VIAJES. Crónica 06 o el arte de no hacer nada

por Catalina Díaz Cisternas y Halszka Paleczek

Esta vez, las chicas reflexionan acerca de cómo el ocio les ha entregado mucho más de lo que creían posible, y hacen una crítica a la sociedad chilena por no darse el tiempo necesario para descansar. En este largo periodo de vacaciones, nuestras cronistas se relajan y nos muestran un nuevo punto de vista con respecto al trabajo en la ciudad y todos los estigmas que lo rodea.


“Conócete a ti mismo” era el conocido motto del oráculo de Delfos, en la Grecia antigua.  Eso fue muy lejos de aquí, y hace ya cientos y miles de años. Pero sin duda es un lema aun vigente, y cobra mucho sentido para quien intuye que uno mismo es el punto de inicio para conocer el resto de lo que hay por conocer en este mundo. Sin embrago, ¿es tan fácil conocerse a uno mismo en una vida pauteada por los ciclos culturales, y por una rutina que nos arrebata el día a día, el hora a hora, el minuto a minuto, ¡año tras año!?… Nuestra vida en Chile –y como sucede en el “evolucionado” mundo occidental en general-  debe transcurrir de manera escalonada y ordenada: ir al colegio, luego a la universidad y después culminar en un trabajo que pueda sustentar nuestra forma de vida, a nosotros y nuestra familia. Después de unos 60 años de priorizar el quehacer, por la mayor parte del día y del año, nos es permitido jubilarnos y, ¡al fin!, descansar… Amén.

Pero cuando jubilamos ya estamos desgastados y crujientes, con pocas ganas de probar cosas nuevas y de examinar críticamente nuestra postura ante la vida…  ¿Cuánto debemos hacer, cuántos años debemos estudiar y trabajar, para merecer el tiempo y el espacio suficiente para conocernos a nosotros mismos? ¿Cuánto estamos dispuestos a postergarnos a nosotros mismos, para tener al fin un momento de ocio? Aquel descanso del espíritu, estado perfecto para la auto-contemplación, y para poder admirar los secretos y las maravillas del cosmos.

“Haz todo, haz nada”. Ese no es sólo el motto de Sprite, sino también la parodia de la voluntad humana. Pues el sistema en el que estamos insertos nos insiste en la primera parte, como requisito sine qua non para merecer la segunda… la cual puede esperar y esperar… Los fundamentos de nuestro sistema social están en el hacer. También nuestra identidad suele basarse en el “¿a qué te dedicas?”. Sea el capitalismo contemporáneo y su fanatismo de la producción intensiva, o ya sea nuestra herencia puritana y su adicción al trabajo… pareciera que los chilenos nos vemos arrollados en una lógica de la “moral y las buenas costumbres” en la cual descansar está sólo permitido para quien ha trabajado hasta agotarse…

Pero, ¿qué sucede con nuestra consistencia espiritual cuando uno logra anteponer el “haz nada” al “haz todo”? Existe quizás una fobia a la nada, a dejar de trabajar y de ser una persona útil a la sociedad y a nuestras familias… dejar el cuerpo y la mente en reposo nos trae una quietud -para muchos- inquietante… Trabajamos todos los días desde que amanece hasta que anochece. Y al año se nos conceden tan sólo 15 días sabáticos, a menos que seas aún un mozuelo afortunado, con sus irresponsables 2 meses de vacaciones. Nos preguntamos, ¿es eso justo? ¿Podemos llamarlo un ritmo de vida equilibrado?

Entonces, ¿qué es lo que sucede cuando uno tiene mucho espacio y mucho tiempo, y muy pocas obligaciones? En nuestro viaje –¡de 8 meses!- nos encontramos justamente en esa situación alternativa, en que nos vemos relegadas de nuestras obligaciones para con la sociedad y nuestras familias. Dejamos de estudiar y de trabajar, con chipe libre para convertirnos en vagabundas soberanas de nuestro inmenso continente. Muchas veces nos mantenemos muy ocupadas, visitando nuevas ciudades y descubriendo sus rincones sin parar… pero otras veces nos acomodamos como gatas en los sillones y hamacas que nos ofrecen hostales y pueblitos muy cómodos… como hicimos el mes que pasamos en la playa de Montañita, en la calurosa y lánguida costa ecuatoriana. Sin más que disfrutar de la música, los amigos, del sol y la playita… descalzas y tan sólo con unas monedas en los bolsillos… no necesitábamos nada más, no deseábamos nada más…

