VIAJES. Crónica 02 o convertirse en viajeras,

por Catalina Díaz Cisternas y Halszka Paleczek

Reporteando en terreno, las mochilas y sus chicas buscan sobrevivir a las pasivas garras bolivianas que las retienen… los domingos se acumulan, los kilómetros y las personas se apilan. Comenzamos a preguntamos, ¿saldrán algún día de Bolivia?


Piensas que a tu vida le falta energía, que hay mucha micro, mucho ruido, mucho smog y poco tiempo para disfrutar de la contemplación. Entonces te propones viajar por unos meses y despejarte de todo eso, para luego darte cuenta de que la vida del viajero en Bolivia fluye más lentamente que tu vida anterior. Raro. Sospechoso. Es que casi toda Bolivia se siente como pueblo, con un estricto horario de siesta y eternas excusas para festejar en la plaza.

Después de visitar grandes ciudades históricas, sus iglesias, museos, universidades, exposiciones, y otros lugares pervertidos para los turistas, ahora hemos caído en las lianas de la selva boliviana, y los días se hacen largos y calurosos… Sin largas distancias geográficas que recorrer a pie hay más tiempo, pero es ese tiempo con el cual no estamos muy seguras de qué hacer. Y las horas se pasan esperando la hora de almuerzo, comiendo, y esperando la tarde, tomando. O qué tal si nos quedarnos en la plaza mirando a la gente, mientras tomamos un refresco de coco/linaza/somo/api/quínoa/ajonjolí/mocochinchi/soya/etc! Sabrás que has dejado las grandes ciudades atrás cuando quieras cruzar los límites del horario de almuerzo: prepárate para caminar, pues no será fácil llenar el buche decentemente después de las 3 pm en Montero…

Desde la partida de Santiago la rutina de estas viajeras ha cambiado, quedándose el estrés definitivamente en Chile junto con las obligaciones, el qué dirán, y casi todas las normas de higiene que nuestras madres nos enseñaron con esmero y repetición. Ahora simplemente confiamos ciegamente en la cocinera… y claro, un poco también en las vacunas que nos pusimos antes de partir de viaje. Tengo que advertirles que no nos bañamos a diario, cambiarnos de ropa interior es sinónimo de fiesta y últimamente estamos bastante flojas… Todos estos síntomas indican que ya no somos las mismas: ahora parecemos un poco más viajeras. No es evolución. No es progreso ni selección natural. Nada de eso.

Sin embargo, la verdadera diferencia entre el turista y el viajero es muy simple: el viajero no tiene muchos planes pues la fecha de retorno es lejana o no existe. El viajero se rodea con el ritmo de la ciudad, anda con ropa sucia y no compra souvenirs, come pan con queso en la plaza y utiliza la práctica norma del “no compres nada que no estés dispuesto a cargar”… o perder. El turista, en cambio, mantiene un alto nivel de rendimiento. Visita las ciudades con un mapa en la mano, y suele caminar sin mirar a su alrededor cuando intenta llegar al museo o iglesia que tanto recomienda su guía. El turista completa su itinerario, y a tiempo. El viajero, en cambio, usa su itinerario de posavasos y está dispuesto a olvidarlo por completo si sus pies se niegan a seguir algún camino predeterminado.

Así, nuestra curiosidad es saciada entre mercados y ferias, la plaza y los turistas con los que compartimos los hostales. Al comenzar el viaje intentábamos hacer todo el city tour, ahora sólo vemos lo que realmente nos interesa y preferimos conversar con el guardia que pagar la entrada de turista al museo (pues sí, cambia la tarifa si es para nacionales o extranjeros). Si queremos conocer Bolivia debemos buscarla en la calle, entre su gente, y no bajo las luces artificiales de las vitrinas. Usaremos sus cartelitos explicativos sólo como referencia, siendo necesario buscar más allá. Debemos aprender los códigos de una cultura que nosotras mismas estamos invadiendo, y de la que deseamos apropiarnos de alguna manera. Aprendemos otra variedad de nuestra propia lengua madre, y usamos más el pretérito perfecto (he + participo) boliviano. No balbucear demasiado, modular, usar los indicativos, pausar las oraciones, intentar no perturbar la calma y el orden público bolivianos… asi como, también, practicar el switch al inglés, tan útil para movernos con los turistas.

El problema de ser viajeras es que muchas veces la rutina colindante te envuelve, y entorpece la búsqueda de cosas distintas. Es cómodo vivir en Bolivia, y demasiado pronto conocemos nuestros lugares favoritos para estar y comer… La trampa del hostal cómodo -ese con cocina, ducha caliente y sillas al sol, buen precio y gente simpática- pueden hacer que te quedes más días de los que planeabas en un pueblo o cuidad. Por ello hay que aprender a soltar; dejar que las personas y los paisajes pasen con la certeza de que los volverás a ver si deseas, que disfrutaste lo justo y que el instante fue perfecto. Porque tal como durante un viaje se aprenden a soltar miedos y objetos materiales, también hay que aprender a soltar los momentos, dejarlos allí donde se originaron para seguir el camino que te llama en el gran mapa sudamericano.

© Todos los derechos reservados

2 Responses to VIAJES. Crónica 02 o convertirse en viajeras,

  1. Muriel dice:

    que hermosa su reflexión sobre los instantes y como hay que dejarlos ir, para que sean lo que deben ser. Felicidades por su columna y por su viaje

  2. Laly dice:

    LINdo viaje,espíritu errante y lo mejor es q lo gozas,puede qa cuando seas mayor digas “mira dondde andube metida,pero lo disfruté a concho ,y talvez nunca pares en tus correrías
    y luego empezaras a hacerlo con tu propia familia ,cuando se tiene ese esíritu errante creo q debe ser difícilperman mucho tiempo en in sitio
    Sgan disfutandolo y suerte,cuidense mncho
    Sacaste la veta de tu abuela en la narrativa …….porque de Mami…..mmmmmm……no creo ,jajajjaja
    suerte y cudense mucho

Deja un comentario

Buscador
Síguenos