CRÍTICA. Haití, a la sombra del mundo

por Arturo G. Canseco

El dolor persiste. Haití aún provoca la misma tristeza que hace un año cuando el terremoto lo devastó. Incluso pareciera ser que ha ido en aumento. El sufrimiento y el ferviente deseo de cambiar las cosas no desaparecen, más bien se refuerzan a cada lágrima de aquel noble pueblo, a cada hogar no levantado.

Al no ver mejoría, se agudiza la necesidad de traer el recuerdo, de acercar Haití al mayor número de personas. Sensibilizar y despertar el ánimo solidario. He ahí la importancia de un libro como Haití. Isla Pánico. Textos y fotografías que dejan testimonio de aquella tragedia, catalogada ya como una de las más grandes que se han presentado a lo largo de la historia.

Esta obra fue presentada el pasado jueves 13 de enero en el Centro de la Imagen de la Ciudad de México. Con la presencia de los autores, se rememoró la catástrofe, las heridas que no sanan. El auditorio escuchó las voces que con dificultad y pesar revivían lo acontecido tras aquel doceavo día de enero del año 2010.

Las palabras de Carlos Loret de Mola (periodista) bien pueden ejemplificar la esencia del libro. Durante su intervención dejó entrever la cercanía para con el dolor humano y su conciencia de la magnitud de tan fatídico evento. Manifestó de manera clara que en casos de esta naturaleza la norma periodística de no tomar partido pierde validez.

Ante lo desgarrador de la situación, un emotivo David Aponte (en sus propias palabras, reportero) se refirió al instinto primario que emerge en momentos límite: la búsqueda de la sobrevivencia. Experimentó la fraternidad de los compañeros, se sorprendió con el temple de los haitianos a quienes las desgracias no abandonan y se presenta el llorar como un lujo.

Asimismo, los periodistas José Luis Ruiz y Eduardo Mora complementan la obra. El primero con su testimonio y este último trazando una radiografía de aquel país, plagado de adversidades. Las fotografías, de una calidad notable, pertenecen a Daniel Aguilar quien tiene una estrecha relación con esa tierra. Sus múltiples visitas le han dado la cercanía con su gente y sus lugares. De allí que el fotógrafo muestre su dolor y su deseo de contribuir.

Por tal motivo, los autores junto con la editorial Grijalbo acordaron que las regalías producto de esta obra serán destinadas a resarcir el aún dramático estado de miseria. Para ello, la Cruz Roja Mexicana se encargará de canalizar la ayuda. Así lo manifestó su presidente nacional Daniel Goñi Díaz (también presente en el evento).

Quien se encargó de conducir la mesa fue la también periodista Denise Maerker. Conocedora del tema y del trabajo de  los autores, reconoció la valía de Haití. Isla Pánico no sin advertir que su lectura no es nada sencilla. Es un trabajo que explora, como lo mencionó José Luis Ruiz, la fragilidad humana. El retrato presenta al ser humano y su indefensión.

¿Qué más nos dice un libro como éste? Sin duda, hace las veces de llamado de atención. En Haití se conjuntaron muchos factores pero queda de manifiesto que los desastres naturales siempre estarán presentes (y pareciera que cada vez con mayor frecuencia e intensidad). Son una constante. En países como México y Chile lo sabemos bien. Este libro nos recuerda la urgencia de pugnar por una cultura de la prevención. Autoridades y sociedad en conjunto no deben de postergar más esta tarea.

Olvidar Haití sería un error descomunal. Este hecho fatídico llevó la atención mundial a aquella región. Descubrió un orden global con tareas enormes aún por delante. Aquella tez oscura merece el sol tanto como cualquier otra. No la releguemos a la sombra. No más.

@arturogcanseco

Fotografías de Daniel Aguilar pertenecientes a Reuters

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