COLUMNA. #1 Sleeveface

por Diego Ávalos

TODO LO QUE USTED NUNCA QUISO SABER SOBRE TECNOLOGÍA PERO QUE IGUAL LE VAMOS A CONTAR PRESENTA CON ORGULLO:

#1: Sleeveface

TEORÍA

La primera en traicionarte es la televisión. Así es, aquel aparato al cual le has dedicado, con tanta metodicidad y dedicación, las mejores horas de tu vida consciente, es quien da inicio al asqueroso proceso que eufemísticamente la gente denomina madurar.

Al principio la evidencia es trivial, anecdótica, aislada: alguna breve noticia por aquí, algún insulso comentario por allá, pero, inevitablemente, llega el momento en el cual tu vieja amiga deja de susurrarte melodiosas historias escapistas al oído, y comienza a regurgitar, bulímicamente, un cerro de insultos destinados a menoscabar el poco amor propio que lograste rescatar de tus años de colegial: “Rafael Nadal gana por chorrocientísima vez el Grand Slam”, “Ayer presenciamos otra apasionantemente rompe-fronteras presentación de la imparable Lady Gaga”, “Emily Bear toca a Mozart mejor que Mozart”. Desesperado cambias el canal pero de nada sirve, estás condenado a escuchar la verdad una y otra vez. Y otra. Y otra. Y otra. Hasta que, en un acto completamente carente de gloria, admites lo innegable: por primera vez en toda tu existencia las personas que son nombradas diariamente por los medios de entretención son más jóvenes que tú. Es hora de sacar tus discos de U2, alabar la genialidad del chavo del ocho y unirte a un partido centrista. El joven ha muerto ¡Viva el Adulto Joven!

A madurar se ha dicho, así, sin anestesia. Algo que por supuesto te encantaría hacer pero que no tienes la más mínima idea de que significa. MA-DU-RAR. Dios mío, qué horror. Al igual que miles de otras palabras grandilocuentes que usamos sin pensar mucho (sociólogo, rebelde, libre-pensador, padre), este es un concepto lleno de connotaciones positivas que carece de beneficios tangibles en aquel extraño universo que la gente denomina vida cotidiana. Pero, a falta de algo mejor que hacer, lo intentas y, tras un breve periodo de ensayo y error, puedes vislumbrar borrosamente de que se trata el asunto. Madurar significa que tu familia ya no te da dinero, te da limosnas. Significa que vestirte de gótico ya no es ser interesante y misterioso, sino que requieres con urgencia ayuda profesional y, probablemente, una docena de cachorros labradores para que suplan todo el cariño que tus padres te negaron cuando eras pequeño. Significa que la frase “cuando sea grande yo quiero ser…” ya no es una enorme posibilidad, sino que una realidad a la cual te tienes que enfrentar cada vez que miras el espejo.

Y, para ser honestos, no te gusta lo que ves.

Para nada.

Padrenuestroqueestásenloscielos… ¿No existirá algún lugar en la tierra en el cual uno pueda esconderse, aunque sea unos minutos, de este nefasto dato biológico? Por supuesto que no, el único santuario real que has conocido en tu vida, el cálido resplandor azulino de la televisión, ha sido profanado de manera brutal e irreversible. ¿Qué diablos pasó con eso del valor de la experiencia? ¿Dónde quedaron los buenos viejos tiempos en los cuales la edad era sinónimo de sabiduría? ¿Por qué personas que hace un par de años uno los hubiese tratado despectivamente de pendejos ahora son más famosos y (¡S.O.S!) más millonarios de lo que yo nunca seré?

Ojalá el mundo se acabe el 2012.

O antes.

Lo ideal sería la semana pasada.

PRÁCTICA

No necesitas muchas cosas para llevar a cabo tu propio sleeveface, lo único que necesitas es una cámara, la portada de algún vinilo que contenga anatomía humana y, por supuesto, la enorme necesidad de camuflarte entre la multitud.

Simple. Solamente tienes que hacer Click para comenzar…

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¡Et voilà! Ya tienes un trozo de eternidad entre tus manos. Una obra de arte. Un sleeveface. No sé por qué la gente en general hará esto, pero si quieres te puedo decir por qué yo lo hago. Al contemplarme perdido tras el rostro de alguien más seguro, bello y feliz que yo, puedo sentir durante un breve instante que ya no soy una persona real de 25 años destinada al anonimato, sino que simplemente soy un diminuto punto de La Masa, aquel macro-organismo que se mantiene unido mediante el cálido lazo la mediocridad. Gracias a La Masa puedo decir cosas como “desde mañana mismo empiezo a ir al gimnasio” o “voy a dedicarme a trabajar sólo unos pocos años y luego me dedicaré a hacer lo que realmente me gusta” o “estoy muy feliz con mi vida”. Cuando soy parte de La Masa me siento seguro y protegido. Mi vida tiene significado y futuro. Mis logros son titánicos y relevantes… sin mencionar, por supuesto, que soy más inteligente que el promedio de los idiotas que vagan por ahí.

Pero, como dije, la sensación dura solamente unos pocos segundos. Como si importara. Los días de los rollos fotográficos quedaron, al igual que mi juventud, en el pasado. Mí cámara digital puede sacar todas las fotos que yo desee, los únicos límites son las fronteras de mi depresión, así que…

Click.

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11 Responses to COLUMNA. #1 Sleeveface

  1. Lavarello dice:

    Voy directo a hacerme un sleeveface. Es lo unico que me queda luego de darme cuenta de que Lady Gaga es efectivamente menor que yo y que estoy usando una crema antiarrugas.

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