por Ivo Carrasco
Desde un principio se vislumbraba que la cosa iba a ser bastante diferente a lo que cualquiera de nosotros hubiese esperado.
Primer mensaje oculto, bueno… no tan oculto, la cita había sido programada para las 4 de la tarde del día sábado 29; yo creo que la última cita que tuve a las 4 de la tarde fue para romper una piñata que colgaba del techo y jugar a “la pillá” con mi tropel de sudados compañeritos en el cumpleaños de… casi nunca nos acordábamos.
Segundo, totalmente fuera de lo normal el aire de Santiago estaba prístino, puro, impoluto, aquella madrugada había dejado de llover y la luz era maravillosa; a esa hora de las 4 a 5 de la tarde de un otoño deshojador en que la luz cae oblicua a nuestros rostros rubicundos y genera una “textura” muy particular de ensoñación.
Tercero, la fila de personas que esperaba entrar al número cien de Matucana desafiaba con igualarse e incluso sobrepasar a la columna de personas que esperan día a día poder visitar el mausoleo del presidente Mao, en Tian’anmen; imagínenos desde la entrada del centro cultural desplegarnos por Matucana hacia Mapocho, para doblegarnos en Portales y extendernos hasta donde alcanzaba la vista, y a medida que la hora de inicio se acercaba más y más “Fan`s Tiersen” llegaban, éramos un camino de polvo (Dust Lane, pa`l que cacha). Nota al margen, la hora de apertura de las puertas había sido anunciada para las dos de la tarde, a eso de diez minutos para las cuatro -cuando aún no había rastros de su presencia- comprendí que Yann era más chileno de lo que él mismo, incluso, quisiese ser; Juan, Juanito, Juanelo, Juanucho, Juanaco. Mejor para nosotros. A eso de las cuatro y algo se abrieron las puertas y avanzamos emocionados de no seguir parados en la calle, esperanzados en que la hora de disfrutar la música de Tiersen llegaba por fin.
Cuarto, el escenario había sido dispuesto al final del patio de ingreso al centro cultural, dejando al público ubicado en la explanada, bajo una carpa blanca bastante alta y grande, que había sido dispuesta en caso de lluvia, pero que sólo cubría la mitad del patio, si hubiese llegado a llover se habría producido un fenómeno de comportamiento humano bastante interesante de estudiar (quizás esa era la idea)… Bueno, el cuarto mensaje oculto no es ese; sino el hecho que las rejas que separan a Matucana 100 de la calle Matucana, y que estaba a no más de 5 metros de uno de los costados del escenario, no habían sido tapadas (como lo haría cualquier productora conocida en Chile), otorgando al distraído transeúnte uno de los mejores sitios para contemplar el espectáculo, y sin soltar ni un solo “morlaco”. Reacciones y elucubraciones que se escuchaban en el lugar: “Uh, cacha, de acá se ve la raja”, “Me siento estafada” (y claro, había pagado 10 mil pesos por la entrada), “Chá, me que`o acá no má y revendo la entrá”; “yo creo que a la productora no le alcanzó la plata para poner una sábana en la reja”; “No, yo creo que fue intencional, para que todo el mundo pudiese verlos haya pagado o no, es como la acción benéfica de Yann Tiersen”. Ese último comentario se ajustó perfectamente a lo que dijo un miembro de la producción, luego de volver a esperar otros largos 20 minutos dentro del patio, fue algo como: “Eh, aló (público: sí)… sí, sí (sí)… ¿Se escucha? (que sí)… Eh (habla, poh)… El concierto ya va a empezar (pifias generalizadas)… Este es el último concierto de la gira (entre pifias y aplauso)… o sea, de acá se van pa´ Francia (pa´la Villa Francia, será)… o sea, quieren dejar todo en el escenario (aplausos y vítores)… así que la banda quiere esperar a que entre la mayor cantidad de gente posible (¿Van a abrir las puertas?)… así que un poco más de paciencia, gracias (murmullos)”. Y fue un buen poco de paciencia. Después que el público ovacionara al asistente de escenario cada vez que probara cada uno de los instrumentos, los músicos uno a uno fueron subiendo al escenario para situarse al lado, atrás o con su instrumento. Al final de fila… Él, con su camisa a cuadrito su jeans azul y su cara de viejo carreteado, experimentado, de sabiduría que sólo te da el vivir la vida, pero que no apocaba al “Rock Star” que estaba ante nosotros y que entregaría todo lo bueno que tiene. Lo más sorprendente, la humildad y profesionalismo con que desarrolló su trabajo.
Un, deux, un, deux, trois et… Ensoñación, perfección, emoción, silencios y ovaciones, ROCK (o Post-Rock o Shoegazing), Sur le fil, La Valse’ D’Ameli 3.0, satisfacción, agradecimiento. Yann creando y recreando su creación, su guitarrista con un par de inconvenientes técnicos que pasaron piola pero que tenía la muñeca de la mano derecha preparadísima para los riff rápidos del post-rock; su ukelelista-sintetizadorista (¿Así se llama el que toca el sintetizador?) viviendo y avivando del sueño de Tiersen; su baterista de los muy pocos muy buenos que he visto hace mucho tiempo y su bajista-clarinetista rockanrolleandolo todo (siempre se agradece un bajista saltando con su bajo, ¡Vale!). En resumen, todo, todo, todo arriba del escenario y abajo nosotros siendo uno más de la banda; y ellos, uno más de nosotros. Increíble. Al final, nada; o bueno… Una lluvia de uñetas, baquetas, botellas de agua cerradas que el queridísimo asistente de escenario con cara de póquer francés (o cara de francés con cara de póquer), les lanzaba a las “groupies” hiperventiladas que se quedaron al final de todo y que encandilaron a Yann, o Juanito pa` los amigos, cuando temerariamente se atrevió a acercárseles, siempre protegido por las rejas papales.
Y como quinto detalle, al medio del patio, en completo silencio, como un Wally que nadie lo busca, el séptimo integrante de la banda, el ingeniero en sonido que permitió que ocurriese todo lo que acaba de ocurrir, sólo y sin aplausos dirigidos hacia él, caminó con dos maletas llenos de instrumentales técnicos, atravesó desapercibido por la masa de fans histéricos, cruzó la reja y desapareció en la oscuridad. Eran como las siete y tanto… justo para empezar (o seguir) con el carrete. Perfecto.


















Alicia
Estuvooo muy buenoo el concierto! me encantó el horario, uno podía encontrar micro y metro y seguir carreteando, pero por sobre todo Yann Tiersen y la banda, excelente! sonaron increíble y se agradece que dejara tranquila a Amelie un rato y diera paso a su toda esa nueva volá… no me sé el nombre de las canciones pero aquellas en que el violín era el protagonista fueron mis favoritas. Buen momento para abrir los sentidos.
13 jun, 2010 a las 14:43
Álvaro Olave
si, concuerdo con el tema de las canciones violinescas, eran las mejores! y claro, la típica de Amelie lo tiene muy estigmatizado y era bueno que mostrara que hace otras cosas!
13 jun, 2010 a las 16:14