CRÓNICA. Takk

por Francisca Romo

El viaje se comienza a vivir mucho antes del día en que efectivamente partes…se prepara, se sueña y se experiencia desde la expectativa, el anhelo o incluso del miedo. ¿Qué pasa cuando la posibilidad se vuelve certeza? Para mí la respuesta fue….”Debes rogar que el viaje sea largo, que sean muchos los días de verano; que te vean arribar con gozo, alegremente, a puertos que antes tú ignorabas”.   Sí, los viajes (con devuelta) son esos ( ) que te ayudan a vivir.
Pues bien, verano no era precisamente lo que iba a tener, pero sí la experiencia de ir a un lugar que simplemente ignoraba. Si te dicen “Acompáñame a Islandia”… ¿¡Qué se te pasa por la mente?! ¿ICE-ICE-LAND? Frío, Sigur Rós, Björk, fin del mundo, otro mundo, caro, depresivo, exótico, Bang-Gang, Múm, Bjork, Sigur Rós….Vamos! Recuerdo que un buen amigo me preguntó si acaso me había ganado una beca para estudiar “sociología de la depresión”.

Y así comenzó un viaje, donde el principal guía fue, sin duda, música.

Ok, este viaje lo realizaría con mi hermana, idea original, vasto conocimiento de aquellas tierras lejanas y un buen amigo (originario de Islandia) que nos esperaría allá. Reykjavík, la capital, sería nuestra primera parada, pero el plan era recorrer la Isla y aprovechar su pequeño tamaño a nuestro favor. Así, muchas noches de Mayo y Junio pasamos frente al computador mirando mapas, referencias de viajeros, artículos, pero por sobre junto a nuestro manual viajero “Heima”, el documental del grupo islandés Sigur Rós.

Heima, palabra islandesa que en español significa algo como “en casa”, es el resultado audiovisual que recopila la gira que decidió realizar la banda por todo lo que es su hogar. Tocando sus éxitos para su gente, en medio de grandes extensiones de verdes terrenos, de majestuosas cataratas y geysirs, no podría imaginar mejor anfitrión para lo que vendría. Contemplar esas imágenes en conjunto con las canciones de Takk (Gracias) o de Agaetis Byrjun (Un buen comienzo), era experienciar la correspondencia, donde todo se hace evidente y sin cuestionamientos. Imagen y música se hacen uno, en completa unidad. La explicación de los sonidos, de la atmósfera que crea la música de Sigur Rós, no parece venir de otro lado que de la geografía, de la inmensa experiencia de la solitud, de los extremos de una tierra como aquella. Mucho se ha escrito respecto al carácter que moldea la geografía, tanto en la música, como en el mundo del arte, de la teoría y de la personalidad, ¿cuán cierto es? No lo sé, pero hace sentido. Teniendo este antecedente llene mi I-Pod de Sigur Rós….en busca, quizás, de esa correspondencia.

Preparada, lista, ya, me subo al avión desde el aeropuerto de Toronto directo a Reykjavík, la capital de Iceland. Son siete horas de viajes por el Atlántico, pasando por Groenlandia, casi llegando al círculo polar. Sin ir más lejos, el tema recurrente se vuelve el sol de medianoche, la inexistencia de la oscuridad durante los meses de verano, haciéndose imposible no recordar la unión de casualidades de la que nos habla esa película “Los amantes del círculo polar”, la eterna espera de la protagonista en esas noches blancas. Siempre he querido ser protagonista de una gran historia -no lo niego- y ante la virtual imposibilidad viajes así te abren una pequeña posibilidad.


La ansiedad se vuelve mayor y abrumadora, pasan las horas y finalmente arribamos a nuestro destino. Lo primero que hago es, cual cabra chica, mirar por la ventana del avión tratando de encontrar la pista de aterrizaje…en vez de eso, me encuentro con un páramo de color verde, de ese verde-verde, con un sin número de fumarolas…una tierra en ebullición! Qué bienvenida.

Reykjavík está desierta, son las seis de la mañana y no hay nadie en las calles, es como un pueblo fantasma. Un sol inmenso, frío y mucho viento es lo que nos da la bienvenida. Ese escenario me provocó algo de angustia, incertidumbre, un poco de miedo, no me imaginaba Islandia y menos a los islandeses, poco y nada sabía de ellos y la ignorancia es la madre de muchos males. Estando tan lejos, siendo un país tan pequeño, teniendo a Bjork casi como la bandera, nada muy “tradicional” esperaba de su gente. Y bueno, sí, confirmado, son especiales. Con una belleza privilegiada que ya la quisiéramos todos, extremadamente amables, con una lengua única-que se mantiene casi idéntica al de sus primeros habitantes- con un coraje para vestirse ( esa sí que es vanguardia!) y lucir como si hicieran treinta grados de calor. Ese primer día, cuando comenzó a aparecer gente por el centro de la ciudad, se podía notar inmediatamente quiénes eran turistas y quiénes no. Los alemanes, los austriacos, los americanos, nosotras, cubiertas en lana y chaquetas de alpinistas, mientras que los islandeses en chalas y mostrando piel. Ese mismo día, el dueño del hostal donde nos quedamos la primera noche nos decía “Que tengan frío no es nuestro problema, nosotros estamos transpirando”.  En efecto, lo que más hay en Islandia son piscinas, naturales o artificiales. ¡El pasatiempo nacional es bañarse!, por lo que se convirtió en un error no haber llevado traje de baño.