Pareciera que la “moral y la buena costumbre” de trabajar la mayor parte del tiempo varía entre lugar y lugar, sociedad y sociedad. Por ejemplo, en la costa y la selva ecuatorianas, la gente se siente libre de poner su hamaca afuera del negocio para dormir una siesta mientras espera clientela. Y si se queda dormido, con su bebé o su mascota en brazos, ¡pues que lo despierten! En los lugares cálidos, sobrevivir no es algo demasiado complicado. Si tienes hambre, puedes alargar la mano y sacar un mango o un banano de los cientos de árboles que hay acá. Además, la abundancia les ha enseñado a compartir siempre, por lo que no es demasiado terrible no tener nada en los bolsillos –o en el estómago- si es que tienes un par de buenos amigos que te saquen del apuro. Por eso gran parte del tiempo la gente lo invierte en compartir con la familia y los amigos, en dormir, bañarse en la playa o en el río, en cantar y bailar… Por otro lado, la sierra es más ingrata para la producción de alimentos, más árida y fría, y la gente debe trabajar el doble para vivir. En estas circunstancias es entendible que la gente masque coca y se levante más temprano, para aprovechar al máximo el día. Es necesario trabajar todos juntos, y lo suficiente como para proveernos hoy y también mañana, cuando el tiempo de cosecha acabe y nuestro sustento dependa del trabajo de unos pocos meses.  Puede que no vivamos  en ninguno de los dos extremos, ni que seamos cholitas del monte, pero de seguro estos elementos permean a la cultura en general, como una actitud ante el trabajo y ante la vida en general.

A nosotros, criaturas citadinas acostumbradas a la modernidad y su ritmo rabioso, se nos invita a trabajar por sobre toda lógica de sobrevivencia, más allá de la geografía y climatología. En Santiago y en otras ciudades de Chile se trabaja como si el sistema se fuese a caer con una siesta o un feriado más, con volver a la casa más temprano del trabajo… ¿Por qué estamos estudiando y trabajando tanto? ¿Cuál es el verdadero precio que pagamos por mandar a los hijos al mejor colegio, cambiar el auto cada tantos años, comprar el celular de última generación y vestir al último grito de la moda? ¿Estamos trabajando tanto realmente, en pos de una mejor calidad de vida? Luego trabajamos un poco más, para pagar el psicólogo, la “promo” de pisco o el quiropráctico… que nos ayuden a superar el estrés de tantas horas sentado en un escritorio, entre cuatro paredes. En Chile, además, trabajar menos es ser un vago, un ocioso, ¡en el mal sentido de la palabra! La culpa nos carcome, pues el hacer poco y tener menos es muy mal visto… aunque ponga en riesgo nuestro equilibrio mental.

Si bien en la Grecia antigua el ocio de algunos era posible gracias a que otros eran esclavos, hoy nos hemos convertido en nuestros propios prisioneros… y trabajamos sin cesar, aplazando hasta la jubilación el tiempo suficiente de ocio para compensar. Trabajamos extra para tener una mejor calidad de vida en el futuro, pero descuidamos nuestro presente.

En nuestro viaje hemos descubierto que no hacer nada trae inmensos beneficios. Cuando la prioridad es el querer hacer por sobre el deber hacer es posible descubrir la verdadera voluntad detrás de cada acción y energía invertidas. Hemos tenido tiempo y espacio suficientes para pensar en nada en particular y en todo en general, alejarnos un poco del esquema rígido en que debiéramos vivir, y mirar la vida con calma y altura de miras. Así es posible traer a conciencia el verdadero deseo en nuestros corazones…  sepultado bajo años de deber hacer.

Hacer nada no es perder el tiempo, es en realidad aprovecharlo de otra manera. Eso los griegos lo sabían. Y he ahí la raíz de su inmensa producción filosófica. Pues todo el tiempo y energía liberados en el ocio se invierten en el fermento intelectual: la contemplación, la reflexión, en la revisión de nosotros mismos y de nuestro lugar en el mundo. Crear espacios y tiempos vacios es dejar de controlar las situaciones, y dejar fluir la potencialidad absoluta del ser humano,  que es la potencialidad del universo entero también. Hacer nada es también forzar nada, vivir el tiempo/espacio en toda su intensidad natural. Darle espacio a la nada… para que afloren nuevas cosas, ¡y sorprendernos! La vieja energía y conocimiento son reemplazados por nuevas energías y nuevos conocimientos… también una nueva conciencia.

