VIAJES. Crónica 04, porqué JoBros no van a Bolivia

por Catalina Díaz Cisternas y Halszka Paleczek

Crónica 04 o porqué los Jonas Brothers no van a Bolivia

Para Bolivia habían sido estipuladas unas 3 semanas para visitarla… pero las chicas necesitaron 3 meses -y 3 días de ilegalidad- para cruzar la frontera peruano-boliviana. El “gran paso” fue difícil, emotivo e incluso purgante, pues el esfuerzo les costó horas en cama  y en  el W.C., y por lo menos medio frasco de propóleo en gotas. Es que Bolivia es una amante recelosa…

Desagüadero era el nombre del pueblo boliviano donde recibieron nuestros pasaportes para timbrarlos, y dejarnos ir. Suponemos que ha de ser común dejar el país con esa sensación nostálgica en el estómago. Con todo, al principio fue fácil absorber los golpes, pues Puno – y el área del circuntiticaca en general- comparte el mismo espíritu andino que abunda en Bolivia: el  de los refrescos y almuerzos callejeros, las combis que inundan narices con sus humos maléficos, las pandillas de perros y la gente cargando aguayos más grandes y pesados que mochila de mochilero.

Sin embargo, ese mismo día cuando llegamos a la “ciudad blanca” de Arequipa, nos dimos cuenta de lo radical que fue cambiar de país (a pesar de que ya lo intuíamos con el lento y escrupuloso andar del bus peruano). Incluso nos asustamos un poco…  ¡pues Perú es aterradoramente parecido a Chile!

Entrar a Perú fue ingresar en un estado de shock cultural. Ya no nos sentimos cómodas escupiendo las hojas de coca en la calle, ni caminando fuera de la vereda… acción que ya no se nos hace necesaria, pues aquí las aceras son extremadamente transitables: limpias y espaciosas, despejadas… ya no hay que sortear las faldas de las cholitas, que acampan una al lado de la otra con sus vitrinas ambulantes. En la radio escuchamos que el 80% del comercio boliviano es informal, lo cual suena completamente razonable, considerando que los mercados de las ciudades parecen chorrear por el resto de las calles y avenidas.

Pero es que en Bolivia todo tiende a chorrear un poco… desde el griterío de las combis que anuncian sus destinos, las esquinas improvisadas como basurero, los carritos con fruta y agüita en bolsita, el merengue en colores flúor de las pastelerías, las ollas y fritangas de la calle, e incluso las narices de los niños moquillentos. Todo se cuece -y se fríe- en la calle, todo se expone en un país en que a nadie le importa mucho lo que hagan los demás que caminan por ahí. Cada uno en lo suyo, en un desorden en el que todo y todos tienen cabida.

En Perú, en cambio, todo está en su lugar. Todo es mucho más moderno y globalizado. Con rascacielos, autopistas y guardia civil. Por supuesto que a las transnacionales les conviene invertir en un país en que su mercadería formal quepa en un comercio formal. Perú es un país en el que se espera que te den boleta, y en el que la gente prefiere los productos certificados y de estantería, aún si tienen que pagar un poco más. Por eso aquí hay mucha más publicidad en las calles y muchos más productos importados de grandes empresas, que prefieren invertir aquí y no en Bolivia (como es el caso de los Mall Plaza, Falabella, Salco, entre otros gigantes chilenos). Perú es un poco como el novio presentable y correcto que todos deseamos llevar a un almuerzo familiar, aunque sea el mismo que también te mira en la calle y te piropea (actividad poco usual en Bolivia, donde –digámoslo de frente- no te mira nadie).

Pero si no puedo llevar a Bolivia a la casa de mi abuelita, estoy segura que la abuelita de Bolivia sí me recibe con los brazos abiertos. Me espera con un plato gigante de sopa de quinua, y de segundo un pollo con arroz, plátano frito y yuca. Pues a pesar de que los bolivianos no suelan decir permiso y dar las gracias, el mundo entero cabe sobre las faldas de una cholita. Éstas son súper-mujeres, grandes y fuertes, capaces de llevar a cabo el trabajo de un hombre y de una mujer juntos. No sólo cuidan de su familia en casa, sino que también trabajan la tierra y luego cargan sus aguayos hasta la ciudad para vender la mercadería. Están también en las construcciones de caminos, trabajan los jardines de las plazas, atienden los locales de servicios, e incluso están sentadas en la casa de gobierno. Y muchas de ellas llevan encima el peso de sus maridos, que aunque flacuchentos, se vuelven pesados e inútiles con una botella de alcohol de caña en la mano.

Pero la cholita es mucho más que eso. También es una mujer distinguida, de pollera (falda), manta, zapatito ballerina y sombrero. La gente se corre a un lado en las calles para dejarlas pasar, y las niñas admiran la coquetería y elegancia de sus lentejuelas y sus topos (prendedores) dorados. La cholita es también una mujer bilingüe, capaz de manejarse en dos mundos: el urbano castellanizado, y el de los ayllus aymara. Es una mujer que manda a sus hijos al colegio y le reza a su santo cristiano de devoción, pero que apura su suerte con artilugios de las chiflerías populares (donde se venden desde inciensos y hierbas aromáticas hasta fetos de llamitas para hacer la ofrenda a la Pachamama, que traerán prosperidad a su casa y su negocio). Ella misma es símbolo de un mestizaje propio de Bolivia, donde la clase emergente del siglo XVIII se españolizó sólo lo suficiente para poder hacer valer su lugar en las urbes criollas. Hoy en día la chola sigue casi igual en apariencia, pero más orgullosa que nunca por sus logros como mujer y ciudadana, con ministerios, juzgados, puestos en el senado e incluso hits en la radio (busque “Las Consentidas”). Ni de raza indígena ni blanca, ni de clase alta ni baja, la chola es estandarte de la mujer boliviana, y de lo que es capaz de lograr la modernidad latinoamericana si se apega un poco a su tradición.

