CRÍTICA. Uno vive de recuerdos, la literatura lo sabe

Uno vive de recuerdos, y la literatura lo sabe bien

por Arturo G. Canseco

Olvidar…

Recordar…

Dos acciones que son las distintas caras de una misma moneda, dice Bibiana Camacho quien en estos días ha publicado su primera novela. Uno muchas veces no comprende lo que son los recuerdos hasta que los ve perdidos. Si acaso se tiene la suerte , o desgracia dependiendo de cuál sea el caso, de que aquello extraviado en algún rincón de la memoria resurja, se sabrá si valía la pena el esfuerzo, tanta angustia y desesperación ante el olvido. A Etél Hernández, protagonista de Tras las huellas de mi olvido, le sucede que ha olvidado y la incertidumbre la acecha a cada respiro, a cada paso, a cada pesadilla, a cada toque de marihuana. En su intento por reconstruir el camino perdido, se embarca en la difícil tarea de reconstruir las huellas que parecen haber sido trazadas en tierra más bien endeble. Lo que de ello resulta, es que Etél encuentra que su vida familiar se desmorona, que el amor es un enigma indescifrable y, sobre todo, que su ciudad la acoge, sí, pero de una manera que por momentos asfixia.

Sólo quien vive en esta ciudad – México DF- puede comprender la pasión con la que se le disfruta pero también la vehemencia con la que se le insulta. Sin embargo, novelas como la de Bibiana Camacho (cabe aclarar que se trata de un seudónimo, un homenaje a su abuela) trazan ciertas pistas para quienes ajenos a esta realidad intentan acercarse un poco a ella. Retrata el centro de la ciudad y sus calles. Sus personajes que se intentan relegar por muchos pero que ahí están y forman parte de la compleja cotidianidad citadina. No por ignorarlos desaparecerán queda claro en este relato.

Y es justo en este primer cuadro de la ciudad, el Zócalo, en donde se presentó esta novedad editorial de la casa Almadía. Entre carpas, flores y letras andantes, Bibiana Camacho habló de los más de dos años que tardó en escribir su libro que surgió como un cuento pero que por humos propios transmutó en novela; de su experiencia como colaboradora en revistas; de su escribir que de divertimento ha pasado a ser una forma de certera expresión.

Cualquiera que sea, haya sido o está en camino de ser joven puede encontrar en Tras las huellas de mi olvido una conexión. La novela aprehende la vitalidad sin reservas. La vida de esta ciudad que olvida y recuerda sin cesar. De las calles anímicas, transgresoras y hostiles. De las pesadillas nocturnas. De las correrías con sexo y drogas. Del amor fugaz que de manera inexplicable se desvanece y de la familia que hace insufrible el momento pero que inspira un amor incondicional.

Vivimos en los recuerdos que nos conforman. Es de celebrar al escritor que no olvida, que sin sus vivencias escribiría tan sólo de la lluvia que cae o del sol que calienta. La literatura, como la vida misma, se enriquece de lo humano que el tiempo se encarga de forjar. Y entre más pesada la carga, más se enriquece la persona. Así también, el cúmulo de recuerdos sabrá guiar el camino que nuevas huellas habrán de seguir.

Atesoremos aquel recuerdo que enternece pero también el que lastima. Defendámoslo como si en ello se nos fuera la vida misma.

Para los interesados en la interesante obra de Bibiana Camacho, por ahora el libro se puede encontrar aquí. Esperemos pronto contar con él en las librerías nacionales.

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