En fin, no es que estemos proclamando un ocio eterno, pues eso tampoco sería equilibrado. Más bien queremos destacar la importancia de la nada, del reposo y la distensión como elementos inmensamente enriquecedores para nuestro espíritu activo. Incluso para nuestra sociedad hiper-productiva el ocio trae beneficios, pues personas conscientes y con energías recargadas trabajan mejor. No sólo más eficientemente, sino también de manera más creativa, y con una claridad de qué es lo que se hace y por qué. No hacer nada nos permite conocer lo que realmente queremos hacer, para después hacerlo. Y, ¿no es eso la felicidad?

Podría considerarse un problema el hecho de que este viaje tan largo y ocioso tiene un final para nosotras… en menos de dos meses volvemos a Chile. Y con eso volvemos a los quehaceres rutinarios, a las obligaciones, a la gran capital y su ritmo bamboleante… ¿Cómo enfrentarnos a esa otra cara de la moneda? ¿Podremos mantener nuestros aprendizajes y nuestra calma, ganados en meses de ocio y de búsqueda de nuestra verdadera voluntad?  Aún no lo sabemos, pero estamos practicando desde ahora para mantenernos firmes y no sentirnos culpables de no hacer nada cuando podríamos estar haciendo algo útil.

El verdadero desafío será, entonces, poder conciliar el ocio y el trabajo, en un equilibrio que libere nuestro potencial infinito del “deber hacer”, que nos determina y nos condiciona. Hemos aprendido que todo lo que se manifiesta tiene razón de ser en las voluntades particulares y colectivas, y que para trabajar y producir de la mejor manera es necesario también dejar de trabajar y producir. Ahora estamos más conscientes de nuestros deseos, y de que llevarlos a cabo por medio del trabajo es también parte de un equilibrio necesario, parte de nosotras mismas… tenemos esperanzas de que con esta nueva conciencia lograremos sobrevivir al shock.

8 Responses to VIAJES. Crónica 06 o el arte de no hacer nada

  1. maldonado dice:

    Estimadas señoritas:

    Hay muchos caminos para alcanzar una “nueva conciencia”, en el sentido que ustedes plantean, aunque no sé si sea estrictamente necesario alcanzarla. Tengo fundadas aprensiones en usar ese concepto: conciencia, para graficar un cambio en la forma de percibir el mundo y la posición de uno dentro de él… Como decía, hay muchos caminos. El de ustedes me parece demasiado típico y pequeño burgués, lo que no significa que sea incorrecto o falto de mérito (ahí tenemos a los ya casi olvidados “Vagabundos del Dharma” de J.Kerouac); sino que es un camino que se presenta como impracticable para la mayoría. Primero: por falta de dinero para pagarse unos viajecitos tan extensos, y segundo: por temor, ya que esta misma mayoría considera bastante riesgoso visitar la India, por ejemplo, sin ni uno en los bolsillos o abandonando todo lo que juzga que tiene por compromiso. A mi modo de ver, es mucho más reestructurador lograr un camino hacia la “nueva conciencia”, lidiando con el espacio y tiempo que a cada instante crea y recrea la vieja, la vieja conciencia claro. O sea, dentro del infierno mismo y sin aferrarse a ninguna esperanza.
    Les deseo de todo corazón que una vez de regreso logren superar el shock. No obstante y pensándolo bien, si han alcanzado esa “nueva conciencia” no veo cómo evitar un estremecimiento prolongado, un rictus. El punto es que, en conjunto con otros, hay que crear esos “tiempos y espacios vacíos”, aquí y ahora, porque es en ellos en donde se encuentra el equilibrio entre el ocio y el trabajo. Fuera de ellos, como ustedes señalan, sólo existe el trabajo y el negocio, así como el descanso funcional a estos dos momentos que definen nuestra sociedad actual. La “verdadera voluntad”, como la que ustedes dicen sentirse portadoras, “debiera” hacerlo factible. Porque si no, sencillamente significa que se quedaron en la entrada del dichoso camino que lleva a la felicidad. Buena suerte.

  2. Catalina Díaz dice:

    Estimado señor Maldonado:

    Muchas gracias por los ánimos para superar el shock, yo tengo la esperanza. De cierta forma siento que esta crónica hay que tomársela con ligereza. Simplemente buscamos mostrar otro punto de vista y en este número en especial, sobre todo, pues es verdad que no todo el mundo “puede” hacer este tipo de viaje, sobre todo -y únicamente- porque no quiere… y por suerte! O sino estarían llenos los caminos de mundo y nadie cultivando tomates o papas!

    Yo no quiero comprometerme con nada, ni siquiera con lo que digo hoy, pues sólo expresa lo que pienso y creo HOY y eso va variando continuamente. Aun así, buscar tiempos y espacios vacíos me parece la mejor idea!

