ENTREVISTA. José Saramago en el recuerdo

por Arturo G. Canseco

Son muchos los libros de José Saramago que al abrirse, y observar las primeras páginas, se puede encontrar la tierna y delicada dedicatoria “A Pilar”. Breves palabras pero constantes y llenas de sentimiento. De allí que emociona el sólo hecho de mirar a Pilar del Río y estrechar su mano. Fue la compañera de este escritor, uno de los más grandes que ha dado la humanidad en últimas fechas.

Con su delicadeza y porte excepcional, Pilar del Río visitó la Ciudad de México para hablar de Saramago, el escritor y el ser humano. ¿Y cuál es el José que Pilar recuerda? Mediante sus palabras descubrimos a un hombre excepcional. Poseedor de una tenacidad infranqueable, dueño de una sensibilidad prodigiosa. Un amante de la naturaleza cuya decadencia del mundo lo hacía sufrir de forma irremediable. Testigo de un proceso en el que a lo largo de los años, lejos de que se presentara una progresiva humanización como los discursos más optimistas quieren ver, la deshumanización es el tenor predominante.

Una vida compartida en donde las experiencias, las innumerables charlas y la complicidad hacen que el recuerdo no se extinga. El Saramago del que habló Pilar del Río nos cautiva por su entrega y pasión por las letras. Una vida dedicada a escribir. A los sueños y a los anhelos. Comenzó haciendo traducciones, incluso dentro del Ministerio de Agricultura de su natal Portugal. Cuenta Pilar que ahí se dedicaba a realizar traducciones de documentos y demás papeles propios de la burocracia, no siempre se encontraba traduciendo a Tolstoi.

Sin embargo, no claudicó y su convencimiento de que su destino era el oficio de la escritura, por fortuna para nosotros, se mantuvo presente. Saramago le atribuía a su oficio una finalidad admirable: negar la insignificancia. Ante esto no podemos más que eliminar toda reticencia y acercarnos a sus libros. Es invaluable y en verdad necesario un escritor que nos recuerde que nada en este mundo es insignificante, que el más mínimo detalle de lo que sucede y se encuentra a nuestro alrededor resulta trascendente.

José Saramago se convirtió en un escritor que a través de las más arriesgadas ficciones nos contó “Qué pasaría si…”. Develó la esencia de nuestra especie. Por medio de sus novelas lo descubrimos a él pero también a nosotros mismos. Lo vil está en sus páginas pero también la belleza. Derribó mitos y nos enseñó que aunque contemos con el sentido de la vista somos incapaces de mirar.

Hago extensiva la invitación de Pilar del Río, los libros aguardan a nuestro encuentro. Hay que palparlos, sentir su aroma, aceptar su compañía. Una buena recomendación para embarcarse en ese viaje podría ser la obra que Pilar del Río presentó junto a un emotivo Héctor Aguilar Camín. El último cuaderno es una suerte de despedida en donde el compromiso, el humor, la inteligencia y la ironía que caracterizaron a Saramago están presentes. Tener entre las manos esos últimos textos de José Saramago es recordarlo con cariño y extrañarlo un poquito menos.

Así pues, celebremos la vida y el recuerdo, celebremos a José y Pilar.

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