CRÓNICA. El gusto de compartir el mismo aire

por Arturo G. Canseco

Hará poco más de dos años desde que me enteré de la existencia de René Avilés Fabila. Fue de una manera poco ortodoxa, muy acorde a su personalidad. Mediante una autoentrevista. Son memorables las páginas que van del número 183 al 209 del libro Autoentrevistas de escritores mexicanos de Ignacio Trejo Fuentes e Ixchel Cordero Chavarría. No exagero cuando digo que me cambiaron la vida. En esas líneas René se muestra contundente, con un manejo del humor y la sátira implacables; conocedor de literatura, política, arte, historia, música; hombre sensible, un ser humano en toda la extensión de la palabra. Escritor, periodista y profesor universitario.

Después de esa breve lectura no me interesaba nada más que ir a conseguir sus libros y leerlos. Empecé con Los juegos y luego vinieron El reino vencido, Memorias de un comunista, El bosque de los prodigios, Tantadel, La canción de Odette y El evangelio según René Avilés Fabila. Hasta ahí las lecturas de sus libros que he hecho. A cada relato, a cada página, he encontrado en la pluma de René uno de los exponentes de la literatura mexicana que mayor admiración y empatía me provocan. De la burla al compromiso político, pasando por la creación fantástica, el amor y las pasiones humanas, sus libros son una invitación al disfrute y a la reflexión.

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Así las cosas, tenía que conocerlo. La primera vez que lo vi fue en la presentación de uno de sus libros. Apelando a la veracidad de este relato, diré que René traía unos tragos encima y sólo intercambiamos unas cuantas palabras. Le dije, maestro, estudio en la UAM (universidad en la que imparte clases y que en fechas recientes lo ha nombrado Profesor Distinguido), espero poder tomar clases con usted. Me respondió con una sonrisa y me estrechó la mano, lo que deberías de hacer es mejor cambiarte de carrera, la comunicación no deja nada. Mi alegría fue mayúscula. Intuía que cuando René bromea es porque siente confianza y encuentra cierta conexión con su interlocutor.

En los siguientes encuentros he corroborado una y otra vez su gentileza y apoyo. La amabilidad que ha tenido para con este aspirante a escritor ha sido siempre llena de fraternidad y entusiasmo.

Es por esto que con un gusto enorme, en los meses recientes, he acompañado a René Avilés Fabila en los diversos homenajes que se le han venido realizando a propósito de sus setenta años de vida. Así, el pasado 30 de enero de este 2011 el Instituto Nacional de Bellas Artes abrió las puertas del recinto cultural más importante del país para brindarle un nuevo homenaje. En esta ocasión uno especial. En compañía de algunos de sus más grandes amigos y cómplices: José Agustín, Silvia Molina, Eraclio Zepeda, Bernardo Ruiz y Miguel Sabido.

Las anécdotas, las palabras de cariño y el aprecio del público colmaron la hermosa sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes. Se reparó en la importancia de Avilés Fabila para comprender el México de la segunda mitad del siglo XX. Sus letras serán un referente en los años venideros. Su literatura es muestra tangible de la rebeldía que impregna en su escritura y del ferviente impulso transformador que mediante sus libros, textos periodísticos y clases transmite a todo aquel que se acerca a esta figura importantísima de nuestra cultura.

Estas breves palabras son mi homenaje para ti René. Espero que puedas encontrar al leerlas lo que te he querido transmitir: mi gratitud, afecto y admiración.

Texto y fotos @arturogcanseco

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