CRÓNICA. En Raúl Marín Balmaceda

por Alicia Ibáñez y Fernanda García

(continuación de… Rumbo a Raúl Marín Balmaceda)

El miércoles finalmente zarpamos, y gracias al atraso de la barcaza pudimos conocer el Corcovado de día. Prácticamente no salimos de cubierta, una, porque el maravilloso paisaje no paraba de cautivarnos: el mar, la neblina e islas remotas hacían que se hiciera patente aquel comercial de Tapsin, ya que de seguro habían cosas que “sólo Dios sabe que existen”; y otra, para que los efectos del mareo no cayeran sobre otros.

Llegamos a la primera parada, Melinka, una isla que desde Don Baldo -la barcaza- se veía muy bella, sorprendiéndonos la cantidad de personas que vive ahí, cuya única posibilidad de acceso es por mar y aire. A eso de las once de la noche nos asomábamos al puerto Raúl Marín Balmaceda (RMB), a oscuras nos subimos a un bote junto a 11 personas –que eran las que iban a RMB, y no los 2/3 del pueblo como lo pensamos en algún momento- para dejarnos en el muelle del pueblo.

Bajamos nuestras cosas en la oscuridad absoluta; mientras el bote y su foco se alejaban. Buscamos a Camila y nada… “sólo nos queda preguntar a alguien que sea de aquí”, nos dijimos, “¿cómo no la conocerán entre 300 personas?”, y esta vez nos resultó el cálculo. “Yo soy de aquí ¿A quién buscan?”, nos interceptaron, y para nuestra suerte aquel amable personaje, Luis, no sólo la conocía, sino que nos llevó hasta su casa.

Con una linterna y caminando por caminos de arena, finalmente llegamos donde Camila, quien nos recibió reclamando porque don Baldo no piteó como lo hace todos los miércoles a las 4 ó 5 am. Nos acomodamos en su living, alistándonos para nuestra primera comida al calor de la leña en RMB: empanadas de mariscos, pan amasado, sopaipillas, ensaladas y té – de aquí pa’ delante no paramos de comer, de todo y en exceso -, hasta que llegó el primer choque con la realidad Marinense: la luz se corta a las doce y media de la noche, y vuelve a las nueve de la mañana, para luego de cuatro horas de luz, cortarse otra vez entre las una y las tres de la tarde, hora de colación de todos.

Ante lo que nos enterábamos se sumaban, además, buenas nuevas: la señal de celular había llegado a Raúl Marín Balmaceda el mismo día que nosotras (¿proyecto bicentenario?), pero no funcionaba (no todo podía ser perfecto)[1]… algo había pasado que la compañía estaba revisando… en esos días comenzaría la venta de celulares y planes para todos. Hasta ese momento, las radioaficionadas permitían la comunicación entre los habitantes del pueblo, y la radio del pueblo- comandada por Camila y Johnny, geógrafo- era un gran medio de información entre los habitantes de RMB, pero el celular iría mucho más allá, permitiría la comunicación entre seres queridos que dependían de buses, aviones y barcazas para reencontrarse.

En un primer momento no entendíamos porque habíamos escuchado tantas veces a Camila hablar de Raúl Marín como una isla, para nosotras era incomprensible ya que en el mapa se encuentra en el continente –no así Melinka, por ejemplo–, sin embargo, ahí comprendimos que si bien se encuentra en el continente, está rodeado, por un lado, por el  mar y, por otro, por el río Palena, siendo imposible acceder a él sin la ayuda de una barcaza o de un ferry. Esto también dificultaba su sistema de comunicación y conectividad, lo que hacía de esta noticia un gran apoyo a la cotidianidad de la zona.

A la mañana siguiente, supimos que habíamos llegado justo para ser testigos y partícipes de la gran semana gran de Raúl Marín Balmaceda y de la “La fiesta del mar”, la cual se celebraría a pocas semanas de la fiesta del “Pescado frito” de Puerto Aysén, ambos ligadas a la principal actividad de la zona: la pesca.

