

Sería lo más cerca que nunca estaría de Screaming Trees o Mad Season, y la oportunidad más certera de escuchar en vivo algo de Queens of the Stone Age, al menos en el corto plazo. Ya me había perdido el recital de Gutter Twins el año pasado, y aunque no he seguido detenidamente la trayectoria solista de Lanegan, era LA oportunidad de verlo.
Después de un arduo recorrido para comprar las entradas a pocas horas del concierto, y dándome cuenta finalmente que en la boletería del Normandie sí las vendían ¡¡y sin recargo!!, pude tener en mis manos el pase para presenciar a Mark Lanegan en Chile.
Dentro de la copada sala del cine -un recinto privilegiado donde podías estar a pasos del escenario y tener vista panorámica sin importar donde te ubicaras-, ya se respiraba un ambiente noventero, caras que parecían familiares y se conjugaban en un contexto de cercanía y comunión en espera de la música. Muchos esperando revivir esos sonidos de inicios de los 90’s a través algún clásico de Screaming Trees o tal vez escuchar algo de los QOTSA, por quien fuera uno de sus colaboradores. Y entonces, 10 minutos después de lo programado, a las 20:10 pm… Mark Lanegan sube al escenario.
Acompañado únicamente por los acordes de Dave Rosser y su guitarra, Lanegan irrumpió en escena con su poderosa voz. When your number isn’t up invadió la sala de cine e iluminó el oscuro telón que los antecedía. Sin mayores presentaciones y casi sin mediar palabras con el público, continuó el show.
La voz rasposa de Lanegan retumbaba en toda la sala; taciturno, serio y casi sin mirar al frente, la seguidilla de canciones dio paso a algo de Screaming Trees: Where the twain shall meet con un Lanegan que causaba ovación con el poder de su voz, unida a los acústicos sonidos de la guitarra. La segunda de Screaming Trees se presentó más adelante en la velada con Traveller, casi como un retrotraerse a los inicios de la carrera de Lanegan. Uno de los momentos fuertes de la noche y de mayor interacción del público, que vitoreaba y seguía el tema.
Durante la presentación se escucharon los cover, Shiloh Town, de Tim Hardin; y Julia Dream, de Pink Floyd, una muy buena versión que no tenía nada que envidiar a la original. Strange Effect de The Kinks, y colaboraciones con los ingleses de Soulsavers, en Mirrored y Resurrection Song se sumaron a los temas originales de Mark.
Hacia el final del concierto, Wild flowers, del primer disco de Lanegan, seguía la intimidad y respeto causado por Bombed, para terminar con Hangin’ Tree, finalmente la única de QOTSA, en una interpretación que a pesar de lo acústico del show logró retumbar y acelerar al público; la guitarra y la voz de Lanegan recrearon una versión donde ni la batería del tema se echaba en falta.
Es cierto, yo esperaba más temas de Screaming Trees, algo del Sweet Oblivion o del Dust; sin embargo, una vez terminada la presentación no pude extrañarlos. La potencia acústica se conjugó en una presentación muy bien estructurada, en que nada faltó y nada estuvo de más. Al menos musicalmente. Otra cosa es lo que pasó fuera del escenario, y aquí un ejemplo de esas cosas que con el paso del tiempo tolero menos. Algunos desubicados e irrespetuosos que no paraban de tomar fotos (con mega flash!!!) justo en frente de Lanegan mientras cantaba, que pedían que posara o incluso cuasi obligaron a que este les diera la mano. Claramente el músico no se veía muy agradado con esas circunstancias. Su aire severo y retraído, no parecía muy dado a esas muestras de complacencia ante un grupo más preocupado de posar que de escuchar la gran presentación, y que de paso interrumpían a los que sí estaban expectantes por el show.
A pesar de esos deslices de unos pocos, fue algo más de una hora de muy buena música, en una puesta en escena precisa, casi sin pausas musicales, sin mayor interacción de Lanegan con el público; pero que a pesar de la distancia física, logró mantener el ritmo dado por la intimidad del show, los acordes de Rosser y sobre todo la voz de Lanegan que producían un efecto sinestésico. Un resultado altamente positivo, un concierto íntimo y conmovedor, con la cercanía de una tocata y la calidad de un grande. Sin duda uno de esos momentos que vale la pena recordar.
Fotografía de portada: Talita Mem
Fotografía interior: Rockaxis

















Ana
This picture is from São Paulo concert. It’s Comite Clube.
05 jul, 2010 a las 08:59
Rubén
Buena reseña… (mejor que la de Rockaxis! ajaja)
En fin.. dos temas anexos me surgen al leer a Constanza y que quizás pudiesen destacarse como notas.
1. El Normandie como lugar de recitales… es algo nuevo, al menos yo no había sabido de eso hasta este año… quizás difundirlo más, en vista del “amor” que se le suele tener a este cine que estuvo apunto de desaparecer hace algunos años.
2. Los de las fotos.. de un tiempo a esta parte todos quieren grabar y fotografiar todo! sin importar como esto ensucia el espectáculo… una pena porque efectivamente molesta, sobre todo en recitales “íntimos”.
Saludos y felicitaciones por el espacio!
Rubén.
05 jul, 2010 a las 15:29
Diego
Los flashes de los celulares son algo así como los encendedores encendidos durante una power ballad de este nuevo milenio. Más que una molestia, una pequeña idiosincracia.
05 jul, 2010 a las 18:55
Coty
Claro, los celulares encendidos como antorchas sí… pero los flashes y fotos encima de los músico, me siguen chocando un poco. Es como querer conservar el momento, más que vivirlo y disfrutarlo en el instante. Bueno, un par de fotos no le hacen mal a nadie, y se entience querer contar con el recuerdo, la cosa es cuando el interés por fotografiar sobrepasa el interés por mirar y disfrutar, como un fin en sí mismo…(más aún si la presentación es tan íntima)
Y respecto al Normandie, totalmente recomendable para este tipo de conciertos.
06 jul, 2010 a las 16:50
Felipe
Buena, esta vez no fui a ver al maestro, precisamente porque más o menos caché el setlist y no prendo mucho con sus discos solistas noventeros (con Bubblegum sí).
Aguante el Loco bielsa del rock.
Saludos Coty!
06 jul, 2010 a las 19:06
Gaby
Sí, de verdad es como Bielsa, jaja. Seriecito y retraído, y está bien así, dejemos la estridencia para los shows discotequeros…Pues es cierto, el Normandie tiene un sonido impecable, vale la pena considerarlo para más recitales.
07 jul, 2010 a las 21:03
Joel
Fui a ese concierto, ya había visto a Lanegan con Gutter Twins, al igual que Constanza uno siempre espera una de los Trees, pero fue justo, el setlist fue muy bien escogido. Resalto Where The Twain Shall Meet, una interpretación correcta de parte de Dave Rosser, Don´t Forget Me me llegó bastante, Message To Mine elevo el recital, escucha The River Rise, y Traveler nos transportó a los 90′s y el explosivo final de Hangin’Tree dejó a todos conformes, fue un recital íntimo, cálido y de buena calidad. El regalo fue poder comprar un recital de Lanegan en Leeds que tiene un Setlist parecido al de Santiago pero se agradece ya que es una pieza de colección. Espero que alguna vez los Trees vuelvan y eso no me lo perderé por nada del mundo.
10 jun, 2011 a las 22:42