    Saludos desde Ecuador

  3. Héctor dice:

    Creo que es aún más valorable cuando esa nueva conciencia se genera en cualquier parte, en el patio de tu casa, cultivando, leyendo, escribiendo… Paul Éluard dijo: “hay otros mundos pero están en este, hay otras vidas pero están en ti”. El viajar sin duda es experiencia de vida, pero el sistema lo impide y supedita, sin más, al poder adquisitivo. Claramente la juventud trae aparejado un sentir que desea sortear esa valla, y claramente vuestro viaje es un capricho burgués, en el sentido que las ataduras modernas impedirían desligarse por más de un mes a nuetras responsabilidades, que no sólo son personales, pues invoculcran a terceros. Agradecemos y valoramos sus anécdotas, cuando rescatan otras realidades desde su punto de vista, pero defraudan al abogarse la capacidad del “querer-poder”, como modo, en la posibilidad irrestricta del desapego, pues ello es muy ajeno a la realidad común y silvestre.

  4. Halszka Paleczek dice:

    Estimados:

    Sin citas ni paráfrasis, y en un ánimo tan espontáneo como sentido, quisiera contarles que yo antes pensaba lo mismo de los viajes. Los imaginaba lleno de lujos, como relatos mágicos reservados para quizás sólo algunos…

    Ahora siento un poco lo mismo respecto a ellos… pero la gente viajera con la que me he encontrado me ha aleccionado en vida que el lujo del viaje es más bien darse espacio y tiempo, pues se puede viajar sin ningún peso adelantado en el bolsillo. He aprendido que el sustento económico número uno en un viaje es la creatividad, pues se puede vender lo que sea que uno quiera en la ruta, y siempre habrán trabajos pasajeros para juntar unos pesos más y seguir viajando más… el verdadero costo a pagar es saber deshacerse de las ataduras que UNO MISMO se ha creado en la vida. El sistema existe, y también somos parte de él… pero éste tiene muchas fallas y grietas por las que escabullirse… como dije antes, es cuestión de creatividad.

    Ahora, acerca de los relatos “mágicos”… también resulto cierto. Pues una persona que no admite la magia en su vida, que no es capaz de creer en lo que no puede explicarse, no puede irse de paseo tan campantenmente… necesitará de muchas cosas, mucho equipaje, números de celulares, juguetes, seguros de viaje y otras cosas seguras… O quizás no haga nada y se quede en su casa, con todos sus apegos sentados a la mesa. Pero el coraje y soltura de cabeza está quizás reservado sólo para algunos, pues no los hallo en mayoría…

    He visto viajeros jóvenes y viejos, con perros, con gatos, solo y acompañados, con varios niños y hasta con guaguas de meses… y se veían MUY contentos. Estaban todos al menos aprendiendo algo… Y por último, hay que revisar bien las responsabilidades que uno tiene en la vida, pues éstas no tienen por qué implicar necesariamente ataduras, no tienen por qué forzarnos a alguna situación en específico…

    El caso es que esto lo aprendí justamente viajando. Sin moverme, desde mi propio patio en Santiago (que no tengo, lastiamblemente), no hallaba la salida al sistema en el que yo misma me había acomodado, no sabía que era tan fácil viajar, que no necesitaba más que arriesgarme… creo que mis próximos viajes serán distintos, ojalá con poco dinero en el bolsillo, pero con mucho tiempo y espacio por delante, y con mucha creatividad…
    Bueno, en realidad hay miles de maneras de hacerlo, de conocer las posibilidades del mundo y de concoerse a uno mismo. No quicimos decir que viajar fuese la única manera… Habría estado bueno quizás una lección de vida más económica, más eficiente, menos desbaratada?
    Pero al fin, así ha resultado muy bien, qué más puedo decir.

  5. Catalina Díaz dice:

    Apoyo a la chica de arriba!

    Y sí, de verdad que es hermoso ver la diversidad de viajes que se pueden hacer en un mismo trayecto. Como dice Hal, en un mismo hostal puedes ver a gente que viaja en pareja y con un perro, otro viajando solos, otros viajando haciendo magia (como Israel, nuestro amigo mago), otros viviendo de la artesanía, chicas embarazadas que no saben en que ciudad van a dar a luz y no les importa, incluso conocimos a una pareja colombiano-japonesa que viajan vendiendo cuadros con su hija de 5 meses!

    Hay muchos caminos, sólo es necesario desear algo lo suficiente como para decidir arriesgarse a dejar la seguridad. Desear algo en un 90% no es suficiente, hay que desearlo en un 100% y saltaaaaaar!

    Muchas gracias a ambos por hacer más fluida esta crónica. Todos los posts son bienvenidos!

