COLUMNA.#9 Esperanza

por Diego Ávalos

TODO LO QUE USTED NUNCA QUISO SABER SOBRE TECNOLOGÍA PERO QUE IGUAL LE VAMOS A CONTAR PRESENTA CON ORGULLO:

#9: Esperanza

Teoría

Nietzche solía decir que cuando miras al abismo, el abismo te devuelve la mirada. Lo cual puede sonar muy sabio y profundo, pero no es ni la mitad de inteligente que el consejo “no vaya a gastar su dinero en los burdeles de Austria Herr Friederich que le puede llegar a dar sífilis”.

Moraleja: A veces el abismo hace mucho más que observarte.

Práctica

Humano era el nombre de lo que considero mi primer pensamiento realmente propio. Por supuesto que luego vinieron otros, entre ellos el gloriosamente valiente “no quiero ir a la fiesta ya que prefiero quedarme en mi casa jugando computador” y el esquizofrénico “las niñas no me dan besos debido a que poseo una belleza exótica solamente apta para paladares exigentes”, pero, durante mucho tiempo, Humano fue el único indicio de que eso que la gente llamaba “personalidad propia” de verdad existía.

El concepto en sí mismo era más simple que una edición de cuneta del Mein Kampf: En vez de botar la basura, iba a guardarla. Para siempre (literalmente para siempre… mi sistema de guardado de chatarra iba a sobrevivir a la muerte de este cosmos y los por venir). Todos los desechos que acumulara a lo largo (y ancho) de mi existencia iban a ser minuciosamente recolectados, siguiendo los mismos parámetros de excelencia que utilizan los sellos discográficos a la hora de elegir cinco miembros para una banda pop de chicos guapos, para luego ser expuestos en un hangar de proporciones épicas llamado Humano, el cual se convertiría en una escultura apocalíptica que reflejara la condición humana con deprimente perfección. Una oda a la decadencia. La versión mutante-intelectual de Protagonistas de la Fama.

Desafortunadamente, este plan se encontró con dos grandes problemas (y no nos olvidemos que basta solamente uno para echar todo por el tacho de la basura: Si no, pregúntenle a Napoleón qué piensa del invierno ruso).

Por un lado, cuando se comienza a recolectar basura (¡VEA todo lo que a usted le interesa!), uno llega a impresionarse con la cantidad de mugre que es compartida con otros. Si, por ejemplo, con un grupo de amigos piden una pizza ¿Cuánto porcentaje de caja puede ser considerado como tu contribución al mundo del desecho? ¿La caja dividida por el número de comensales? ¿La caja dividida por la cantidad de dinero que cada uno contribuyo en la pizza? ¿La caja dividida por la cantidad de pizza ingerida? Dios mío, que dilemas (casi tan difíciles de responder como aquella críptica pregunta ¿quién quiere ser millonario?… o sea ¿quién diablos podría querer eso?). Sin embargo, este problema de corte taxonómico palidece en comparación con la angustia generada por la segunda observación.

El proyecto considera toda la basura acumulada en una vida. ¿Tengo que primero morir para luego disfrutar de la fama y el éxito? ¡Puaj! Que alguien haga algo por amor al arte no significa que desaparezcan sus otras pasiones. La comida, el refugio y las ediciones especiales de clásicos de ciencia ficción de dos discos entre ellas.

Es curioso, ahora que lo miro en retrospectiva, que no se me haya ocurrido pensar como Noah Kalina, quien…


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… desde el año 2000 se saca una foto diaria con exactamente la misma expresión (http://everyday.noahkalina.com/) como parte de un proyecto ¿artístico? ¿Multimedia? que evidencia el paso del tiempo de manera palpable (la palabra correcta vendría siendo “visible”… generando la pregunta ¿Por qué simplemente el autor no corrigió el error dedicándose en cambio a escribir un paréntesis de dudosa finalidad?)

La primera vez que fui consciente de su trabajo vi el abismo. Supe que, con un poco de voluntad, podría en verdad haber concretizado Humano y convertirme, si bien no en un artista respetado, en el ídolo pop de alguien.

Quien sea.

Pero algo inesperado sucedió en la oscuridad. Mientras dejaba que el abismo me mirara de vuelta (un acto realizado por los profundos ojos de Noah), una enorme sensación de desinterés me invadió. Durante horas observé hasta que la indiferencia se apoderó de mí y, abriendo Word, me puse a escribir sobre lavadoras que plantean problemas matemáticos irresolubles, construyendo el primer vacilante paso hacia mi futura carrera como escritor.

Segunda Moraleja: A veces el abismo mira de vuelta. Y no pasa absolutamente nada.

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