COLUMNA.#7 Yo sé que tú sabes que yo sé

por Diego Ávalos

TODO LO QUE USTED NUNCA QUISO SABER SOBRE TECNOLOGÍA PERO QUE IGUAL LE VAMOS A CONTAR PRESENTA CON ORGULLO:

#7: Yo sé que tú sabes que yo sé.

Teoría

En el vertiginoso mundo de los pronósticos tecnológicos existen tres (y nada más que tres… sigh Heil!) grupos de personas:

1.- Los Apocalípticos: Una tropa de amargados cuyos cerebros, a diferencia de sus cuerpos (observación: el cerebro ES parte del cuerpo humano), no lograron reencarnarse, quedando sus ideas por siempre atrapadas en una edad de hielo intelectual que gusta de hacer comentarios del tipo “estos tiempos tan estresantes no se comparan con la calma que sentía un campesino ruso del siglo XIX, el cual no se preocupaba de cosas tan triviales como los bienes materiales, ya que su única meta era sobrevivir a las gélidas tormentas de nieve que asolan comúnmente a Siberia. Cómo hemos perdido el rumbo”. Estas personas, cuyas sinapsis neuronales parecen funcionar a base de vapor, gustan de menospreciar todo aquello que no sea el fuego o las ruedas. Entre sus seguidores contamos con el notable Ken Olsen, quien, en una conferencia de Futurología en 1977, anticipó que “no existe razón alguna para que algún individuo desee tener un computador en su hogar”.

Realidad: 9283290489280928032.

Olsen: ZERO.

2.- Los Tétricamente Optimistas: Con sus sonrisas deformadas por la esperanza, y sus sistemas digestivos atiborrados de vasos medios llenos, estos señores gozan con la sobre-adjetivización de cualquier cosa que esté hecha a base de cables, plástico y/o magia negra. Ante sus ojos un teléfono deja de ser una máquina de conversación y se convierte en un puente que acabará con las distancias y unificará las lenguas. La juguera se transforma en la esperanza para agrupar todo aquello que ahora se ve separado. El twitter deja de ser un simple baño público en el cuál todos tenemos un plumón para auto-promocionarnos (¡Diego estuvo AQUÍ!) y pasa a ser una “revolución informática que cambiará radicalmente la forma en que participamos en el espacio público” (La cita es casi textual, pero me niego a dar el nombre de este profesor de tecnología que, en vez de enseñar, hace de su profesión ser el cheerleader número uno de las redes sociales… tanto así que el CASI, de casi textual, se debe a que lo modifiqué para que la cita no pueda ser encontrada al buscarse en google[1]).

3.- Los Zombies: Aquí viene a caber el resto de la población, quienes, usando el sentido común y la observación sistemática de los hechos, se dan cuenta de que la tecnología hace nuestra vida diferente… pero ni tanto. Por más memoria ram que tenga tu computador una simple mirada al espejo sigue destruyendo tu amor propio. Al margen de la cantidad de cámaras web que hay instaladas, las reuniones siguen siendo en persona. La cera hirviendo sigue siendo el método favorito para trasquilarse las axilas antes de aparearse.

Yo soy un maldito Zombie.

Y orgulloso de serlo.

Práctica

Facebook, con un cantidad nada despreciable de 400 millones de usuarios activos (palabra que, en este contexto, significa no eliminados de la base de datos pero que perfectamente pueden tener una cuenta que no han usado en, digamos… nuncajamás), es algo así como la Unión Soviética de las redes sociales.

Una vez que entras no puedes salir.

A menos que quieras poner a tu cyber-reputación en contra del paredón.

¡BOOM!

Este tirano de trato amable ha dejado de ser una simple parafernalia computacional y se ha convertido en una especie de familiar incógnito de todos nosotros. La Eva de las interacciones por internet. El Paul Shaeffer de las aplicaciones sociales.

En teoría este instrumento no está ahí para satisfacer nuestras irrefrenables ansias de ser unos floreritos de mesa  (en todo caso… ¿Alguien se fija obsesivamente en los floreros colocados en el centro de cualquier mesa? ¿De qué año es esa analogía? ¿Del oscurantismo?), sino que contribuye a soslayar las distancias para comunicarnos. Una palabra que, según la infalible RAE, significa: Hacer partícipe al otro de lo que uno tiene. Algo así como la democracia del saber.

Comprobémoslo empíricamente.

www.facebook.com.

Log in.

¡Preparando las maletas para irme a Finlandia!

¡Con la Beca lista para estudiar en Londres!

Acá muriéndome de frío en Soweto.

¡Nada más bello que el Taj Mahal en vivo!

Bronceándome en las playas de Brasil. En la noche hay fiesta. ¡Obrigado!

¿Comunicarse?

¡Bah!

Lo único que ha democratizado en facebook es aquel juego otrora reservado para las mutaciones genéticas denominadas hombres[2]:

¿QUIÉN MEA MÁS LEJOS?

Que aquí vendría siendo: ¿Quién puede regurgitar la locación más estrambótica del universo en su status?… seamos honestos, nadie escribe que está en Dubai porque quiere que los demás sepan de su paradero. Otras razones subyacen a esa decisión: El que llega más lejos no es quien más avanza, sino aquel que deja a más personas detrás suyo.

Pero no desesperen chicos y chicas sentadas al frente de un computador a tan sólo diez cuadras de donde sus madres los parieron, todos podemos jugar este juego.

¡Bienvenidos a…

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EarthCam, una recolección de cámaras de seguridad ubicadas a lo largo y ancho de nuestro hermoso planeta para satisfacer al voyerista que todos llevamos dentro. Fisgonea alrededor del globo y escribe en tu estado cosas como:

¡Qué buena está la fiesta en Londres!

Cómo llueve en Tokyo.

Y por supuesto.

Yo puedo mear pasado el horizonte. ¡Al infinito… y más allá!



[1] ¿Amargado YO?

[2] Si discrepas conmigo explícame el uso de los pezones por favor

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