  o a manifestaciones más propiamente humanas y en relación con el entorno. Aquí encajan las protestas estudiantiles por la educación que se han desplegado por varios años y décadas, pero que particularmente éste año han sido catalogadas como “creativas y originales”, “innovadoras y pacíficas”, por los medios de comunicación (términos que claramente corresponden a la lógica dominante hoy en día, esa que cataloga – y nos cataloga- dependiendo de la utilidad, en servicio de…)

Las protestas estudiantiles y sus formas, no son una abstracción. Se sustentan más en la simpleza y pulsión individual y colectiva, que bajo la etiqueta moderna y economista de la “innovación”. La protesta, la protesta estudiantil, nuestra protesta nacional por la educación, busca desobedecer a los artificios sociales para dejar libre expresión a las esencias y verdades de la especia humana y las estructuras sociales. Es así, como la protesta estudiantil resulta en sí misma una verdad; la verdad de un cuerpo – o muchos cuerpos- visceralmente asociada a nuestra naturaleza y existencia.

Aquella verdad toca con el dedo la cicatriz que dejó en evidencia la coexistencia de un hombre y una mujer que primeramente fueron individuo e individua, para luego, al ser parte del “sistema”, ser llamado sujeto y sujeta. Esta relación coloca en relieve un triste escenario que parece haber situado a nuestras subjetividades y personalidades, a un costado del camino moderno.

En este panorama, las protestas estudiantiles y sus “formas” hacen un bien al transitar con distancia frente a la estructura y red social, frente a lo establecido. Nos hacen y se hacen un bien, al dibujar sus formas con herramientas provenientes de su propia naturaleza, trazando contornos que manifiestan la experiencia social, que hacen referencia a una identidad, a un núcleo, a una esencia biológica, social, política y económica. Los estudiantes y las protestas (con sus formas mal llamadas “nuevas”, que no hacen más que ser eco  de tantas otras historias de protestas y manifestaciones olvidadas por la inmediatez del tiempo moderno, pero vencedoras por la fuerza reaccionaria de su  recuerdo), son cuerpos e individualidades, por tanto piedra angular que organiza toda sociedad y a su vez el mundo.

Los estudiantes y las protestas proclaman un sentido ajeno al gran sentido (enfermizo) del proyecto social neoliberal y capitalista hegemónico. Un sentido que tiene conocimiento sobre sí mismo y que reivindica la heterogeneidad menoscabada por el sistema en pos de una masa que homogeneizada, hace de la existencia algo desechable e intercambiable.

Por el contrario, las protestas estudiantiles conscientes de no seguir la finalidad impuesta por el orden homogeneizador – sólo vivir y mantenerse, sin importar el cómo y el para qué-, buscan provocar y subvertir, avivar las ideas para quebrar el mecanismo, para aturdir el orden establecido en pos de un orden que competa a todos y no sólo a unos pocos exclusivos, y lo más relevante y urgente, en pos de un vuelco, de un restablecimiento, que sitúe a “la política como centro de lo social y no a la economía”[1].

La política, dicen a fin de cuenta las protestas estudiantiles, no puede estar al servicio de la economía. Y aquellos modos o formas de protestar, hacen hincapié en la falta de higiene social, en la mala calidad de la salud física y mental de la sociedad chilena, que apremia de grandezas y se llena de inoperancias, que parece burda y vacua al desestimar las individualidades sociales, mermando los objetivos hacia una sociedad reflexiva, crítica, flexible y construida en diferencia.

Entre tanto poder uniformado y uniformador, centrado y equívoco, el movimiento estudiantil y sus formas de protestar sugieren acciones polimorfas que sacuden y despabilan con simpleza en la cotidianeidad. Que con lucidez, revitalizan la identidad del estudiante, el espacio público, el cuerpo como agente político y la creación como esencia del individuo. A su vez, colocan de manifiesto la escasez de sabiduría y la abundancia de estupidez que reside en el poder.

1800 horas corriendo alrededor de La Moneda por una educación realmente pública y de calidad; 1800 segundos de besos prolongados en una besatón por la educación; 1800 Km pedaleando; varios flash mob; un multitudinario “Thriller” de universitarios, escolares y ciudadanos por la educación; carnavales artísticos y musicales; una cuecatón masiva por la educación; una marcha silenciosa por…

Indignación, reflexión, cuestionamiento, modos fervientes y vitalistas[2], construcciones políticas enriquecidas de lógicas y sensibilidades sociales, son rasgos de las manifestaciones de los estudiantes.

Protestas que no son asimilables por el sistema estatal y sí son capaces de movilizar. Un Estado que señala que todo es admisible, menos la violencia del movimiento estudiantil. Un Estado que asegura (desmintiéndose a sí mismo) no tolerar el uso de la violencia. Y más aún, un Estado que siempre considerará el uso de la violencia en su contra como mala, terrorista, subversiva… Porque nosotros somos los violentos y violentas y ellos, los violentados.

Las protestas estudiantiles son sinceras y en el Estado abunda la hipocresía.

En el escenario social actual,  las marchas y acciones estudiantiles en protesta por un cambia estructural en el sistema de enseñanza, signado por el lucro y la exclusión, movilizan no sólo a estudiantes, profesores, funcionarios, trabajadores del Ministerio de Educación, sindicatos de corporaciones y académicos, sino a todo un país.

