CRÍTICA. El Museo de la Moda

por Diego Ávalos

En el nombre del Padre…


Más que una crítica, esto es una cruzada:

UD. TIENE QUE IR AL MUSEO DE LA MODA.

¡AHORA YA!

Pero la cosa no termina ahí; cómo cualquier mortal que ha visto la luz cegadora de lo divino, la misión religiosa autoimpuesta que ha devenido de esta experiencia mística tiene una explicación semi-coherente, la cual, al tratarse de una revelación sagrada, viene en forma de tríada. Así que presta atención, ¡Oh pequeño pecador-infiel!, Dios, en su amor infinito, ha soslayado las distancias cósmicas para entregarnos un mensaje lleno de amor y no tienes más opción que caer rendido ante su infinita hermosura.

En caso contrario  disponte a ser degollado por nuestras hordas del Bien.

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…del Hijo…


En primer lugar, el Museo es un derroche de buen gusto. Tanto así que si alguien me dijera “He quedado ciego de tanta belleza tras el tour” lo creería sin chistar. La iluminación y el sonido (sí… sonido) son algo fuera de serie. Las piezas presentadas distan mucho de ser una simple recolección de artefactos (siempre he pensado que cuando Nescafé escribe “granos finamente seleccionados” lo que en verdad quiere decir es “granos no muy podridos”), ya que es una selección meticulosa hasta la ridiculez de prendas que marcaron no sólo una época, sino que sentaron las pautas de lo hay por venir. Objetos realmente hermosos se mezclan con piezas de culto, generando una amalgama de sensaciones que pone en serios aprietos la separación teórica que cierta gente hace entre alta cultura y cultura pop. Todo esto viene envuelto en una locación cuya belleza es impactante: La casa de los Yarur es mucho más que un simple container de las exposiciones, es ARTE. Con mayúsculas.

En segundo lugar, es una experiencia para toda la familia. ¡Dile ADIÓS a esas tediosas vitrinas con unas cuantas jarritas pre-colombinas ordenadas de manera decrépita! Ya he ido al Museo de la Moda tres veces con grupos de personas diametralmente distintas (de los cuales solamente una de ellas podría decirse que era alguien que gustaba de este tipo de locaciones), y todos salieron maravillados. Con sus exposiciones del Mundial del 62 y de Moda de los Ochenta, la experiencia se convierte en un puente generacional que invita a la conversación. De hecho el único problema que presenta el lugar, su falta de estacionamientos dentro del recinto mismo, pasa a un quinto plano una vez que sales de ahí, ya que el trayecto al auto, sea donde sea que esté estacionado, se hace corto para la cantidad de ideas que flotan en el ambiente.

¿Cómo no reír cuando una tía apunta las hombreras que usaba, con orgullo, por allá por 1984?

¿Cómo no sorprenderse cuando tu suegra entona la canción de amor que cantaban las mozuelas a Tito Foullioux hace casi 50 años?

¿Cómo es posible silenciar la enormidad de anécdotas que se vienen a la mente cuando recorres un pasado tan reciente y, sin embargo, tan pero tan distante?

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…del espíritu Santo…


Pero aquello que hace el Museo de la Moda una experiencia realmente religiosa, y no solamente un lugar cool, es que la persona que entra no es la misma a la que sale.

Tus ideas se ven re-ordenadas.

Los ochenta ya no son el clímax del mal gusto, sino que son una ventana sobrecargada del presente. Una época que luchó en contra de milenios de opresión y preocupaciones por “el-que-dirán”… un mal que aún ronda por nuestro país como si fuera un titán moribundo pero furioso.

Chile ya no es un país en el culo del mundo, sino que un país EN el mundo, capaz de organizar, a fuerza de pura voluntad e ingenio, un evento de proporciones épicas. Es un llamado de esperanza que nos vocifera que, una vez que dejamos nuestro pesimismo y erguimos el pecho, lo imposible es solamente una palabra.

Una idea digna de un museo de historia.

Quizás piensen que estoy exagerando. Que un museo lleno de ropa no puede ser tan interesante. Que esto no es más que una muestra de frivolidad y petulancia. Todo lo que es moda es equivalente a vacuidad superflua. Sé muy bien a lo que se refieren.

Yo pensaba exactamente lo mismo unos segundos antes de pagar por primera vez mi entrada.

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AMEN

Fotos de Andrea Canals & Christian Smith

Más info del Museo: aquí

One Response to CRÍTICA. El Museo de la Moda

  1. Joe dice:

    que onda esta revista? la idea es decirme “el lugar en el que te encuentras ahora, en este minuto, NO ES EL LUGAR!”. Hace unos días un par de chicas me contaban de un lejano lugar llamado Raul Marín Balmaceda… y pensé… quiero estar ahí… ahora quiero estar en la casa de los Yarur!

    Buena! si es lo que buscan, lo logran!

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