COLUMNA.#8 Nostalgia

por Diego Ávalos

TODO LO QUE USTED NUNCA QUISO SABER SOBRE TECNOLOGÍA PERO QUE IGUAL LE VAMOS A CONTAR PRESENTA CON ORGULLO:

#8: Nostalgia

Teoría

18 de Octubre, 1999.

Como todos los Lunes en la mañana me encuentro somnoliento en medio de una manada de escolares presenciando el misteriosamente llamado “acto cívico”; un ritual oscurantista de fines indefinidos que comienza con una tétrica obertura karaókica del Himno de Chile y termina con el sacrificio simbólico de algún par de estudiantes, los cuáles se ven forzados a presentar un pequeño discurso moral a una audiencia sedienta de sangre fresca. Algo así como la versión tercermundista de la saga Crepúsculo.

¿Cómo haber imaginado que en ese nefasto día iban a ser mís vísceras las que alimentarían a esas aves carroñeras camufladas de pingüinos?

No sé con precisión que fue lo que sucedió (la vergüenza nubló gran parte de mi sistema cognitivo) pero me acuerdo perfectamente de cómo la gente se empezó a alejar de mí, generando un círculo de soledad que dejaba un mensaje muy claro: “Ese imbécil al que estamos evitando es el responsable del peo que todos acaban de escuchar”.

Aunque ahora que lo pienso también pudo significar “Bienvenido Diego al interesante mundo de la cuarentena social”.

Práctica

Existen básicamente dos maneras de ser un músico respetado. La primera es haciendo buenas canciones (¡¡¡Pon chi pom chi po po pom!!!), y la segunda es convenciendo a los intelectuales artistoides de que tus frecuencias sonoras son “piezas valiosas”, un término sui-generis que, en este contexto, no se refiera a absolutamente nada en particular…. o sea ¿Cómo es posible entender a alguien cuyo ego está tan distorsionado que jura que decir “las pinceladas de Van Gogh nos insertan en el sufrimiento del artista” es un comentario más digno de elogio que, digamos, barrer el piso?

En una sociedad perfecta el arte de hacer un buen huevo frito sería infinitamente más valorada que la habilidad de vomitar pedantería inútil tras un festival de cine noruego. Pero cómo esta no es una sociedad perfecta, el sentido común muchas veces se ve doblegado ante el arrollador paso de la esquizofrenia decimonónica… ejemplos tenemos por docena. La sala de conciertos llena esperando con ansias a la filarmónica de Londres para que interprete la obra 4’33” de John Cage, que consiste en cuatro minutos y treinta y tres segundos de silencio, es una de ellas. La justificación dada por los académicos de canosas barbas sobre cómo el Maestro Cage convierte el silencio en un Arte, y los ruidos generados por la audiencia en la Sinfonía, es otra.

¿Quién puede preferir una idea abstracta por sobre el goce concreto?

Al juzgar por lo hechos: Muchos.

Yo incluido.

Suban la música de sus parlantes, y bajen sus expectativas sobre ritmo para poder apreciar en toda su gloria a:

…………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………. ¡Curtis Roads! Un gringo que genera música a partir de microfragmentos de sonido, cada uno de una duración aproximada de o,oo1 segundos. Un trabajo titánico que representa años de trabajo para lograr algunos cuantos minutos de música.

Al principio no sabía muy bien por qué me fascinaba tanto las disonantes melodías de Roads, sin embargo tras un indeseable flashback a mi juventud me dí cuenta de lo que era. La música de Curtis transporta una VERDAD imposible de ignorar. Es el soundtrack definitivo de la condición humana.

Nadie posee una historia coherente.

La vida no es más que una colección aleatoria de pequeñas experiencias inconexas.

La mayoría de las cuáles son estrepitosos e irreversibles fracasos.

5 Responses to COLUMNA.#8 Nostalgia

  1. Alicia dice:

    Qué onda tu habilidad para desacreditarte y validarte al mismo tiempo!

    Me gustó esto de Curtis, no sabía de su existencia, ¿y todo lo que hace lo hace por microfragmentos? ¿graba toda su vida?… Estoy pensando en qué tipo de momento lo escucharía…?

  2. sacando la vuelta dice:

    El wn posmo

  3. Diego dice:

    La obra maestra de Curtis (no puede dejar de resonar el nombre Ian… eh?) es una obra de nombre 1984 (otro resuene), que comenzó a ser grabada ese mismo año… la fecha de término es, hasta ahora, un misterio. Al parecer efectivamente graba todo lo que se encuentra en su camino, motos, aplausos, risas, incluso otras canciones, y ahí lo reduce a su más mínima expresión, algo así como confite auditivo. Con respecto a cuando escucharlo… yo dejaría esa pregunta en manos mas aptas http://web.ics.purdue.edu/~ssanty/cgi-bin/eightball.cgi

    Y yo no veo esta columna como posmoderna, sino más bion como un estructuralismo foucaltiano empiricista

  4. Gaby dice:

    Jajajaja….. yo veo esta columna como deliciosa, chocolate para el cerebro…. oye pero, no habrás querido decir…. “confetti auditivo? en vez de confite……

  5. Diego dice:

    Sip! eso era exactamente lo que quería decir (o sea, no lo dije porque me equivoqué… o sea, más que una cosa de querer o no es una cosa de que me mandé el manso ni que error!)

    Ahora: Un dato aleatorio para desviar la atención de mi falla gramatical: Casey Larraín posee el Recor Guinness por tener la colección de confetti mas amplia del mundo http://confettiguru.blogspot.com/2008/08/confetti-in-guiness-book-of-world.html

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