CREACIONES. Sagrada Mercancía

Artistas: Sagrada Mercancía

La Sagrada Mercancía es un colectivo formado por los artistas visuales César Vargas, Victor  Flores, Catalina Viera, Cristóbal Racordón, Esteban Cancino y Cristian Rodríguez, quienes se encuentran presentando su primera exposición en conjunto, titulada con el nombre que les dio vida, “La Sagrada Mercancía”,  la cual se compone de 16 grabados que envuelven la  sala con las letras que la conforman. La obra se presenta del día 2  al 11  de agosto en la sala Juan Egenau, ubicada en el campus Juan Gómez Millas de la Universidad de  Chile, en Las  Encinas 3370, Ñuñoa.

La obra “Sagrada Mercancía” propone la instalación visual de una operación gráfica derivada del grabado. Se trabaja con el registro escrito del lenguaje a partir de su doble dimensión: representacional y visual. La descomposición de la frase Sagrada mercancía en cada una de sus letras y estás a su vez, enmarcadas en un cuadro autónomo e independiente; trabajan con el sentido visual del lenguaje, en la medida, en que la obra misma expone la condición narrativa y representacional de la dimensión escritural del lenguaje.

La escritura como soporte de la obra, expone bajo en un mismo procedimiento estético el significado (o la dimensión del contenido) y los significantes (cada una de las letras enmarcadas) que articulan el sentido de la frase expuesta. Hemos de comprender, entonces, que el lenguaje puede operar como fenómeno de comunicación, en la medida que reprime el cuerpo significante en favor del significado o contenido del mensaje, vale decir, que para que el lenguaje cumpla su función de medio de comunicación no debe referir a la dimensión significante que posibilita precisamente su condición estructural de medio. En este sentido, el signo lingüístico compuesto de significante (o imagen acústica) y significado (o concepto) es, antes que nada, una relación de valoración; relación que según las fuerzas de subordinación que lo traman, se dirigirá a la expresión de un mensaje o a la exposición de su propio cuerpo retórico o proceso de sentido.

Para comprender como funciona la obra, en cuyo fundamento encontramos una operación de sentido a nivel del lenguaje; era indispensable exponer que entendemos por signo lingüístico y lenguaje como articulación del sentido. Ahora bien, el trabajo de exposición que ofrece la obra “Sagrada Mercancía”, es ubicar a un mismo nivel de valoración estética, tanto la dimensión significante o sea, la autonomía de cada letra recortada en cada cuadro, como el significado conceptual, es decir, el sentido posibilitado por la cadena que nos permite leer el sentido cohesionado de la frase expuesta. Bajo esta perspectiva, el sentido es siempre el resultado de un proceso de significación retroactivo o a posteriori. La lucidez de la obra pasa entonces, por restituir a un mismo espacio de significación, tanto la fragmentación del cuerpo retórico del lenguaje como el orden narrativo de éste. Así, la descomposición del sentido vive sólo en la relación cuadro a cuadro de la lectura visual de la obra, es más, la lectura visual de la obra es in-mediatamente el registro significante de la misma.

Sabemos que el referente conceptual y minimalista anima internamente el carácter visual y reflexivo de la obra, respecto a ello, es importante notar la inscripción visual de cada una de las letras en los cuadros que articulan el sentido de la frase, pues la sencillez de la técnica del intaglio, recorta el espacio corporal de cada letra como el espacio material de su ausencia. Así, cada cuadro portador de una letra, es en estricto rigor, el portador de una impresión espacial del vacío de cada letra. La huella de la letra es la marca de una ausencia y condición de posibilidad de la escritura; ya que, sólo la palabra humana nombra en las cosas la voz de su separación.

Asumimos que la forma de exhibir la capacidad autoreflexiva del arte, pasa por trabajar sobre los recursos representacionales o significantes; en este sentido, el desarrollo crítico más importantes del arte moderno ha sido el trabajo sobre su propio cuerpo retórico, ya sea desde la recuperación bidimensional de la superficie del cuadro, de la mancha como emergencia de la materia pictórica o de la emergencia del cuerpo en el arte de acción. Todas las modulaciones del coeficiente moderno de las prácticas del arte, ofrecen un lugar de lucidez, en la medida que operan en la exposición de su proceso de producción. Conforme a este código de intelección, la obra en su desarrollo serial, lleva a un extremo el sentido histórico del cuadro. Pues el cuadro como dispositivo narrativo de la pintura, alcanza en esta obra un régimen irónico de reflexión, pues leer el cuadro es literalmente leer una definición del arte. Cada cuadro por sí mismo representa sólo una letra, en este sentido el objeto-cuadro es el soporte de la descomposición del sentido mismo de la oración, pues no podemos leer la frase Sagrada Mercancía, más que suturando el espacio que separa la condición material que es cada cuadro, respecto al sentido final que asume la lectura lineal de los cuadros.

Hemos de tener en cuenta, que ocupar el peso del código irónico, significa abrir el cuerpo interno de los dispositivos que animan el sentido mismo de la obra, de forma que la conciencia de la obra teje su rendimiento estético desde la función moral de la pintura, ironizando sobre el soporte histórico que administró el poder de la pintura como un poder narrativo. Así, todo lo que puede resolver el coeficiente estético o reflexivo de una obra de arte, pasa por reconocer que su espacio es siempre ya, el espacio del lenguaje.

Para centrar el análisis estético de la propuesta de obra aquí defendida, debemos decir que ella trabaja con lo que denominaremos el cuerpo de la letra, donde el cuerpo es precisamente el dibujo de un espacio vacío; vacío que dentro del sistema general que la obra, se articula como la materialización de una ausencia productora de sentido.

El arte como un procedimiento de lenguaje, a decir verdad, como una técnica sobre la manipulación de los signos, asume la premisa de que el sentido mismo es un procedimiento de lenguaje. Consiguiendo definir la organización del sentido como una superficie narrativa y lineal, la obra pasaría a operar desde la exhibición estética del significante y lo que anteriormente señalamos con el cuerpo de la letra, implica en realidad, la experiencia estética como una experiencia irónica sobre el artificio del lenguaje.

La condición autorepresentacional del signo lingüístico se convierte en un lugar estético de reflexión, en la medida que advertimos el cuerpo de la letra en cada uno de los cuadros que componen la frase Sagrada Mercancía, frase que como una posible definición actual del arte, es también el nombre o marca del colectivo autor de la propuesta, su firma de inscripción, su propia publicidad.

Un aspecto esencial y clave para el rendimiento conceptual de la obra, es la consideración económica asignada a cada una de las letras grabadas y enmarcadas, pues parte de su naturaleza de mercancías es contar con un precio que valoriza el trabajo humano acumulado en ellas.

Para finalizar, debemos considerar que el dispositivo irónico no es nunca la salida expresiva del arte, sino el perverso goce de la imposibilidad de toda salida, a saber, la imposibilidad de articular una experiencia por fuera de los límites del lenguaje. Así, la lectura del cuadro a cuadro en la serie “Sagrada Mercancía” deviene la ironía del cuadro como lugar del dispositivo narrativo de la pintura, pues colma en su proceso de producción la pulsión narrativa del espectador.

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