Reflexionan y dudan,  proclamando la necesidad de que el gobierno tenga una política de Estado que coloque como eje central la educación pública y la regulación de la industria privada de la educación, industria en evidencia, que lucra. Advierten y señalan “No queremos la educación de Pinochet”, “Basta ya de abuso”, “Pagamos para estudiar y estudiamos para pagar”. Las reglas de la mercantilización poco advierten la heterogeneidad mayor situada bajo la minoría homogénea del control. En ésta minoría, el sesgo sobre la realidad social, es un mal que ya se contagió.

Mal que no sabe responder a las inquietudes estudiantiles y ciudadanas, a la lucha heterogénea, esparcida, a veces desordenada y desvinculada; mal que jamás hace sentido en su discurso a la “exclusión social”, pero sí al acceso, al bien y al consumo.

El Estado tiene un profundo problema con la representación social, sus retóricas, visiones y estructuras de representación no otorgan respuestas, no despliegan objetivos y sólo generan nuevos circuitos de exclusión más que políticas supuestamente igualitarias.

Tras el acto simple, tras la forma, cuerpo, pulsión y creación de los actos de protesta por la educación, subyacen viejas formas y organizaciones, la historia de los movimientos sociales en Chile que ha sido testigo de la diversificación de las identidades y de los sujetos sociales. Tras el acto simple de creación que desviste los controles totalizantes, se vigorizan identidades, derechos e individualidades adormecidas por la imperante economía de mercado, que a través de éstas “nuevas formas de protestar”, cobran sentido en modelos de participación y organización que bullen objetivos preocupados en reproducir igualdad, oportunidades y estándares de vida. La protesta estudiantil, como acto simple de creación y existencia, refiere más a una causa justa y lúcida, con orientación, orden y sentido, que a una cuestión desordenada de desorientados e ilusos, como ha sugerido cierta prensa sensacionalista alentadora del conformismo, la ignorancia y los abusos.

(No nos impresionan y por eso no claudicamos)

Las pulsiones encauzadas en el movimiento estudiantil, narran y describen la responsabilidad que nos compete y nos debería comprometer como individuos libres y  políticos. Cuando se trata de nuestra existencia y derechos, los actos justos nunca son indiferentes. La contraparte siempre nos hará creer que las cosas son mucho más complejas de lo que parecen y que por tanto,  no nos competen. Pero eso es falso. Los detalles cruciales de la sociedad no se benefician con modelos construidos a gran escala.


[1] ONFRAY, Michel. Política del rebelde. Ed. Anagrama, Barcelona, año 2010.

 

[2] En referencia al Vitalismo: “Posición filosófica caracterizada por postular la existencia de una fuerza o impulso vital sin la que la vida no podría ser argumentada. Se trataría de una fuerza específica, distinta de la energía estudiada por la física y otro tipo de ciencias naturales, que actuando sobre la materia organizada daría por resultado la vida”.

One Response to CRÍTICA. Sobres violentos y violentados…

  1. c783rpXnk dice:

    Pecamos de soberbios y de ingenuos: Tal y como relata el articulo, gracias a los indicadores economicos estamos convencidos que somos un pais pujante y sobresaliente en el concierto internacional, sin embargo, nuestro modelo economico no esta adaptado para que la riqueza producida sea equitativamente repartida en la poblacion. Por desgracia la reparticion de riqueza no parece ser un asunto que tomemos muy en cuenta al ver que “somos un gran pais”.
    En la premisa, el celeberrimo (y oligofrenico por demas) pseudoanarquista tiene razon: “El estado es violento…”. La violencia del estado, por cierto, no es explicita y se basa justamente en hechos derivados de la no reparticion de la riqueza. Limitado tambien seria mi comentario si no hiciera hincapie en que hay que expandir el concepto de “riqueza” desde una riqueza monetaria hasta una riqueza humanizante, como lo es la educacion. Ergo: El estado Chileno, al desestimar demandas legitimas para mejorar LAS CONDICIONES EDUCACIONALES (aunque no necesariamente la “calidad de la educacion”), actua y ha actuado por a lo menos 37 años con violencia, pues lo que se esta dañando es la integridad de cada persona, y se ahonda en esa violencia al no crear espacios donde la gente pueda culturizarse sin necesidad de ver la educacion como si se tratasede un espectro inalcanzable o problematico a futuro.. ¿Que tiene que decir la T.V. al respecto, los adalides de la verdad y la justicia, el nunca bien ponderado 4o poder del estado?…
    Es violento no dejar que la gente entienda el mundo en el que se vive y asi crear cada vez mas “Homero Simpson”, en vez de preocuparse de educar cada vez mas personas y trasnformarlos asi en riqueza pura para TODOS, inclusive para el estado mismo: Mejores personas, lo cual implica necesariamente Mejores Gobernantes.
    No lo entiendo. ¿Sera acaso que nosotros somos los monos sudacas y tercemundistas que provocan desmanes porque no entendemos el mundo en que vivimos? ¿Que pasa en el primer mundo donde toooooodos son educaditos y limpiecitos?… Pareciera que lo que esta haciendo agua es mas que solamente un estado, sino los cimientos en que se han construido los estados, en particular, el Chileno.
    Finalmente, lo que ha entendido mal nuestro querido imbeciloide que prefiere tirar piedras es que eso no es anarquia… Es el CAOS… Por tanto la violencia con que actua el estado raya una cancha (o mas bien, coliseo, para entrar en contexto) que es donde se debe entrar a batallar: Las ideas, por cierto, mal maquinadas y mal aplicadas; aca claramente la idea mejor concebida DEBERIA ser la ganadora. Aunque en nuestra tierra, el mundo al reves, todo es posible. Al menos sabemos que jugando de visita, el triunfo se disfruta el doble.

    P.D: Excelente articulo, mis mas grandes y sinceras felicitaciones a la cronista.

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