CRÍTICA. El oficio no se enseña

por Juan Cuevas

En el principio es la palabra, la palabra escrita en determinado formato que ha de ser  interpretada por un equipo de expertos bajo la tutela de un director. El dará forma visual al puñado de páginas que ha tomado largas semanas, meses e incluso años destilar.

Desconozco el proceso mediante el cual un compositor va convirtiendo infinitas posibilidades sonoras en obras de calidad. Lo cierto es que los compositores invierten largos años en aprender los rudimentos de la música. Es tan largo el proceso que debe iniciarse en la niñez, algo que me hace respetar mucho a los músicos de conservatorio.

Es en este punto en que las comparaciones con el cine en particular y la narrativa en general se vuelven tortuosas, incluso vergonzosas. No existen respetados conservatorios ni “academias” de escritores y guionistas. Cualquiera puede, en cualquier momento de su vida tomar lápiz y papel y aventurarse con la prosa o la poesía, robarle unos minutos al día para contar una historia.

Claro, cualquier jovencito formaba una banda de rock en los 80s (sí, yo fui un jovencito en los 80s) pero incluso para animarse con un par de notas era preciso aprender lo básico del instrumento, saber afinarlo y pasar varias tardes de ensayo con el resto de la banda. Si el entusiasmo duraba lo suficiente, en unos meses nos animaríamos a presentarnos ante el respetable. En mi caso el entusiasmo no llegó a tanto y la guitarra eléctrica terminó juntando polvo en la bodega con los patines, los pinceles y las raquetas de tenis que mi madre insiste en llamar paletas.

Con el club de periodismo la cosa fue distinta, muy distinta. En cuarto año el profe nos contó la idea de publicar un periódico mural un jueves y al lunes siguiente un grupito de estudiantes se apretujaba en el recreo para leer las breves esquelas, en menos de una semana pude transmitir la sonrisa de mis chistes sin tener que ser necesariamente gracioso y así, durante cada semana lo que me tomaba un par de horas producir con una máquina de escribir prestada (si, seguían siendo los 80s) me otorgó la fama de artista que buscaba.

No tenía que aprender a dibujar o a tocar un instrumento, de hecho no tenía que aprender en lo absoluto, bastaba con escribir un breve artículo y a veces con una que otra frase escrita con cierta gracia era suficiente. Para todo jovencito constituye un gran descubrimiento.

Antes de terminar el colegio llegué a cobrar por escribir los resúmenes a los estudiantes de primer año de la Facultad de Comunicación Social, me leí el pensum académico y me pareció pan comido.

Por eso terminé exigiéndome más de la cuenta en ingeniería, carrera que terminé abandonando por letargo.

Con los años volví a tomar la escritura en serio y si bien la vida es el mejor material para hacer escritura creativa (si has llegado hasta aquí es que te lo acabo de demostrar) aún sigo pensando que urge contar con una estructura académica que sea capaz de formar a los futuros escritores, es grato saber que cualquiera puede hacer literatura y en ocasiones hasta resulta ser de calidad, convierte a la literatura en la más democrática de las pasiones. Pero como actual profesor de guiones y escritura creativa se supone que haga algo con mis alumnos.

Debo decir que de la Poética de Aristóteles al seminario Story de Robert Mackee la humanidad se ha farreado cierta formalidad académica, las universidades aún elaboran listas de obras clásicas en sus cursos con la esperanza de que el alumno las muela en su cerebro y  produzca algo de similar calidad, es tan parecido al muchacho que se levanta un día y decide que ha escuchado suficiente música como para componer su primera sinfonía. Leer muchos libros ayuda pero no lo es todo.

Otros talleres literarios invitan a escribir todas las semanas, luego se hacen lecturas y el resto de la clase aporta sus comentarios, es una fórmula que ayuda a escribir pero no creo que haga mejores escritores, solo grupos de auto complacencia, más allá de los mutuos palmoteos en la espalda no he logrado grandes avances con los talleres literarios.

¿Y cómo aprendí a escribir yo?

Fue en 1978, mi padre gruñía porque los argentinos ganaban la copa mundial y mi madre escribía las vocales para mí. Estaba a punto de cumplir los cinco y no tenía intensiones de seguir perdiendo el tiempo en el kindergarten en el que me habían matriculado, lo mío era cargar con enormes volúmenes de libros como los que usaban los otros chicos del vecindario  que ya iban a la universidad, no cargar con una infantil lonchera, aunque dentro hubiera pan con mantequilla y mermelada.

Para calmar las ansias mi madre se dedicó a enseñarme a leer, a escribir y a contar hasta el 100, tareas que dominé en pocos meses y esa dedicación exclusiva más las revistas semanales que mi padre me compraba han sido mi mejor escuela. De ahí en adelante todo ha sido una lucha constante contra el sistema escolar del que ahora formo parte, ¿irónico? Sí,  la vida suele serlo.

Hoy podemos emocionarnos con las obras de autores que desde hace siglos son polvo y que  vencen a la muerte cada vez que un lector reconstruye en su mente el universo que ha legado. Por tanto, ¿qué es escribir si no una forma de telepatía?, la posibilidad de transmitir tus pensamientos a otras mentes sin la barrera del tiempo y la distancia.

Esta capacidad exclusivamente humana (mas allá del teórico ejercito de monos que en algún momento producirán una obra maestra, sigan tecleado monos) y tan común a cualquier persona de más de seis años se torna confusa a la hora de hablar de literatura, se da por sentado que cualquiera puede escribir una carta más o menos sentida, pero hacer Literatura es otra cosa.

Por poner un ejemplo liviano: la escritura creativa con intensión publicitaria está muy especializada y desde hace rato los “copys” son parte importante de las agencias publicitarias.

Pero ¿es posible aprender a hacer literatura?, para eso hemos de definir en primer lugar lo que se entiende por literatura y entre más investigamos, más nos confundimos. Una definición exhaustiva y correcta es tan nebulosa como la definición del arte mismo y no son pocos los  que adherimos a la pregunta de Bazin y la hacemos extensiva a la literatura. ¿Qué es la literatura?

Aquello que los escritores tratan de descubrir cuando se enfrentan a la página en blanco.

Y pensar que todo empezó con la palabra.

2 Responses to CRÍTICA. El oficio no se enseña

  1. Nadja dice:

    Es cierto actualmente cualquiera puede redactar una carta y que resulte buena pero eso no nos convierte en buenos escritores literarios(como tú lo dijiste leer hartos libros no basta) Completamente de acuerdo.
    Lástima que para serlo entonces y estudiar la literatura aprendiendo de alguien con valor en la disciplina hay que entrar en la trampa del sistema no?, mientras tanto los talleres nos refuerzan un poquito.

    Muy buena crítica, saludos!!

  2. tuve un maestro de narrativa (Rafael Heredia)…el decía que un escritor debe tener HORAS NALGA para ser un buen escritor…que desayunaba comia y cenaba con la maquina de escribir….BUENO… yo digo que si, pero hay gente que aunque se pase mil horas sentados frente a un papel blanco no saldra nada…
    esto de escribir no solo es de escuela, talleres o leer libros….ES COSA DE QUE TAMBIEN SE TRAE EN LAS VENAS….eso siento yo…si no…que lo comprueben =)

    – y “pensar que todo empezó con la palabra”-

    felicidades Juan Cuevas…

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