por Álvaro Silva
“Todo nace por la necesidad de hacer lo que queremos hacer”
La razón es tan simple, y tan profunda a la vez, que es imposible no empezar por ahí. Es un acto de fe, un salto al vacío, hacer a un lado la conformidad que puede dejar ahí, en reposo, todo tu potencial. Al otro lado no hay nada seguro, y puede estar todo. Esa es la magia de la sentencia con la que partió mi encuentro con la gente de SoulBattery.

Estoy en un bar de Plaza Italia, ese odioso límite invisible de nuestra ciudad, y pienso que quizás no sea arbitrario que nos reunamos aquí, porque el fondo del proyecto de estos chicos, como ya se dejó entrever desde el principio, es precisamente traspasar estos límites invisibles, los propios y los externos.
“SoulBattery es un grupo experimental que busca soluciones reales a problemas actuales de diseño” define Francisco Pino Sáez, director del proyecto, el que esta fría noche de agosto es acompañado por Catalina Tonacca, encargada de contenidos y difusión y Nicolás Bascuñán, artista conceptual e ilustrador, los tres son diseñadores en comunicación visual de la Escuela de Diseño de la UTEM. El equipo se completa con Oscar Contreras, asesor de proyectos, Ricardo González, músico y Gustavo Morales, modelador, los que no están presentes. Su principal meta, por el momento, es instaurar a los videojuegos como elemento educativo. Para dar a conocer el real potencial de éstos, SoulBattery ha realizado tres interesantes proyectos conjuntamente con otros profesionales: Brutal Armor, Morbus Arcanus y NOBO. Todos desarrollados, desde su concepción, con un punto de vista local, consciente de nuestro lugar en el mundo y de nuestra identidad. La idea es lograr así, un doble y necesario efecto: usar la tecnología al servicio de la educación y también de la identificación.
Al trabajo en videojuegos se suma el blog de SoulBattery , donde se tratan temas de cultura digital y diseño, y un área de cómics digitales , que ha llamado a un concurso de fanzines, abierto a todo el mundo, con especial énfasis en los autores que no han publicado hasta el momento. “Queremos dar espacio a tantos artistas talentosos que están allá fuera y que no tienen donde publicar sus cosas” concluyen.
El local está lleno, a nuestro alrededor, la cantidad de gente esperable para un día viernes, alguien enciende el wurlitzer y pone algún hit latino que no alcanzo a reconocer. Más limites, más ruido de fondo, por momentos me es imposible no remitirme a una desordenada sala de clases. Una tradicional sala de clases, símbolo de un sistema demostradamente no efectivo, que estos chicos quieren cambiar, para que sea más acorde a los tiempos modernos, y sobre todo, a la nueva generación de estudiantes que son parte de él. “Hay que dejar de lado ya el sistema en el cual el aula es profesor-alumno, hay que hablar de multimedios digitales, profesores encargados y con experiencia en el tema y alumnos prestos a entender el sistema y jugar los juegos correspondientes y ahí formalizar” plantea Francisco. No son intentos tímidos, carentes de fuerza. Para lograr cosas así, se necesita una buena cuota de pasión, y seguridad en lo que se crea y para qué se crea. “Si vamos a hacer un software educativo, el nivel de pregnancia tiene que ser de un 100%” afirma el director de SoulBattery.
“Queremos, definitivamente generar softwares lúdicos, de calidad educacional, histórica, referencial y científica” aseguran. El equipo de SoulBattery presenta al juego como generador de una nueva realidad, mediante la cual los contenidos a enseñar, usados como la base de este nuevo mundo, son aprendidos con mayor facilidad, al ser necesaria una adaptación a este mundo por parte del usuario, en este caso el niño, que debe aprender las reglas para desenvolverse en esta realidad alterna. El proceso no es muy diferente a nuestros juego infantiles, la diferencia está en las nuevas tecnologías, y el sentido mismo del juego: “La idea es tomar las herramientas actuales y sacarles el máximo provecho con el fin del aprendizaje” como dice Catalina Siempre teniendo como base lo que nos identifica como sociedad, nuestra historia, nuestra costumbres, nuestra a veces, huidiza personalidad como nación, como personas que compartimos esta parte del planeta.
“Ir a la esencia” es un concepto que sale a la luz durante toda nuestra conversación, y es algo que se siente y se palpa en cada uno de los proyectos de la gente de SoulBattery, los actuales y los futuros, que darán que hablar muy pronto. Después de todo jugársela por la educación es también en gran parte eso, buscar la esencia y modelar desde ahí, un mundo mejor. Ya es tarde y debemos alcanzar el metro. Afuera nos recibe Santiago, ciudad que siempre he sentido, está llena de talento, de ganas, de vida, pero carente de ese “algo” tan simple y poderoso que es el querer hacer lo que se quiere hacer, por sobre lo que se espera, por sobre lo que se vende, por sobre lo que te da un mayor estatus o tranquilidad económica. En ese aspecto, es reconfortante conocer proyectos como SoulBattery, en donde la gente que se atreve a dar ese gran paso, con toda la potencia que le da el tener el alma como fuente de poder



















jose
Buena entrevista! Arriba soulbattery!!! : )
16 ago, 2010 a las 11:52
bruno
me parece, hay que atreverse no mas
16 ago, 2010 a las 20:04
Diego
Loco. BRILLANTE artículo para un proyecto igualmente brillante. Felicitaciones!
ARRIBA ALVARO!!!
ARRIBA SOUL BATTERY!!!!!
17 ago, 2010 a las 12:26