Así que había que estar atentas a las actividades planeadas, y particularmente a la próxima: “El chancho arisco”; sí, aquel chancho encebado, que chilla espantado y que casi muere de un infarto mientras una masa de personas se abalanza sobre el rosado animal. ¡Excelente!, ya estaba agendado.

Dentro de una variedad preconcebida de actividades donde lo que ocupaba gran parte de nuestro itinerario era descansar, descansar y descansar, nuestras expectativas se vieron modificadas ante la gran cantidad de actividades entretenidísimas organizadas por los Marinenses para esa semana.

Haciendo un alto en la celebración, aprovechamos para recorrer el lugar, nos esperaba un día soleado –raro por esos días en que sólo llovía y llovía–, y era tan o más hermoso que lo que nos habían relatado, senderos de tierra húmeda y el verdor de los árboles eran los protagonistas. Caminamos por la playa –que luego supimos era un fiordo[2]– que acompaña a todo el pueblo; sencillamente era emocionante; el mar transparente reflejaba el verde de aquellos montes vírgenes que se encontraban cruzando el mar – el paisaje de Lost parecería una alpargata al lado de éstos. Vivir en comunión con esta naturaleza parecía simplemente increíble.

Nos reincorporamos nuevamente a las actividades, que contemplaban juegos típicos, concursos y una fiesta de cierre, que concluiría con la elección de la reina de RMB mediante la dinámica de las alianzas. Como que no quiere la cosa, Camila no dejó que sólo fuéramos espectadoras, ¡NO!, al ser las afuerinas, por ende imparciales, pasamos de turistas en pleno descanso a ser parte del jurado en la elección del vestido de la reina, los bailes, la muestra artesanal y la comida típica (¡eso fue lo mejor!). De ahí en adelante ya nos conocía una parte importante del pueblo (como 30 personas, lo cual es alrededor de un ¡10%!): la presidenta de la junta de vecinos, carabineros, el enfermero interino de la posta, entre otros. Además, se nos encomendaron algunas tareas (Camila nos obligó), a las que respondimos con gusto; diseñamos, cortamos y confeccionamos las letras en cartulina del nombre de la fiesta del mar que iría en el telón del escenario. Posteriormente realizaríamos el power point que reflejaría todas las actividades realizadas en la semana de RMB, el cual sería presentado en el gimnasio frente a todo el pueblo y a sus máximas autoridades, por lo cual era imperioso asistir a cuanto evento había (lo que no nos costó mucho). El famoso power pudo haber causado ciertos roces entre nosotras, ya que a último minuto supimos de su realización y teníamos distintas ideas para éste, ante lo cual Camila sólo se reía, luego de haber sido la causante de tal situación (seguramente no pensó que lo tomaríamos como todo un desafío, cuan trabajo universitario realizado a última hora. Al parecer, después de vivir un año en RMB, ¡Camila no se estresa!).

Siguiendo con las actividades se encontraban las muestras de comida tradicional y artesanía que se presentaron en la playa, donde comimos los más ricos curantos en olla (pulmay) y en hoyo. Pero el plato fuerte – para los afuerinos– fueron las salidas en botes a las loberías, a las que por supuesto asistimos; nuestros principales acompañantes durante el trayecto fueron los más hermosos mamíferos del mar, las toninas o delfines australes, que no paraban de saltar y jugar entre los botes, algo que para los Marinenses era habitual e igualmente maravilloso.

Se hizo frecuente mirar el paisaje y hacer pucheros, realmente “daban ganas de llorar” ante todo lo que nos rodeaba; un mar color turquesa, montes frondosos, delfines, frutillas silvestres creciendo en la orilla de la playa -era necesario tan sólo un par de sacudidas y ya estaban listas para comer-, y lo mismo con los mariscos -ya que sus aguas no cuentan con marea roja, lo que hace que se puedan comer crudos. Algo que muchos de sus habitantes no cambiarían por una atestada ciudad, sin comprender cómo alguien puede preferir la capital, tan llena de esmog, delincuencia y vida sin vida. Sólo la falta de trabajo hace que los hombres -principalmente- tengan que salir del pueblo; lo mismo que sucede con los estudiantes que ya están en edad de asistir a la educación media, deben salir a estudiar a Quellón, Puerto Aysén, o Coyhaique, entre otros.

