CREACIONES. Carrete de a uno

Autor: Manuel Gatica Holtmann

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La vacía botella de syrah
miróme directamente a los ojos
diciéndome: “weoncito, anda a acostarte”
pero un cigarro con un tufo horrible
y un evidente estado de delirium tremens,
me toma del hombro y me dice:
“no seai maricón, quédate un rato más”
Con la áspera y traposa lengua
difícilmente articulo:
“Un último tango y me voy a dormir”

Luego un lápiz me susurra discreto
que le echó el ojo a una hoja en blanco
y me pide hacer de celestina.
Dígole entonces,
mientras asesino,
de una piteada mortal,
al cigarro canalla:
“pa’ que estamos los amigos”

Una cajetilla de piel azul marchita y rugosa,
que parece haber soportado un sinfín de avatares,
me abraza apasionadamente
y me muerde la oreja con un ardor,
una calentura,
que es difícil irse al catre

¿Y quién soy yo para rechazar una cajetilla tan deliciosa?

El lápiz pretende a la hoja en blanco
de un modo vergonzoso
y moralmente inaceptable.

La hoja en blanco se deja querer,
podríamos decir que ya no es tan inmaculada,
pero que importa
entre el humo y los reflejos rubí
donde todo se vuelve falso recuerdo,
realidad incorrecta,
un dudoso fallo fotográfico.

Luego entra en escena esa maraquilla,
la felicidad, maldita interesada,
de esas que solo están cuando todo está bien.

Finalmente llega la soledad,
compinche de tantas noches,
tan solo con su presencia,
da sosiego a mi inquieto mirar,
me sujeta de los pelos mientras,
de rodillas en el baño,
dejo salir la pena burdeo que llevo dentro,
finalmente me alza de los sobacos,
me lleva a rastras a una cama deshecha,
fría e impregnada de olores a una vida lejana,
roba las gotas de sudor que hacen brillar mi frente
con un beso tierno y cálido
y al fin me duermo.

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