Reykjavík no sería solamente nuestro único destino en tierras islandesas. Islandia es recorrible en pocos días, sus extremos son alcanzables y existen varias opciones de transporte terrestre para recorrer la isla. En efecto, venden unos pasaportes, unos itinerarios con distintas opciones de viajes que puedes usar durante varios días por el mismo precio. Nosotras elegimos el norte, queríamos cruzar la isla completa, abarcarla en lo que fuese posible, por lo que Akureyri fue el destino elegido. Se trata de la ciudad más grande del norte de Islandia, ubicada en el paralelo 66º lo que equivale a estar en la Antártica si lo pensamos en términos de polos. De hecho, desde Akureyri se puede visitar la isla de Grimsey y situarte en el mismísimo círculo polar ártico. Para llegar a esta ciudad hay que cruzar toda la Isla desde Reykiavik, ubicado al sur de ésta. En verano, gracias al buen tiempo, es posible hacerlo por la vía interior de Kolur e internarse en el corazón mismo de Islandia. No hay grandes carreteras, de hecho, muchos tramos son de tierra, me parece que con el propósito de respetar y mantener intactas las maravillas de su geografía. El bus se adentra por caminos construidos en la nada misma, donde solamente tienes de fondo a grandes nevados, glaciares que pareciesen alcanzarte, lagunas de color azul y cráteres. Miras por la ventana y no lo puedes creer, la tierra es de color rojo, amarillo y verde…al unísono. Lo mejor es que cuando ya te estás acostumbrando a este paisaje, ocurre algo que lo supera: por la ventana ves aparecer una manada de “icelandic horses”, esos caballos maravillosos que parecen “ponies” con un flequillo que muchas amantes de las chasquillas quisiéramos tener. O también extrañarte con datos como “ las ovejas en Islandia siempre andan de a tres” y efectivamente comprobarlo.

Llegamos a Akureyri, finalmente y agradecidamente.

Islandia es un viaje de esos inolvidables, un poco inefables, pero quiero quedarme con algo que leí en una tienda de libros estando ya en Akureyri. Hojeando un libro de fotografías de Islandia -de autoría alemana- me doy cuenta para mí sorpresa o quizás no tanto, que contenía un prólogo escrito por Sigur Rós. En éste comentaban que los islandeses nunca han entendido por qué los alemanes se maravillan tanto con Islandia, para un islandés un Geysir o una catarata más no hace grandes diferencias, se han acostumbrado tanto que ya no valoran lo que otros ven. No obstante, al reflexionar sobre lo que Sigur Rós llama en este prólogo “el carácter esquizofrénico de su gente” notan y entienden el por qué. Islandeses bañándose en sus costas con sólo 15 grados de calor, el estado de vigilia durante todo el verano porque no se esconde el sol, la oscuridad total durante el invierno, el conocerse entre todos por ser un país tan chico, la inexistencia de la pobreza o la riqueza… y tanto más. “¡Salud por los alemanes!” dicen los chicos de Sigur Rós por recordarles lo que tienen y son…Gracias digo yo, por un viaje que me devolvió la salud. Puede ser iluso, arrogante, ridículo y tantas cosas más, pensar que los viajes te cambian la vida o te hacen más “libres”. Sin embargo, la particular extrañeidad de estas tierras- aunque no me cambió la vida- me devolvió la familiaridad.

Una mitología nórdica habla de un puente llamado bifrost, que une el mundo de los vivos con el mundo de los dioses. La “gracia” de este puente es que está ahí, disponible para que hombres y dioses pasen de un lado a otro. Nosotros, acostumbrados a pensar el mundo en dualidades separadas se nos hace difícil imaginar está proximidad…Creo que esta historia sintetiza la experiencia de Islandia, el estar más cerca… ¿De qué? No sé, pero creo que no importa.

5 Responses to CRÓNICA. Takk

  1. Álvaro O dice:

    Que increible experiencia! y que envidia al mismo tiempo… desde que vi Heima, que es uno de mis sueños ir a Islandia. La verdad es una excelente postal del país, y por el relato, se ve que Dean Deblois, el director del documental, supo plasmar la escencia del país.
    Siempre me he imaginado a Islandia como una especie de Chiloé, con esa magia que lo hace tan diferente y especial…

  2. Vatn dice:

    Við munum alltaf hafa Ísland!

  3. Liliana Quinteros dice:

    Francisca : He legado a esta página por sugerencia de Claudio, tu padre, él te puede explicar nuesros estrechos vinculos de toda una vida….
    Yamos a lo tuyo, TIENES BUENA PLUMA, excelente lenguaje, versatilidad y lo más importante una descripción magistral que hizo encontrarme inmersa en el paisaje y volar con la imaginación hacia esos lejanos parajes
    Las fotos excelentes, que más te puedo decir
    ME GUSTO!!!!!!!!!!!
    Un abrazo
    Liliana Quinteros Tagle

  4. halszka dice:

    que belleza!!!

  5. denisdanis dice:

    que envidia! gracias por compartir!! saludos

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