El broche de oro para la semana de RMB es la coronación de la reina el sábado en la tarde, y en la noche, la gran fiesta final en el gimnasio, evento esperado por todos y que contaba con la autorización para prolongar la luz hasta las 4:30am, más tarde que de costumbre. Simplemente, toda una experiencia. Efectivamente se trataba de un baile, de esos que aparecen en las películas de época (excepto por la música y los trajes): la dinámica consistía en que una vez iniciado un tema el hombre sacaba a bailar a una mujer y cuando se terminaba éste la iba a dejar a su puesto, y otro podía solicitar bailar con ella cuando se reiniciara la música -había una pausa de alrededor un minuto entre canción y canción-. De este modo, bailamos con la mitad del pueblo. Era el momento, en que las divisiones preexistente se difuminaban por unas horas y todos se volvían parte de esta comunión al ritmo de la cumbia, la ranchera o el “chamamé” –el más popular de los bailes de la Patagonia, en el cual es inevitable quedar empapado siguiendo los saltitos que conlleva-, con el buen músico Rafael Gómez traído especialmente de Cochrane para animar la fiesta[3].

La fiesta terminó y prontamente nuestra estadía en Raúl Marín llegaba a su fin, esta vez la ruta de regreso sería por La Junta, cruzando el río Palena en ferry, donde otras historias nos acompañarían, como disfrutar de unas maravillosas termas naturales, y casi morir de pulmonía por correr a las 6 am tras un bus, que nos llevaría a Chaitén, en plena neblina… pero eso ya es cuento para otras crónicas.

No vamos a negar que la banda sonora de nuestro viaje claramente fue “Américo”, el cual estaba en cada una de nuestras paradas, y si bien hubo resistencia en un principio, simplemente nos dejamos llevar, hasta que luego lo buscábamos… en fin.

Al margen de la música ambiente, y a pesar de no haber llevado mp3, no pude evitar que resonara en mi cabeza durante todo el  trayecto “Society” de Eddie Vedder, tal vez porque el estar ahí, no hacía más que recordarme trazos de aquella película de Sean Penn, no tanto por su desenlace o por los paisajes, sino por cuestionarme una y otra vez, qué se busca con los viajes y el trayecto, uno está ahí porque quiere vivir un poco, hacer lo que te gusta hacer, eso es lo que uno busca en sus vacaciones, pero uno no vive sólo tres semanas en el año; uno vive a diario y muchas veces pareciera que eso se olvida en el camino y uno espera cada día a que llegue el fin de semana y cada semana a que vengan las vacaciones, pareciera que trabajar y vivir no pudiesen ser compatibles, salvo para algunos afortunados. En toda la estadía nos sentimos presentes, viviendo, en todo el sentido de la palabra, compartiendo con personas que trabajaban, pero que vivían al mismo tiempo o bien podían disfrutan la jornada posterior a  su  trabajo. No hace falta irse al Himalaya, a Alaska o a Raúl Marín, para saberlo, pero finalmente el trayecto puede hacer que tomes decisiones, desde llegar sonriendo a tu trabajo hasta irte a vivir de ermitaño, mas lo que importa es hacer consciente la posibilidad de decisión que uno siempre maneja, junto a la pregunta por si estás vivo y presente en el lugar en que te encuentras.


[1] Estamos bien acostumbrados a esta frase ¿no?.

[2] ¡Sí! Era real, ya dejó de ser una definición para memorizar de geografía, ahora podíamos identificar qué era un fiordo, sin que nunca más lo olvidáramos.

[3] Ojo, no era Dj, él efectivamente cantaba cada uno de los temas sólo con su piano, realmente un showman.

9 Responses to CRÓNICA. En Raúl Marín Balmaceda

  1. Ester dice:

    Que maravilla de viaje, y demasiado descriptivo, parece que cuando lo recuerdan, se emocionan de nuevo chicas. Hay que ir a terminar de conocer un poquito harto, de Chile, gracias por contarlo….