Los cholos también llegaron al gobierno. Hoy Evo Morales -hijo también de una cholita- defiende la voz de grupos indígenas y campesinos que son mayoritarios en Bolivia, y que desde la Colonia han sido tratados como grupos minoritarios. A pesar de que muchos bolivianos se oponen al gobierno del MAS (debido a sus reformas legales, y por las facilidades que les está dando a los productores de coca), sí hay que reconocer la importancia histórica de un presidente que se enorgullece y protege la tradición y el folklor bolivianos incluso más que los valores que nos impone la Coca-Cola company (a pesar de las más de 100 toneladas de coca que Bolivia le vende todos los años).

En fin, aquí en Perú retornamos a la impecabilidad de apariencia y servicio que sólo nos brinda un país plagado de transnacionales, bancos y turismo de categoría mundial. Sin embargo, extrañamos a las cholitas… ahora tenemos que hacer un esfuerzo extra para encontrar las cosas que queremos. El pan en la panadería, el yogurt en el supermercado, el diario en el kiosco, la fruta en el mercado… ya no se nos aparece una cholita ambulante, que nos ofrece de todo, cada dos minutos y cada dos pasos, satisfaciendo todas nuestras necesidades al instante. Acá en Lima, el comercio formal mutiló también sus refrescos de quínoa y de linaza (“doñita, ¿me da un refresco en bolsita, para llevar?”), las tucumanas y las humintas callejeras, también sus puestos con adaptadores eléctricos, papel higiénico y plátanos (todo junto)… se llevó toda la riqueza y diversidad de las calles, y puso en su lugar una prótesis plástica con bordes metálicos, una máquina automática para servirnos Inka Cola (ahora de la Coca-Cola company), bien helada.

Creemos que los Jonas Brothers se perderán a las cholitas gritándoles y tirándoles ramos de flores de manzanilla al escenario, se perderán de ver a un país en desarrollo lento pero seguro, un país donde las personas aún son como son porque les da la gana, un país donde las modas cambian cada década y no cada temporada. Los Jonas Brothers parecen preferir la imagen exótica de morenazas peruanas vestidas con ajustados jeans, a lo Demi Lovato, pero… ¿será realmente su culpa, o será que los países latinoamericanos estamos tan caricaturizados como sandungeros, con climas tropicales y frutas exóticas, con mujeres voluptuosas y sensuales, que no hay cabida para las cholitas bolivianas en ese imaginario?, ¿o será simplemente que a la juventud dorada de Norteamérica no le compete cruzar a países vetados por la DEA (Drug Enforcement Administration de EEUU)? Por favor, háganle estas preguntas a Nick, Joe y Kevin el próximo 4 de noviembre cuando pisen el Monumental en Santiago. Nosotras le daremos la respuesta a Marielita, su fan número uno en  Bolivia.

5 Responses to VIAJES. Crónica 04, porqué JoBros no van a Bolivia

  1. halszka dice:

    favor nótese el contraste en las fotos intercaladas de peru y bolivia (adivine cual es cual…)
    aunque quizas no sean las mas representativas para comparar… es que pronto lo caotico ya nos dejo de impactar… hasta que llegamos a peru!

  2. mariana alcayaga dice:

    Muy interesante y maduras las reflecciones de ambos paises,me impresionaron,felicitaciones!!!

  3. angelica muñoz dice:

    Les agradezco los excelentes comentarios de su fantástico viaje-aventura,creo que es bueno mirar con otros ojos los paisajes,cultura,gente,colores,olores etc.que solo lo turístico,las fotos están increíbles,ya que demuestran el colorido de esos países,no dejen de escribir para saber de sus andanzas,suerte….(por siaca,soy la amiga bailarina de Mariana)

  4. Feña Larenas dice:

    Recién ayer supe que escribían las aventuras de su viaje de esta manera, supe antes por la Danu que tenían un blog del viaje, y creo que hasta un flickr, pero como no tengo facebook y la tecnología a veces me supera, tu mamá me explicó ayer paso por paso como leer sus crónicas, y la verdad no cacho mucho lo del flickr…
    Así que hoy tempranito me metí al PC a verlas, esperando casi un itinerario (entretenido porque sé que ustedes lo son), pero gratamente me encontré con estas reflexiones acerca de los lugares visitados.
    Así que las felicito primero que todo por haberse atrevido a hacer el viaje de sus sueños, postergando los sueños que creemos tienen los padres para nosotras, y les mando toda la energía del mundo para que sigan conociendo y maravillándose de los lugares visitados.
    Les mando un beso enorme (acompañado quizás con un poco de envidia jajajaj) y que sigan así! Y escriban más porque ahora voy a revisar cada cierto tiempo para leer sus crónicas.
    Besoosss!

  5. halszka dice:

    feñita! acabo de leer tu mensaje, gracias!!
    que bueno que te haya gustado lo que escribimos…
    muy buena onda, la energia se siente! 😀
    te mandamos tambien mucha energias de vuelta, energia de relajo, de calma… mucha calma, sin ansiedades….
    un beso grande para ti tb!

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