COLUMNA. Descargos cotidianos #2

 por Ximena Catalán

Hay bacterias en todo lo que tocamos

Nací en la década de los ochenta, como probablemente muchos de ustedes también lo hicieron. Viví mi niñez en aquellos años que no existía el Bullying como concepto, pero sí como una realidad del día a día, de la que ningún adulto, ni menos alguna autoridad, se preocupaban mayormente.

El psicólogo era una instancia para ciertos adultos tildados de orates y estaba completamente alejada de la realidad infantil.

Era así con muchas otras actividades propias de la infancia, que hoy en día son objeto de una profunda (y hasta cierto punto, innecesaria ) preocupación por parte de los padres, pero sobre todo, de la industria y de la publicidad, quienes se han encargado de traspasar estos miedos a los temerosos padres de la nueva era.

Antes no era así, lo recuerdo bien. Menos en mi familia, siempre laxa en estos temas.

De niña, solía tomar agua directamente de la manguera, incluso cuando se sabía que algunas babosas vivían ahí[1]. Hice pasteles de barro y los probé para ver como sabían. Reventé pulgas y piojos con las uñas. Escarbé debajo de las piedras buscando chanchitos de tierra y otros insectos. Acaricié a mis gatos con frenesí y les di de comer en la mano[2]. Y lo peor: tuve una perra que se llenaba de garrapatas-mamá en primavera y con mis hermanos no encontraba nada más entretenido que sacarle, a mano limpia y con mucha astucia, los insectos con forma de frijol para luego incendiarlos, esperando un exigua explosión.

Luego de todas estas poco salubres actividades, estoy segura de no haberme lavado las manos prolijamente con productos antibacterianos, sino con un simple y poco-efectivo-contra-los-virus-y-bacterias jabón Lux, que probablemente mataba un 1% de estos bichos.

Y crecí sana y saludable, como muchos otros niños de mi generación que de seguro practicaban estas y otras acciones incluso más “peligrosas”, según los parámetros de la cultura de la higiene actual.

Por supuesto, la invasión de los productos que aseguran matar un 99,9% de los gérmenes, virus, baterias y hongos aún no se hacía realidad.

Todavía no éramos testigos de la avalancha de alimentos con probióticos, cuya publicidad llega a ser un poco hostigosa, mostrando niños enclenques que son víctimas potenciales de cualquier infección. Todo porque han tenido la pésima idea de salir al peligroso patio de su casa sin haberse tomado el mágico producto.

Yo no tomé nada de eso, no me lavé con nada de eso. ¿Será necesario hacerlo para sobrevivir a la niñez? Tengo la férrea convicción de que tanto fluido profiláctico no es necesario. Probablemente, los cuerpos de estos niños-Lysoform, siempre protegidos de cualquier peligro, incluso del más pequeño moho, reaccionen exageradamente ante cualquier amenaza.

Me parece positiva la preocupación que demuestran hoy los padres por sus hijos, siempre es bueno alejar los peligros y evitar las enfermedades. Aunque no tengo hijos, estoy segura de que no es nada agradable ver a tu pequeño vomitando o con una plaga de parásitos en su interior. Pero, como casi todo en la vida, nos estamos pasando de un extremo al otro. Es cada vez más común ver niños que son criados como si fueran de cristal, viviendo artificialmente herméticos a cualquier agente exógeno.

Espero, de verdad, que esos forros para los coches que se usan ahora sean sólo para la lluvia o para proteger del smog (preocupaciones legítimas por lo demás) y no busquen hacer las veces de un sistema plastificación infantil.

Padre, madre, como dice una conocida marca de detergentes: ensuciarse hace bien.

 


[1] También dicen que viven en las máquinas de café que están en los pasillos.

[2] Adoraba las cosquillas que me daban al pasar su lengua.

3 Responses to COLUMNA. Descargos cotidianos #2

  1. icha dice:

    El miedo, el miedo se ha impuesto. Está bien que los padres se preocupen, malo sería que no lo hicieran, pero “el mal del lisofort” no es más que paranoia…Es chistoso ver que luchan por igienizar todo y luego le compran chamitos a los cabrochicos para que éstos generen anticuerpos. La idea de la industria farmacéutica es convertirnos en adictos a los medicamentos y que nuestro cuerpo no actúe naturalmente, sino que sólo motivado por píldoras y pastillas.

  2. Loreto Catalán dice:

    hache, yo lamía a los gatos!!! xD jajaja… xD tan chistoso, había q desarrollar las defensas xD

  3. feli dice:

    y la señora erika?, un ejemplo del estereotipo lisofort, con hijas con vestidos ornamentales…faltaba que las colgara del arbol de pascua… el que a la vez debía estar simetrica y perfectamente decorado.. una pulcritud y uniformidad al estilo de la villa donde vivia el joven manos de tijeras aunque eso ya es otro cuento…

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