  2. Joe dice:

    La lectura de las dos crónicas me resultó conmovedora, y en su escritura han logrado traspasarme parte de esa sensación de inmensidad. Aunque la referencia cinéfila no me parece tan clara (porque aleja un relato que se mantuvo siempre cercano y cálido), les doy muchas gracias por invitarme a viajar con ustedes… Gracias!

  3. Marcopolo dice:

    Increible, esto es realismo magico, amigas de RMB fué solo un día y una noche que compartí con ustedes pero creanme que fué potente y al leer sus relatos me llevaron a aquellos momentos únicos.

    Marcopolo

  4. jony dice:

    muy buen relato, las felicito por plasmar en parrafos aquella experiencia en el paraiso inolvidable,como se le conoce a RMB…
    tuve la suerte de conocer esos parajes impregnados de una belleza conmovedora,ademas fui participe de la Fiesta del Mar, en donde los habitantes de este poblado quisieron mostrar las bondadeslocales:gastronomia,artesania etc. por ultimo señalar que una vez finalizada la regada y contundente(por la comida) Fiesta del Mar,en los dias siguientes surgio un rumor en el pueblo,de que varios partcipantes del jolgorio costumbrista se habrian bañado desnudos en las aguas del fiordo al termino d la jornada…

  5. Fer dice:

    uffffff… nos emocionamos, nos reimos, y nos dan ganas de volverrrrrrr!!!!!… de verdad fueron 4 días y 5 noches INCLEÍBLES… imaginen cuántas experiencias que en el relato no están, y sensaciones que no es tan fácil poner en palabras… en definitiva, fue mucho más…

    Marcopolo (de verdad te llamai así? jajajaja)… se me hizo eterno ese día y esa noche… (de verdad fue uno y uno no más???)… gracias por tus palabras… (pero, a qué te refieres con “potente”???)

    Joe, la relación con la película no implica lejanía o frialdad!… sin embargo, a diferencia de la relatora oficial de la crónica, yo siento que el viaje fue una forma más de vivir el día a día… y sí, me sentí presente, y viviendo nuevas experiencias, como todos los días… aunque en otros lugares y con otras gentes…

    Sobre el rumor… no lo confirmaré ni lo refutaré… digamos que PUDO HABER SIDO, y que el agua era heladísima!!!!… Habrá que esperar la próxima Fiesta del Mar…

    A Camila… gracias por la invitación, el alojamiento (aunque haya sido a medias!!), la hospitalidad, y el cariño… este año nos vemos en Coyhaique…

  6. Alicia dice:

    Muchas gracias a los que escribieron y por supuesto a Jony y Marcopolo con los que pudimos compartir en esas tierras, fue realmente una gran experiencia. Ahora nos queda continuar la ruta claramente, siento que quedó mucho sin recorrer y faltaron días también. Muchas gracias CAM!!! de verdad te pasaste por recibirnos tan bien… COMPLETAMENTE (qué es eso de a medias!!! jaja). Supimos que estabas atrapada en medio de la nieve de Coyhaique, espero que puedas salir, en caso contrario su buen café y hacer monitos de nieve!

  7. Fer dice:

    ALICIA… CARBONERA!!!!!!!!!!!!!!!! fue COMPLETAMENTE, pero A MEDIAS en su casa!!!!!! ella entiende!!!!
    (no es necesario que publiques esto!!!!)

  8. Melitoto dice:

    Posiblemente este Time Out, para realizar un comentario de vuestra aventura, pero no quiero dejar pasar la oportunidad.

    En mi caso soy ex habitante de RMB, viví toda mi infancia en esta hermosa localidad, pero luego de estudiar, para desarrollarme profesionalmente tuve que quedarme fuera de la isla. Aún tengo mis familiares en el lugar, por lo que intento volver las veces que puedo al lugar. Personalmente para mi es una desconexión absoluta de los que hacer citadinos.

    Vuestro relato me lleno de nostalgia y recuerdos de mis vivencias en RMB.
    Gracias y saludos.

  9. ELIZABETH OLMEDO dice:

    De parte de la familia OLMEDO GUTIERREZ quienes vivimos en RMB desde el año 69 al 74. Mi padre fue carabinero y estaba a cargo de la posta… hermosos recuerdos que nunca olvidaré…

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