    Catalina

  6. Héctor dice:

    Estimadas:
    Bueno, para cerrar, es más dable a entender su postura a través de Halszka, sin ir en desmedro de lo dicho por Catalina por supuesto. No puedo dejar de pensar en la dicotomía que surge al enfrentar ambas visiones representadas en dos personajes entrañables: Selma Jezkova (“dancer in the dark”) y Chris MacCandless (“into the wild”), basta con recordarlos. Eso, y bueno, me encantan las citas cuando son bien atingentes, para hacerles justicia, dejo “Instantes” de Jorge Luis Borges, o al menos atribuido a él:

    Si pudiera vivir nuevamente mi vida.
    En la próxima, trataría de cometer más errores.
    No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
    Sería más tonto de lo que he sido,
    de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad.

    Sería menos higiénico, correría más riesgos.
    Haría más viajes, contemplaría más atardeceres,
    subiría mas montañas, nadaría mas ríos.

    Iría a más lugares donde nunca he ido,
    comería mas helados y menos habas.
    Tendría más problemas reales y menos imaginarios.

    Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente
    cada minuto de su vida.
    Claro que tuve momentos de alegría, pero si pudiese volver atrás,
    trataría de tener solamente buenos momentos.

    Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, solo de momentos.
    No te pierdas el ahora.
    Yo era uno de esos que nunca iba a ninguna parte, sin un termómetro,
    una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas.
    Si pudiese volver a vivir, viajaría más liviano.

    Si pudiera volver a vivir, comenzaría a andar descalzo a principios de la primavera y seguirá así hasta concluir el otoño.
    Daría más vueltas en calesita, contemplaría mas amaneceres y jugaría con niños.
    Si tuviera otra vez la vida por delante.
    Pero ya ven, tengo 85 años y sé que me estoy muriendo.

  7. maldonado dice:

    Hermanas:

    El relato de una creencia, sobre todo de las acciones que ella implica, siempre es bello; salpicado de sacrificios varios por supuesto, pero siempre bello. Circunstancia que puede aplicarse tanto a una religión como a una ideología política. Es entendible entonces que, para ambas, sea muy fácil emprender el viaje, sólo armadas de su voluntad y creatividad.
    No me malentiendan. En lo medular estoy bastante de acuerdo con ustedes. Pero quisiera un camino que contemple y considere al Otro; esto es, un poco más empático. En ese sentido, me pareció bastante más acertado el primer comentario de Catalina en el que llama a tomarse este relato con ligereza, declarando que no se compromete con nada, sino más bien con el aquí y ahora. El relato de la creencia y la creencia misma se transforman así, bajo esa manera, en otra cosa, ni en una religión ni en una ideología política; más bien, se transforman en una proposición que acepta su relatividad y su límite. El otro elemento que haría más empático un relato es no perder de vista el componente social o colectivo que acompaña la puesta en práctica de cualquier iniciativa individual. Claro, la voluntad y la creatividad personal, cubren casi más del 50% de la realización de cualquier proyecto. Sin embargo, un gran porcentaje depende de las condiciones “externas”. Por ejemplo, en un sistema social y económico como el que actualmente soportamos, la creatividad y la voluntad, precisamente, son reorganizadas de tal modo, bombardeadas de tal forma, que el esfuerzo para evitar terminar como un engranaje más del mismo, debe ser bastante grande y prolongado, conjugando a la larga una serie de factores fortuitos. Recurriendo a las palabras de Halszka (¡qué nombre!), constituye un verdadero instante mágico, desgraciadamente.
    Ya pues, mejor termino aquí. Y recuerden: tomen este contrapunto en el punto exacto en que la ligera gravedad se encuentra con la grave ligereza.

    PD: Héctor… sáludame a Borges.
    Que tengan un buen retorno a la Matrix.

  8. Halszka dice:

    Es cierto que en todas las decisiones hay montones de factores implicados, individuales y sociales. Pero quizás nuestro argumento -o llamado- iba hacia tomar las riendas de esos factores, y lograr actuar como si nuestra vida -y el mundo que la rodea- estuviese en nuestras manos, pues también lo está. Creo que ya sabemos demasiado acerca de lo que nos ata a nuestro status quo; pero es importantísimo recordar el otro lado, el arriesgado y lleno de sueños y momentos borgianos que vivir (si es que realmente fue Borges ese!), que no existirá hasta que nosotros mismos le demos chance. Un poco desde la locura, un poco desde la completa cordura….
    … justamente “en el punto exacto en que la ligera gravedad se encuentra con la grave ligereza”….

    Gracias por compartirnos sus opiniones! 😀

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