CRÍTICA. La materialidad de lo intangible

por Arturo G. Canseco

Sucede que enciendes tu computadora, navegas por las páginas que frecuentas, descubres noticias de tu alrededor, te enteras de lo que pasa en el mundo entero, saludas a tus amigos, ves videos y compartes lo que estás haciendo en ese mismo instante. Si bien es cierto que todo esto aún no es una actividad generalizada, por la brecha digital que persiste todavía, es indudable que en el futuro próximo lo será. Los nuevos consumidores de medios no se conforman con tener un control remoto sino que ahora deciden qué es lo que ven y cómo. Leen lo que les place y, más importante aún, son partícipes de la vorágine mediática. Ya sea mediante un simple comentario o hasta llegar a la propia creación de contenidos, las generaciones actuales han roto el añejo sistema vertical de la comunicación y los usuarios son cada vez más activos.

La irrupción de la era digital ha transformado nuestra comunicación, nuestra concepción del mundo en general. Parecieran muy lejanos aquellos tiempos cuando las noticias se generaban de un día a otro y la información se sopesaba, se hacía el análisis pertinente y la agenda era impuesta por los grandes consorcios informativos. Se antoja de igual forma un tanto distante aquel inicio de la década marcado por los ataques terroristas del 9/11 en Estados Unidos y cómo en esa eventualidad se registran los primeros atisbos de una dinámica comunicativa diferente (al respecto puede consultarse el libro La prensa sin Gutenberg). Ante la insuficiente respuesta de los medios tradicionales e incluso de las vías de comunicación, los ciudadanos toman por sí mismos las herramientas a su alcance y son ellos quienes informan, buscan, ayudan y se comunican. Con el transcurrir de los años este flujo comunicacional ya no se detendría. Las redes sociales y la omnipresencia de los teléfonos móviles, por ejemplo, llevarían a un punto en donde el usuario se caracteriza por tener el síndrome de la conectividad.

Ante este panorama ¿qué es lo que una persona inconforme con la clásica oferta que inunda la mayoría de los espacios mediáticos tradicionales puede hacer? Tiene a su alcance el potencial de una red multiformato en la que las posibilidades son enormes. Se encuentra a unos cuantos clics la oportunidad de emprender una creación personal, acorde a sus intereses, no alineada con las exigencias de grupos ajenos y/o presiones de cualquier tipo. Sin ir más lejos aquí se encuentra un claro ejemplo de ello, Revista Sangría.

Asimismo, en este tenor se inserta la publicación digital Cuadrivio. De temas diversos que giran en torno a la cultura, es un espacio que nace de la inconformidad y el ánimo transformador. El deseo de tender la mano a los pares y coadyuvar a “subsistir tolerablemente en este mundo”. Revista cuatrimestral que tuvo su origen en la Ciudad de México un año ha (meses más meses menos).

Sus creadores, junto con Ramsés L. V. (su director) emprenden la tarea de plantear inquietudes, pensamientos, creación. Con miras a entablar un diálogo enriquecedor abordan temas literarios, artísticos, de política y sociología, de cultura en general. Mediante las letras, su aspiración (más que válida, más que encomiable) es ennoblecer la vida.

Es así que como ellos mismos lo comentan, el Internet funge como soporte pero al mismo tiempo fue el impulsor del espacio. Sin el contacto virtual (tan socorrido y provechoso en estos tiempos) no se hubiera podido conformar el consejo editorial, el interés de los participantes, el reconocimiento y éxito que a la fecha, con tan sólo dos números en línea, han conseguido.

Reflexionemos en torno a nuestros días aciagos que compartimos. Se podría decir que en épocas precedentes lo intangible era sinónimo de inexistente. Máxime en un sistema como en el que vivimos y que predomina en todo Occidente. Capitalismo en el que todo se mide a partir de su dimensión física, sólo lo material tiene valor. Carece de existencia lo que no se ve, así tiende a operar la mirada occidental. Pero, ¿qué es lo que sucede ahora? ¿alguien podría decir que lo que compartimos en la red no existe? El sinnúmero de conversaciones, nuestras personalidades virtuales y demás. En último término todo ello se materializa y repercute en nuestra cosmovisión, en nuestro accionar diario.

Es indudable que cada vez más el consumo mediático se orientará hacia la red. Tildar de efímeras a las publicaciones digitales es negarse a la amplitud de públicos que existe. Tanto Sangría como Cuadrivio (por mencionar sólo este par) se materializan en cada lector al que llegan. Generan desde momentos disfrutables hasta impulsos para la reflexión. Cada letra se torna material en el instante mismo en que es leída. Motiva , transforma. Son alternativas a la medianía que pulula y a la uniformización. Leer cosas distintas seguro que debe dejar algo bueno.

@arturogcanseco

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